El Cementerio Norte afronta la falta de espacio y un récord de demanda por la crisis
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Ante el crecimiento de la población y la adversa coyuntura económica, la necrópolis de la ciudad enfrenta un escenario complejo: restricciones edilicias por la falta de nuevos nichos y el aumento en el uso de su sala velatoria gratuita, destinada a los sectores más vulnerables.
Contrario a la imagen de lugares atemporales e inmutables, a menudo los cementerios atraviesan su propia y silenciosa transformación a la par de los cambios de la sociedad y de su propio uso permanente. Tal es el caso del Cementerio Norte de Gualeguaychú, el principal sitio en el que reposan los restos de nuestros seres queridos desde 1877.
En vísperas del Día de los Fieles Difuntos, que se conmemora cada 2 de noviembre para recordar y rezar por los fallecidos, Ahora ElDía conversó con Irina Patt, integrante de la Administración del Cementerio Norte, quien aseguró que el principal obstáculo en materia de infraestructura se encuentra en los nichos: “Actualmente, estos espacios no se adecuan al incremento acorde a la población de la ciudad y no se construyen más nichos por falta de espacio, ni tampoco se desalojan, en muchos casos por cuestiones burocráticas. Los nichos se desalojan por falta de pago porque no hay más familiares que sigan pagando el tributo y quedan abandonados”.
La situación de los nichos se agrava por un problema logístico: la rotura de la máquina elevadora que impide que se coloquen ataúdes a partir del tercer nivel de las galerías, que en algunos casos alcanzan los seis o siete pisos. La funcionaria adelantó que “su adquisición ya salió a licitación, por lo que en breve la vamos a tener. De todos modos, aún quedan algunos nichos disponibles”.
Mientras tanto, para lidiar con los restos de sepulturas vencidas en tierra o nichos que nadie reclama tras el plazo de diez años, el cementerio avanza en obras anexas. Como los cinco pozos del osario existentes están llenos, actualmente se está construyendo un sexto receptáculo de cuatro metros de profundidad para depositar aquellos huesos que no son reclamados para su traslado a urnas, panteones o al crematorio.
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La mayor disponibilidad se encuentra en las sepulturas en tierra y en el sector de las llamadas “tumbas artísticas”: fosas de cemento con tapas de mármol que permiten alojar hasta tres ataúdes, como es el caso de la tumba de José Luis Gestro. Asimismo, existe disponibilidad para la edificación esporádica de panteones (el último se construyó en 2024), un área donde el personal municipal debe notificar constantemente a los propietarios privados para que mantengan en condiciones las edificaciones más antiguas.
El impacto de la crisis en el último adiós
Otro eje de la labor actual del Cementerio Norte es de carácter estrictamente social. La crisis económica ha vuelto prohibitivos los servicios fúnebres privados para muchos hogares, empujando a las familias a recurrir a la alternativa municipal.
La sala velatoria pública, construida hace pocos años, nació “con un propósito profundamente humano: ser un espacio de contención y respeto mutuo”, señaló Patt. Y agregó: “Entendemos que la partida de un ser querido es un golpe devastador y nuestra misión es asegurar que ninguna familia transite ese dolor con la angustia desoladora de no tener dónde despedirse. Es un servicio social porque busca igualar en dignidad”.
El acceso a este beneficio requiere una articulación institucional. Los turnos se gestionan a través del área de Acción Social, que evalúa la situación socioeconómica de los deudos y asigna el servicio mediante licitación a empresas fúnebres locales, para luego solicitar al cementerio el uso gratuito de las instalaciones.
“En los últimos tiempos aumentó mucho el uso de la sala velatoria gratuita. Por ejemplo, este jueves tuvimos cuatro velatorios en la mañana”, ilustró Patt sobre la intensa demanda. La sala tiene capacidad para un solo cajón y los servicios duran apenas dos horas, por lo que el personal ha tenido que recurrir a la capilla del predio para realizar velatorios en simultáneo y así poder dar respuesta a la cantidad de personas derivadas por Acción Social.
Por su parte, la alternativa de la cremación continúa siendo, por ahora, una elección ligada a la intimidad, la voluntad y las tradiciones de cada familia. Sin embargo, también contribuye a que el uso del cementerio no sea tan intensivo como podría serlo. En declaraciones anteriores a este medio, el exresponsable del Cementerio Norte, Juan Galli, había indicado que esta práctica funeraria había aumentado considerablemente:
“Nuestro cementerio tiende a un uso mucho más controlado por la aparición del crematorio, lo cual supone un cambio cultural. En ciudades vecinas es distinto: el cementerio de Concepción del Uruguay es mucho más utilizado que el nuestro, ya que recién comenzaron a contar con servicio de crematorio después de la pandemia, por lo que no es una práctica a la que están tan acostumbrados. El crematorio local tiene 20 años, aproximadamente, lo que lleva a que al día de hoy una parte importante de las personas que mueren en Gualeguaychú recurran a este servicio. Es muy habitual que las personas guarden las cenizas de sus difuntos en sus casas o en iglesias y lugares en los que está permitido, como la iglesia Cristo Rey o la iglesia de Nuestra Señora de Lourdes, que ya tiene su cinerario completo”.
De este modo, el Cementerio Norte transita una etapa donde confluyen la gestión de su infraestructura histórica, la ampliación de espacios de resguardo para restos no reclamados y la administración de una creciente demanda en sus servicios de contención social, mientras las obras complementarias avanzan para paliar las limitaciones espaciales y operativas del predio.

