El delincuente que atacó al menor en la entradera se va a su casa con tobillera
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El imputado volverá a su domicilio en La Matanza después que se le practique la última pericia. Lleva más de 40 días encerrado en la Jefatura y continuará con arresto domiciliario. Se presume que la proximidad de la Feria Judicial sería el factor por el cual se decidió no prorrogar la prisión preventiva.
Por Carlos Riera
Lo único cierto en toda esta historia es que no hay ninguna garantía real a que el imputado se presente a un futuro juicio cuando sea convocado. Incluso, es altamente probable que pase a engrosar la lista de personas buscadas por la Justicia. Esta opinión poco optimista está fundada en los casos - incluso recientes - donde aquellos beneficiados con la tobillera electrónica se la quitaron y hasta ahora son buscados.
¿Pero qué es lo que lleva a un Juez a dictar esta medida que para nada caerá simpática en la ciudadanía? Es menos problemático para un magistrado firmar una orden de captura que extender una prisión preventiva hasta el juicio. Y eso es lo que ocurre en este caso, sobre el cual aún no hay una fecha de debate y se aproxima la Feria Judicial, en la cual no habrá actividad durante enero.
Al juez Ignacio Telenta, que actúa en este hecho, le sería más fácil ordenar una captura que mantener encerrado más de 70 días a una persona que podría llegar a enfrentar - si el defensor consigue revertir la calificación - la imputación de robo simple en grado de tentativa.
Obviamente que esta decisión trajo malestar en el responsable del Ministerio Público Fiscal, Martín Scattini, y en el representante de la querella, Martín Britos, que mostraron su descontento por este beneficio e incluso se analizaba apelar la medida ante la Cámara de Gualeguay.
Para la parte acusadora existen claros riesgos procesales. Al no ser oriundo de Gualeguaychú y también mostrar falta de arraigo en Buenos Aires, hace suponer a los abogados que es muy poco factible a que se presente espontáneamente a un futuro juicio a sabiendas que lo dejará indefectiblemente con una condena de prisión efectiva (porque ya tiene antecedentes). Además, con esta libertad restringida, podría llegar a mantener algún tipo de contacto con la víctima de 15 años y su hermana de 17, principales testigos del caso.
La tobillera electrónica no es seguro de nada, y mucho más para una persona que abandona la provincia. Sobrados ejemplos existen de procesados que se quitaron por sus propios medios sus tobilleras y se fugaron. Aunque es el Servicio Penitenciario de Entre Ríos el encargado del monitoreo, la verdad de la milanesa es que no habrá nadie cercano en el caso de que el beneficiado quebrante la seguridad.
El caso más reciente que ejemplifica esto es el de Miguel Toledo y Carlos Juárez, dos hombres que estaban acusados de formar una banda criminal que asaltó una parrilla en Ceibas, que a menos de 48 horas de inicio del juicio se quitaron sus tobilleras y las dejaron abandonadas en el hospedaje donde se encontraban cumpliendo arresto domiciliario, en un hospedaje ubicado en Patico Daneri y San Juan, a sólo 12 cuadras de la Jefatura de Policía.
Por lo pronto, Eric Luna, de 26 años, permanece en Jefatura y abandonará su encierro después de 40 días después de Navidad. El próximo 26 será sometido a la realización de la pericia psicológica y luego de ello la investigación estaría concluida. Sólo restará lo formal para la elevación a juicio y fijar fecha de debate para 2019.
Hasta el momento - y ya está prácticamente descartado- las partes están muy lejos de acordar en un juicio abreviado. Es que para la defensa el correlato de los hechos sucedió de una manera distinta al de los acusadores. El fiscal Scattini y el querellante abonan el robo agravado por el uso de armas, que tiene una pena de 5 a 15 años, mientras que el defensor Martín Clapier intentará revertir la figura a un robo simple en grado de tentativa, que tiene una pena de hasta tres años de prisión condicional.
La violenta entradera
Juan, la víctima de 15 años, caminaba el 5 de noviembre por calle Rivadavia, a la altura de la plaza Urquiza, cuando se le acercó el delincuente que simulaba ser un vendedor ambulante. Le ofreció trapos de piso y bolsas y como el menor le dijo que no tenía dinero para comprarle nada, lo intimidó y amenazó con una supuesta arma que tenía en el bolso y que nunca extrajo.
Caminaron varias cuadras. El captor lo tenía abrazado e inmovilizado, simulando ser un amigo, por lo cual lo único que podía hacer era caminar. Llegaron hasta Paraguay y La Rioja, donde vive el menor junto a su familia, pero no ingresaron inmediatamente. Al percibir que el vehículo familiar se encontraba estacionado en la calle, Juan le informó al delincuente que había alguien en la vivienda. Esperaron sentados en el cordón de la vereda por unos 10 minutos hasta que el ladrón le dijo que iban a entrar igual.
"Durante ese tiempo le hizo sacar una fotocopia y simulaba que leían algo de la escuela para no despertar sospechas entre los vecinos", contó Carina a ElDía, la madre del menor. Cuando entraron a la casa pasaron por el lugar donde estaba durmiendo la hermana de 17 años y se dirigieron a la habitación de la madre que no estaba presente en la casa.
Juan lo llevó hasta esa dependencia para evitar que el delincuente se cruzara con la hermana y su hermano Federico de 7 años, que jugaba a la play en otra pieza. Mientras el delincuente revolvió cada cajón de la habitación, la hermana de Juan se despertó de su siesta y llevó al hermanito más pequeño a la escuela, ignorando todo lo que ocurría.
Cuando ella regresó la historia cambió y se inició el principio del fin. Mientras tenía a Juan contra la pared, le dijo que no estaba en la casa para violarla sino para robar, además de proferirle todo tipo de amenazas. A ambos los obligaba a mirar hacia el piso y les daba órdenes. Logró reunir más de 20 mil pesos que eran parte de la fiesta de egresados que estaba organizando la menor junto a sus compañeros, sus ahorros y el dinero que estaba destinado al pago de unos trabajos de albañilería.
El delincuente ya tenía todo lo que necesitaba. En varios bolsos y mochilas había guardado los aparatos electrónicos de valor. Hizo pedir un "taxi" y cuando llegó el remis, el delincuente hizo salir a la joven. Esa secuencia quedó grabada en la cámara de seguridad de un vecino y se observa el desesperado pedido de auxilio de la adolescente a un remisero y otras personas que pasaban caminando.
Mientras esto sucedía en la calle, Juan y el delincuente se trenzaron en una lucha muy peligrosa adentro de la casa, que involucró un cuchillo. El final es conocido: el menor logró echar de la casa al delincuente cortándolo varias veces con el arma, pero él también terminó lesionado con un corte en una de sus manos y en un antebrazo.
El ladrón salió corriendo con el dinero en su poder y abandonó en la casa todos los bolsos y mochilas que había juntado en la vivienda y llenado de aparatos electrónicos. Desde allí se dirigió a la remisería ubicada en Primera Junta al 150, en donde indicó haber sido víctima de un robo y pidió permiso para lavarse la sangre.
Luego de ello subió a un móvil y pidió que lo llevara hasta el hospedaje en el que se encontraba, en Rivadavia y Montiel, pero el remisero de la otra empresa lo había seguido y ya se había comunicado con la Policía, describiendo el auto en el que se trasladaba el delincuente, que finalmente fue aprehendido en Luis N. Palma y Montiel.
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