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El final de un personaje y de una historia que arrastró décadas: Rivas fue condenado

Fue uno de los hombres más influyentes de Gualeguaychú en los últimos años debido a su intensa vida social, cultural y política. Tras ser denunciado periodísticamente, su caso fue llevado a juicio. Fue uno de los debates más extensos que se recuerden en Gualeguaychú y recibió una pena de prisión efectiva de 8 años.

El nombre de Gustavo Rivas siempre estuvo asociado a todo evento que se realizara en Gualeguaychú. Y si no era parte de la organización, o si no estaba dentro de la comisión directiva, aparecía con su cámara de fotos a retratar el momento para su archivo personal.

Este hombre de 74 años es dueño de una memoria prodigiosa y eso siempre le fue reconocido, a tal punto que fue referencia de consulta para investigar sobre algún hecho histórico o sobre algún personaje de la ciudad. Siempre se mostró dispuesto a colaborar y a mostrarse como un buen vecino.

Según lo que explican especialistas, estas personalidades son propias de personas que buscan generar confianza para lograr un cometido. Algo similar con lo ocurrido en torno a Javier Broggi, el abusador de Urdinarrain quien, bajo tácticas de acercamiento a los padres mostrándose afable y bonachón, abusaba de sus hijos.

Y Rivas siempre estuvo en el ojo de la tormenta. Siempre se rumoreó sobre la presencia de adolescentes en la casa de calle Mitre 7. Grupos de jóvenes que iban a hacer “una previa” y aprovechaban los beneficios que les otorgaba el acomodado abogado. ¿Qué pasaba después? Solo era conocido por los protagonistas y la especulación quedaba en el imaginario colectivo. Hasta que una víctima habló.

Fue el abogado Martín Daneri el que se animó a contar y su voz se replicó en otros tantos que pasaron por la casa de Rivas. La revista Análisis decidió investigar y desarrolló una nota de siete páginas que explotó en Gualeguaychú. La noticia titulada “Los abusos del doctor” salió a la luz a fines de julio de 2017 y caló hondo en la sociedad gualeguaychuense hasta traspasar las fronteras de la provincia.

El Ministerio Público Fiscal no pudo ignorar semejante denuncia y por orden del Procurador de la Provincia, Jorge Amilcar García, se decidió intervenir de oficio. Ese mismo día que salió la publicación, el jueves 27 de julio de 2017, durante la mañana, se realizó un allanamiento en la casa de calle Mitre 7 y se secuestró material fílmico y fotográfico, además de otros elementos vinculados a la causa.

Pero lo que fue clave para esa investigación fueron las imágenes fílmicas y fotográficas, porque la Fiscalía de Gualeguaychú se basó en ellas para identificar a las personas que pasaron por la casa del imputado a lo largo de cuatro décadas.

La revista Análisis, en su denuncia, predijo más de dos mil abusos, pero siempre se trató de una cifra tentativa y especulativa, conseguida de una multiplicación que se obtenía de la cantidad de fines de semana de un año por cuarenta.

Identificar a las víctimas, convocarlas a declarar y convencerlos que durante la adolescencia pudieron haber sido víctimas de corrupción de menores sin saberlo, posiblemente fue la tarea más difícil que se tuvo. Incluso, muchos de los que fueron identificados y convocados por la Fiscalía, no quisieron saber nada con la causa por temor a ser señalados públicamente o por el simple hecho de que había pasado mucho tiempo y temían que sus figuras actuales como padres podrían verse perjudicadas en la familia. Algo totalmente lógico si se mira desde su óptica.

Los “videos de El Chavo”

Rivas fue convocado a declarar como imputado en siete ocasiones. Cada vez que aparecía una nueva víctima, el reconocido abogado acudía a Tribunales para prestar su declaración en torno a la imputación de corrupción de menores y promoción de la prostitución de menores.

La primera vez que concurrió, en medio de un enjambre de periodistas, se prestó a morisquetas que aún hoy todo el mundo recuerda. Mantenía su boca cerrada y respondía con un “Mmmm” cada vez que se lo interrogaba con algo. Luego, seguramente por pedido de su abogado defensor Raúl Jurado, cambió el papel y sólo se limitó a caminar sin hablar con la prensa.

Ante la fiscal Martina Cedrés nunca habló, porque escudado en que los testigos declaraban bajo identidad reservada, alegaba que no podía defenderse de algo sin saber quién era el que lo acusaba. Así transitó toda la Investigación Penal Preparatoria (IPP) hasta que casi dos años después se llegó al juicio.

El 1 de abril se desarrolló la primera de las 14 audiencias que se programaron para el debate. “El ciudadano ilustre”, como lo habían bautizado los medios nacionales, era enjuiciado por 12 casos de “corrupción y promoción a la prostitución de menores”.

El hombre que siempre –y aunque a muchos le pese - fue considerado un referente social, gracias al papel que supo construir, llegó a juicio y su personalidad verborrágica quedó eclipsada por el gesto adusto propio del que enfrenta un proceso penal que prevé penas de prisión efectiva.

A medida que fueron pasando las audiencias su personalidad extrovertida volvía a florecer y hasta se daba el lujo de hacer bromas sobre un saco color beige. Dijo que el material fílmico secuestrado en su casa y que fue vital para la investigación eran “videos de El Chavo”. En la primera audiencia del 1 de abril decidió declarar y dijo –lisa y llanamente – que todo era “una sarta de disparates que asombra”.

“A la mitad no los he visto nunca en mi vida”, había dicho en referencia a las 12 personas que figuraban como víctimas de su accionar, e incluso criticó que las declaraciones en su contra eran “una mofa a la Justicia”.

La prensa no pudo estar presente en el juicio por una decisión de los magistrados y ElDía lo entrevistó tras esa primera audiencia. “La declaración mía fue una declaración general, sin referirme particularmente a los hechos y sin responder preguntas”, contestó Rivas en esa ocasión y señaló que “había tanta truchada e invento y declaraciones falsas que si yo puntualizaba en todo eso terminaba avivando giles y entonces podían ocurrir dos cosas, que esos denunciantes o testigos emprolijaran su declaración o bien que presentaran testigos nuevos con declaraciones ya emprolijadas en base a mis observaciones; entonces opté por callarme la boca y dejar que sigan macaneando”.

“Cuando salió la nota de la revista análisis y me preguntaban cómo estaba yo decía que me sentía tranquilo, que seguía siendo el mismo, y efectivamente no creo haber cambiado, mantengo mi humor y eso fue lo primero que declaré, incluso un testigo (durante la investigación) declaró que le había llamado la atención mi tranquilidad, porque con semejante balurdo era difícil mantener la calma, incluso gente que me conoce me decía que cualquier otro en mi situación se habría suicidado. Pero yo cuando terminé de leer esa nota inicial de Análisis vi que la mayor parte eran todas mentiras”, contó.

El final de la historia

En la mañana del 22 de mayo de 2019, la jueza Alicia Vivian, que actuó como presidenta del Tribunal, leyó el adelanto de veredicto. Gustavo Rivas fue condenado a 8 años de prisión efectiva por el delito de promoción a la corrupción de un menor de edad en concurso ideal con promoción a la prostitución de un menor de edad.

Para los jueces, el papel que supo construir lo que le permitió insertarse “en ámbitos de gran afluencia de menores”, como ser la fiesta de las carrozas, escuelas, viajes de egresados, clubes, “lugares en los cuales podía sin reparos, es decir, con total libertad, orientar su accionar hacia la elección niños de edades tempranas, cuyos desarrollos psíquicos no les permitía elaborar o entender los episodios vivenciados”.

Fue gracias a su actividad en estos lugares, donde concurrían adolescentes, lo que le permitió a Rivas conocer las costumbres, los gustos y necesidades de esos niños, y “desplegaba, bajo la apariencia inofensiva, sus dotes seductoras en pos de generar en ellos sentimientos de amistad, de confianza y camaradería”.

Para toda la sociedad, Rivas se mostraba indiferente a todo lo que se tejía a su alrededor. Para muchos, lo que sucedía en la casa de Rivas eran habladurías, una leyenda urbana, mientras que otros lo tomaban con mayor seriedad, pero tampoco decían nada. Así se fue tejiendo por años ese entramado de relaciones que este hombre de 74 años supo tejer a la vista de todos y con el silencio de todos.

Rivas se mostraba frente a la sociedad y frente a sus víctimas como una persona a la que podían recurrir ante cualquier problema y para resolver los inconvenientes que en la mayoría de las veces tenían su raíz en la falta de dinero. “Esa colaboración, en el caso de los niños elegidos, la completaba dándole a cada uno aquellas cosas que a los ojos del adulto les resultaban prohibidas o les eran imposible de alcanzar, por ejemplo: dinero para salir, alcohol, películas pornográficas”.

Su blanco principal eran aquellos niños que mostraban vulnerabilidad afectiva y económica. Atraía a los adolescentes a su casa mediante otro menor que actuaba como nexo, que envalentonaba al resto del grupo para hacer “la previa” en la casa de Rivas porque “Gustavito nos da plata para salir”. Una vez en su casa, era Rivas el que manejaba la situación en razón de sus propias pretensiones. Anotaba los nombres de los menores y les advertía que conocía a sus familias, casi como si se tratara de una extorsión. Después desplegaba su potencial abusivo.

El Tribunal tuvo por acreditado que “el motivo de Rivas no fue otro que satisfacer sus propios deseos sexuales, lo cual se reafirma con su actitud excluyente de los menores que no se prestaban a sus requerimientos, que no cumplían con la pauta de belleza o con el comportamiento adecuado”.

Rivas logró satisfacer su plan: captar la confianza de los niños varones menores de 18 años, dominando sus voluntades, provocando las situaciones. “Convirtió a esos niños en sus fetiches, en sus objetos de placer, para alcanzar su plena satisfacción sexual”. Para el Tribunal fueron probadas todas y cada una de las “proposiciones fácticas que conforman la acusación”, pudiéndose afirmar fuera de toda duda razonable que los hechos existieron y que Rivas fue su autor.

En su casa y en libertad

Si bien Rivas fue condenado, aún recae sobre su persona el principio de inocencia que gozamos todos los ciudadanos. A pesar de haber sido condenado en primera instancia, tiene derecho a que su condena sea revisada por un tribunal superior, e incluso también tiene derecho a que el Superior Tribunal de Justicia de Entre Ríos analice la sentencia si Casación no hace ninguna modificación; y todo ello en libertad.

La Fiscalía, tras realizar su alegato de 25 años de prisión, había requerido la prisión domiciliaria para Rivas hasta tanto la sentencia adquiera firmeza. Eso no sucedió. El Tribunal entendió que la imposición de medidas de coerción sería suficiente, ya que no había mostrado señales de intento de fuga o entorpecimiento de la investigación durante la IPP.

Desde entonces, Rivas permanece en su casa y tiene total libertad para realizar cualquier actividad, solo debe presentarse todos los días miércoles y sábado, en la Jefatura Departamental de Policía local a fin de dar cuenta de su comparendo; tiene la prohibición absoluta de salir de la ciudad y del país, sin autorización judicial; la prohibición de mantener, tanto por sí como por interpósita persona, y a través de cualquier vía o medio, cualquier tipo de contacto con las víctimas de autos, como así también de realizar cualquier acto molesto o perturbatorio de la tranquilidad de los mismos; y debió prestar una caución de 2.000.000 de pesos.

Los abogados, tanto el defensor como los querellantes Estela Esnaola y Alfredo Vitale, y la Fiscalía recurrieron la sentencia a Casación y se prevé que recién en 2020 habrá audiencia para analizar el fallo de Gualeguaychú. Mientras tanto, Rivas sigue en libertad.

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