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El entierro del femicida Ricardo Barreda: "Nadie quería pagar su sepelio"

Como escondiendo su culpa en los pliegues del aislamiento el hombre que asesinó a toda su familia fue enterrado en soledad y sin que los que aún expresaban su admiración puedan dar la cara.

El acto final de la historia de Ricardo Barreda se pareció en algo a los cuatro asesinatos que cometió: no hubo testigos.

Ricardo Barreda fue enterrado en soledad y tal vez muchos con su misma escasez de valores pero sin un arma asesina a mano podrán decir que "si no fuera por la cuarentena yo habría ido a despedirlo".

El odontólgo que asesinó a su esposa, sus hijas y su suegra en 1992 fue enterrado en el cementerio de José C. Paz. Nadie quería pagar por su sepelio.

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A su entierro podrían haber ido hasta cinco personas que no fueran mayores de 65 años o sin problemas de salud, que es la franja más vulnerable para el coronavirus. Pero no se acercó nadie.

El cuerpo de Barreda permaneció en un cajón toda la noche en un depósito de la funeraria Siciliano Hermanos, rodeado de ataúdes vacíos y apilados. Sus encargados esperaron la documentación para trasladar el cajón en una ambulancia hacia el cementerio.

El femicida platense, se encontraba desde el 10 de marzo en un geriátrico de la zona norte del gran Buenos Aires, luego de haber obtenido el alta médica en el hospital Castex, donde permaneció 7 meses.

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En agosto del año pasado llegó de urgencia con un cuadro de neumonía escasos días después de que además, sufriera una caída en las escaleras mecánicas de la estación Constitución mientras volvía de ver a su abogado en la ciudad de la Plata.

Barreda pasó estos últimos días, en soledad, sin poder ver a sus amigos de estos últimos tiempos a causa del aislamiento social obligatorio, hace unos días tuvo contacto con el mundo exterior, mediante una videollamada.

Si bien, su aspecto físico se veía mejorado, debido a que la alimentación en el hogar era mejor que en el hospital, sus problemas de salud persistieron y debieron llamar a la guardia médica para efectuarle el cambio de sonda vesical como consecuencia de sus problemas prostáticos.

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Según contaron del geriátrico “amaneció decaído, su diuresis es escasa, la doctora indicó atb, lo estamos observando”. Finalmente a las 15.25 horas, murió de un paro cardiorrespiratorio.

En las últimas charlas con sus amigos había manifestado su miedo a la muerte y mientras mostraba sus brazos, que prácticamente era piel y hueso decía: “Es increíble cómo se deteriora en ser humano”.

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Ricardo Barreda, será recordado como uno de los femicidas emblemáticos de la Argentina, luego que el domingo 15 de noviembre de 1992, en su casona de 48 entre 11 y 12 de La Plata, asesinara con una escopeta marca Víctor Sarrasqueta a su esposa Gladys Margarita Mac Donald (57), su suegra Elena Arreche (86) y sus hijas Celina (26) y Adriana (24).

Fuentes: Infobae y Libre Expresión.

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