El enigmático caso del jefe narco uruguayo que escapó de la UP2 y lo asesinaron en un balneario
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Había logrado fugarse de la cárcel más peligrosa en Uruguay y lo detuvieron en Gualeguaychú. Pero al luego protagonizó la fuga más escandalosa ocurrida en la Unidad Penal 2 antes de su cierre definitivo. Esta es la historia de Ruben Alejandro Rodríguez de Armas, alias “El Oreja”.
Desde su apertura en 1891 hasta su cierre definitivo en 2022, la cárcel de Gualeguaychú albergó no sólo a una gran cantidad de personas, sino también un sinfín de historias. Por esas celdas pasaron todo tipo de delincuentes y algunos de ellos más célebres que otros dentro del mundo del hampa.
Ya para 1927, hace casi 100 años atrás, este lugar era foco de atención para muchas personas extramuros que se hacían eco de lo que ocurría allí dentro. Ese año, Mario César Gras publicó su novela “La Casa Trágica” y causó un gran revuelo en la sociedad de aquel momento, porque relataba sobre la violencia y vejámenes que allí dentro ocurrían.
Incluso, actualmente ese viejo edificio es Espacio de Memoria del Terrorismo de Estado por las más de 200 personas que pasaron por esa cárcel en carácter de presas y presos políticos durante los años de la última dictadura cívico militar y eclesiástica. Desde junio del 2024 está abierta al público en los espacios por donde todo transcurrió.
Una vida entre penales
Para contar la historia de Ruben Alejandro Rodríguez de Armas hay que hablar de otra cárcel y no cualquier otra cárcel, sino de la Unidad 4 “Santiago Vázquez” (ex Comcar), la más peligrosa del Uruguay y poblada, que alberga la tercera parte de los presos del vecino país. El año pasado se conoció un informe sobre el hacinamiento y la mala alimentación de los reclusos, además del acceso limitado a la salud. Algo no muy diferente a lo que acontece en muchos penales argentinos.
En 2011 y estando preso en otro penal uruguayo, saltó varios alambrados y le disparó cinco tiros a su ex jefe Néstor “Rambo” Otero Peña, utilizando una pistola Beretta, que nadie pudo explicar cómo ingresó al penal. Ambos habían sido compañeros de celda muchos años, hasta que en 2006 un incidente los separó y quedaron enemistados. En diciembre de ese año, Rodríguez De Armas fue ingresado a sanidad penitenciaria con cinco puñaladas, en un episodio en el que se concluyó que el mismo Rodríguez se había lastimado para culpar a "El Rambo". Cinco años después, lo mató de cinco balazos.
Rodríguez De Armas ya gozaba de la fama de pesado dentro del sistema carcelario uruguayo, porque en febrero de 2001 ya se había cargado a otro y por la pena que había recibido, en el juicio al enterarse del monto a cumplir, no dudó en levantar un escritorio por los aires y tirárselo a su abogado defensor, que de casualidad salió ileso.
Sin embargo y pese a todo este historial violento, en julio de 2017 consiguió un dictamen positivo por parte del sistema penitenciario uruguayo para obtener el traslado a una cárcel más benévola desde la seguridad. Los integrantes de la Junta de Traslados habían barajado varias cárceles y se inclinaron por el ex Comcar por entender "que allí habría de estar más contenido". Le quedaban cuatro años de reclusión, tenía 40 años y dijo estar "harto de estar preso".
No hay muchas precisiones de cómo logró escapar esa tarde del viernes 13 de abril de 2018. La guardia penitenciaria notó la falta de Rodríguez de Armas en uno de los controles del Módulo 9 y, según fuentes policiales y lo que publicó en su momento Telemundo en Uruguay, “podría haberse dado a última hora de la tarde, luego de una salida al patio”.
Al parecer, Rodríguez de Armas logró ocultarse y salir del perímetro carcelario oculto en un camión perteneciente al propio Penal, evadiendo las revisiones de los controles perimetrales exteriores. La seguridad interna no constató su ausencia hasta que el vehículo ya había abandonado el predio del centro penitenciario. A partir de ese momento, el Ministerio del Interior emitió su requisitoria a nivel nacional, aunque para ese momento, el prófugo ya había logrado cruzar la frontera hacia Argentina.
La detención en Gualeguaychú
La fuga de Rodríguez de Armas y su posterior llegada a nuestro país puso en alerta y bajo la órbita de la Justicia Federal la necesidad de atraparlo. Para mediados de 2018 todavía no existía el Juzgado Federal de Gualeguaychú, pese a que ya estaba creado en los papeles. En ese entonces todo pasaba por las manos del extinto juez Federal de Concepción del Uruguay, Pablo Seró.
Este magistrado se puso al hombro la investigación junto a la inteligencia de las fuerzas de seguridad federales, que ya tenían el rastro de los lugares por dónde podía andar “El Oreja”. La Prefectura Naval fue la designada para encarar el último tramo de la investigación y llevar adelante el procedimiento que pondría fin a la historia del jefe narco uruguayo.
Fue así que el 1 de junio de 2018, Seró liberó una serie de allanamientos que se cumplimentaron su gran mayoría en Gualeguaychú, aunque también hubo operativos en Concepción del Uruguay, Colón y Buenos Aires. En nuestra ciudad fueron cinco en total: comenzaron a las 11 de la mañana y se prolongaron durante todo el día hasta entrada la noche. Se allanó un domicilio en 3 de Febrero casi 25 de Mayo, otro en Urquiza al 300, otro en Colombo al 300, y otro en un campo de Costa Uruguay Sur.
Pero el más importante de todos se produjo en un Parador ubicado en el kilómetro 56, sobre la Ruta Nacional 14. En una de las habitaciones del hotel se había alojado el hombre más buscado por la Justicia uruguaya. Había llegado junto a su mujer el día antes. Se alojaron en una habitación, se registraron con documentación falsa. Pasaron la noche y a la mañana del día siguiente los sorprendió la Prefectura. También se alojaba otro delincuente, conocido como “Fierrito”.
Hubo otros cinco detenidos, que fueron aprehendidos en distintos procedimientos, pero lo más importante pasaba por haber atrapado a Rodríguez de Armas. Se secuestraron 7.400 euros, más de 209.000 pesos argentinos, 103.820 dólares falsos, 67.388 pesos uruguayos, y 49.000 pesos chilenos. Se tenía precisado que el campo ubicado en Costa Uruguay sur, a unos 500 metros del Parador donde fueron detenidos “El Oreja”, su mujer y “Fierrito”, era propiedad de uno de ellos. Quince días después de las detenciones, Prefectura y Gendarmería buscaron arduamente elementos que pudieran pertenecer a la banda. Fue así que durante una inspección dentro de la vivienda hallaron una cifra superior a los 300 mil dólares.
Por tratarse de un detenido de esta índole y mientras se avanzaba desde el Juzgado Federal con su causa en Argentina por narcotráfico y su posterior extradición a Uruguay, Seró dispuso que fuera alojado en la Unidad Penal 2. Lo que no pudo nunca imaginar este magistrado es que casi un año después, “El Oreja” se iba a fugar de la forma más insólita posible.
La evasión
Cómo escapó Rodríguez de Armas de la forma en que lo hizo y de la cárcel considerada de máxima seguridad de la provincia, es una de las incógnitas que permanecen hasta hoy en día. Sobre todo, porque no hubo nadie del personal penitenciario que haya quedado involucrado o responsabilizado en ayudar en esa huida.
Para entrar a esa vieja cárcel había que pasar dos puertas de seguridad. La primera, el portón principal de Pellegrini, por la que se accedía a la institución. La segunda era la que daba paso al penal propiamente dicho, donde había una “reja huevo”, que se la denominaba de esa forma por la forma redondeada que tenía y que persiste hasta hoy en día.
Quienes lo conocieron coinciden que era un preso “muy educado y amable” y durante su estadía en Gualeguaychú no había originado problemas dentro del pabellón para presos federales, ubicado en el segundo piso de la prisión. Por ello, ese sábado 30 de marzo de 2019, a las 11 de la mañana de un día soleado, no llamó la atención que solicitara acudir hasta el área de sanidad, ubicado al lado de la guardia del establecimiento, entre ambos portones de seguridad.
Con un guardia pasó la “reja huevo” y quedó en ese lugar donde hay una mayor cantidad de agentes penitenciarios, como a la espera de ser llevado hasta sanidad. Una cámara de seguridad captó el momento. Inesperadamente quedó sólo y fue en ese momento en que aprovechó su oportunidad. Sabía muy bien hacia dónde dirigirse.
Caminó por un pasillo en dirección sur, hacia el lado de la calle Tala. En ese lugar funcionaba la cocina. Había sido mudada a ese sector de la cárcel porque dentro del penal propiamente dicho, había sido blanco de varios robos por parte de los internos, que sustraían diferentes elementos y por ello desde hacía un largo tiempo funcionaba en ese sector de la prisión.
La información que trascendió en ese momento sobre su fuga indicaba que había roto un candado de la cocina y que saltó una reja de dos metros que daba a Tala, por donde bajaban las provisiones a la cocina. Sin embargo, muchos creen que a Rodríguez de Armas ‘encontró’ ese candado abierto y su fuga fue mucho más fácil. Del otro lado lo habrían estado esperando.
“Fue de película”, recuerda un funcionario penitenciario que trabajaba por aquel tiempo. “Si me decís que fue de noche o llovía, o había algo que podría haber originado muna desatención, pero fue en pleno mediodía. Un sábado”, agregó el entrevistado.
Nunca se pudo dilucidar bien qué fue lo que pasó y si recibió o no ayuda para evadirse del penal más estricto que tenía Entre Ríos. La Guardia y el personal de servicio pasó a declarar en la investigación que se inició para determinar responsabilidades, pero todo quedó en la nada.
La muerte
“El Oreja” tenía 42 años cuando personal policial de la Jefatura de Canelones encontró su cadáver el 20 de julio del 2020, en una vivienda ubicada en la calle 3 del balneario Bello Horizonte. Un llamado telefónico al 911 alertó que había una persona herida y cuando los efectivos llegaron al lugar, hallaron su cuerpo tendido en el patio, sin signos vitales y con manchas de sangre a su alrededor.
Para ese entonces ya había serios indicios de que Rodríguez de Armas había regresado a Uruguay y la Policía estaba tras sus pasos porque era el principal sospechoso de asesinar de diez balazos en julio de 2019, a Julio César Romero Arguet, alias “El Pichulo”, un empresario sanducero con antecedentes por narcotráfico y asesinato.
“Aunque el secuestro y muerte del sanducero Julio César Romero Arguet, vinculado a la famosa Banda del Río y conocido por su actividad ilícita de la venta de drogas (delito por el que estuvo preso) no ha sido aclarado, la Policía contó siempre con la pista firme de que quien estaba detrás del hecho era Rodríguez de Armas. No se pudo establecer nunca –y tal vez ahora menos– si él habría actuado como sicario o dado la orden de terminar con la vida del sanducero”, escribió el diario El Telégrafo cuando informó sobre la muerte de “El Oreja”.
Todo indicaba que su asesinato se debió a un ajuste de cuentas en la venta de drogas en el vecino país. Pero lo cierto es que, al momento de su muerte, Rodríguez de Armas contaba con ocho antecedentes penales, cuatro de ellos por homicidio (uno en grado de tentativa), uno por rapiña, uno por hurto, uno por privación de libertad y el restante por evasión, delitos cometidos en los departamentos de Montevideo y San José.

