El diablo sabe por diablo, pero el cerebro… más sabe por viejo
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Recientes estudios demuestran que a medida que el cerebro envejece, es capaz de ir aumentando su capacidad funcional, en vez de disminuir. Esto rompería el erróneo mito que "perder las memoria es normal con la edad", sino que debería ser todo lo contrario: el paso del tiempo debería ir aumentando las capacidades funcionales cerebrales. Dr. Julio Zarra El correr del tiempo, los años, la edad, van generando cambios en la estructura y en la función cerebral a medida que más envejecemos. Pero cuidado, que cuando decimos "generando cambios" no siempre debemos referirnos a cambios para mal, a cambios estructurales o funcionales patológicos, es decir que se vinculen a una enfermedad.Ya hoy sabemos que, si no hacemos algo para impedirlo, el 15 % de los argentinos mayores de 65 años van a padecer la Enfermedad de Alzheimer. Como así también que el 55 % de los mayores de 85 años podrá contraer la tan temida enfermedad. Pero la pregunta es: ¿qué pasa con el resto? ¿Qué pasa con las personas sanas, las que no contraen una enfermedad orgánica cerebral?, ¿también van a disminuir sus funciones cerebrales? La respuesta es: No. Ya es hora, en los comienzos del siglo XXI, de desterrar el erróneo mito de que "perder la memoria es normal con la edad". Perder la memoria es "normal" cuando se padece de una enfermedad cerebral, ya sea degenerativa (por un "envejecimiento" cerebral patológico, no el envejecimiento normal) o vascular (por un déficit crónico de irrigación sanguínea cerebral: una insuficiencia vascular cerebral que llevaría también a la demencia). El envejecimiento normal, fisiológico, del cerebro, no conlleva la pérdida de la memoria ni de ninguna otra de las funciones cerebrales, al contrario, el cúmulo de la experiencia, por los años vividos, y todos los recursos que la mente humana usa a medida que vamos creciendo, debe fortalecer y enriquecer la memoria, si es que estamos dispuestos a usarla. Porque el bagaje de conocimientos adquiridos durante toda nuestra vida, y cuanto más cantidad de vida mejor, incrementa la posibilidad de que los circuitos neuronales sean cada vez más ágiles y más ricos. Capacidades del cerebroUn interesante estudio realizado en U.S.A. y en Canadá, demostró que las capacidades funcionales del cerebro, son mejor utilizables en adultos mayores de 60 años que en jóvenes. Se les pedía a los participantes que leyeran textos y eran interrumpidos con palabras o frases inesperadas. Los adultos de mayores de 60 años se desempañaban más lentos que los jóvenes estudiantes secundarios. Si bien los jóvenes recorrían el texto a gran velocidad, lo hacían sin importarles el significado de las palabras que se usaban para las interrupciones, mientras que los mayores se demoraban más cuando esas palabras estaban relacionadas con el tema del texto, tropezando con la información extra, pero también incorporándola y procesándola, cosa que no parecía que hacían los más jóvenes.Cuando más tarde, a ambos grupos se le hicieron preguntas para las cuales esas palabras fuera de lugar (usadas para las interrupciones) podían ser las respuestas, los adultos mayores respondieron mucho mejor que los jóvenes estudiantes. Para los jóvenes esas palabras distractoras eran como si nunca las hubieran escuchado, no las registraban, mientras que los mayores, al incorporarlas y así retener esos datos extras, pudieron usarlas también para las respuestas, pudiendo así transferir la información conseguida, de una situación a otra. Es decir que la velocidad de lectura de los jóvenes, de nada les sirvió a los resultados finales, mientras que los adultos mayores, procesando la información más lentamente, tuvieron respuestas integrativas más eficaces.Este tipo de tendencias podrían reportar grandes ventajas en la cotidianeidad del mundo real (más allá de las pruebas de investigación), donde no siempre está claro de entrada cuál es la información importante y cuál será la que se volverá importante después. Un elemento aparentemente insignificante registrado en la memoria, puede cobrar una real importancia después, si los planes originales cambian. O detalles que de entrada podrían parecer irrelevantes, luego de un giro de los acontecimientos, podrían volverse esenciales en la reconstrucción de algo con la memoria. Así el amplio rango de atención que los adultos mayores pueden desplegar, a diferencia de los jóvenes que en su "velocidad" es bastante menor, podrían reportar interesantes ventajas a la hora de los resultados finales de procesamiento y posterior recaptura de la información en el cerebro. Quizá todo esto podría relacionarse con el bien habido concepto, más tendiente en la sociedad oriental que en la occidental, que acertadamente asocia la ancianidad con la sabiduría. Jóvenes creativosEn otro estudio realizado en la Universidad de Harvard, los investigadores evaluaron que la capacidad de jóvenes estudiantes de descartar la información irrelevante cuando se los sometía a una catarata de estímulos. Cuanto más creativos se suponía que eran los jóvenes (previamente testeados), más dificultades presentaban para ignorar los datos no requeridos, desempeñándose con gran velocidad pero con una capacidad reducida para filtrar y establecer prioridades en la información recibida. Fenómeno que podría estar relacionado con una disminución de la actividad de la corteza prefrontal.De esta forma, podemos considerar que habría una palabra que resumiría el proceso de cuando la mente es capaz de asimilar información y ponerla en su lugar adecuado, para después recuperarla exitosamente. Es lo que podemos denominar como "sabiduría". Por esto, las personas mayores pueden obtener más información de una situación y son capaces de combinarla con su comparativamente mayor depósito de conocimientos (aportado por la sumatoria de experiencias previas acumuladas), siendo esta sabiduría una mayor y agradable ventaja.Por eso, podríamos sintetizar: a más edad, más experiencias acumuladas, mejor aprovechamiento de las funciones cerebrales, más sabiduría, más memoria. *Médico Especialista en Psiquiatría y Psicología Médica. Neurociencias. Neuropsiquiatría. Investigador Clínico en trastornos de la memoria, enfermedad de Alzheimer y otras demencias. Fundador y Presidente de la Asociación de Lucha en la Enfermedad de Alzheimer (A.L.E.A.)
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