El desafío de erigirse en un país exportador
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El economista Tomas Bulat decía que la Argentina debió ser Australia, pero renunció a serlo desde que se cerró al mundo y pretendió vivir "con lo propio".
Exportadora de materias primas, la economía australiana, comparte a primera vista, muchas semejanzas con la argentina. Pero mientras los australianos lograron convertir al lejano país en una potencia global, a través de su integración al mundo, la Argentina retrocedió convirtiéndose en un país pobre e irrelevante.
Según Bulat, la diferencia entre uno y otro modelo residió en que mientras los australianos comprendieron que la única oportunidad que tenía su país de ser rico era abriéndose al mundo -apertura que los obligaba a ser competitivos y mejores- en Argentina prevaleció la filosofía de cerrarse al comercio mundial, siguiendo la teoría conspirativa de que los de afuera quieren nuestra ruina.
El dato objetivo es que hoy los australianos viven mucho mejor que los argentinos. Con una geografía similar a la nuestra, y con apenas 22 millones de habitantes, Australia exporta por 270 mil millones y tiene un PBI de 1,4 billones de dólares, es decir, más de tres veces el PBI de la Argentina.
La estrategia de vivir de espaldas al mundo -despreciando los réditos de las corrientes de comercio internacional- ha tenido un alto costo para la Argentina, pese a ser un país naturalmente competitivo como proveedor de alimentos, energía y minería de valor agregado.
Esto se echa de ver en la restricción externa que acumula desde hace años, cuyo síntoma evidente es la escasez crónica de divisas del Banco Central, un problema que sólo se resuelve a través de una estrategia económica de largo plazo que apueste fuertemente por las exportaciones.
Históricamente los gobiernos han optado por generar un artificial bienestar en la población, subsidiando los consumos internos y manteniendo un tipo de cambio atrasado respecto del dólar, política esta última que incentiva la importación y penaliza la exportación.
Pero estos esquemas, que crean un déficit en la balanza comercial y de pagos, terminan con crisis por falta de divisas, forzando un salto brusco devaluatorio del peso, como el ocurrido este año.
En teoría, hoy la Argentina está más competitiva desde el punto de vista internacional. Tiene una moneda subvaluada para estimular las exportaciones y, de paso, encarecer las importaciones, lo que le permitirá en breve corregir el déficit de la balanza comercial y mejorar la posición de reservas del Banco Central.
Para adelante lo que necesita el país es encarar una agresiva política exportadora, algo de lo que habría tomado nota el gobierno de Mauricio Macri, que acaba de lanzar el programa "Argentina exporta", cuyo objetivo es triplicar las ventas externas para el año 2030.
Lo que se busca es, a través de incentivos a las pymes, multiplicar las empresas que envían productos al exterior, pasando de las actuales 9.500 exportadoras a 40.000.
La primera etapa del programa, según se anunció, buscará que las ventas al exterior alcancen los 100 mil millones de dólares para el año 2023. Para el segundo tramo, se aspira a los 200 mil millones de dólares.
La estrategia de la diplomacia comercial argentina, según Cancillería, es desarrollar y promover una mentalidad de Estado exportador.
"Desde 2016 llevamos más de 150 aperturas en 50 mercados de todos los continentes", refirió al respecto el canciller Jorge Faurie.
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