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El frío pega duro en los sectores más vulnerables de la ciudad: "tenemos que dormir vestidos"

Las casillas madera y chapa no atenuaron la gélida noche del domingo, ni la madrugada del lunes. Quienes allí viven durmieron vestidos, juntos en una misma cama: padres, hermanos y abuelos, para tratar de darse más calor. 

“Ladrillos sí, nunca chapa y cartón”, reza la leyenda en una pared ubica en cercanías al barrio Tiro Federal. En invierno, sentido le sobra. Son muchas las construcciones humildes, parte material, parte madera, chapa y cartón prensado, en distintos puntos de la ciudad. La mayoría de esas viviendas tienen piso de tierra. Y las luces del día se filtran por las roturas. Atrás, viento, frío y agua, cada vez que llueve.

Uno de los barrios más carenciados de Gualeguaychú se encuentra en Tropas y Tala, a unos 700 metros de la avenida Artigas, cerca de la zona periurbana conocida como Paso del Tala. Allí, desde hace un tiempo, se encuentran viviendas muy precarias, sobradas de necesidades.

Algunos de los que allí habitaban recibieron casas y pudieron emigrar. Pero, lamentablemente, la mayoría la sigue peleando como puede, la mayoría de las veces con pocas armas y resignación.

pieza apa con cartones para mitigar el frio. En esa cama duermen hasta cinco personas. Los mas pequeños al pié de sus padres.jpg
El cuarto. Las paredes tienen cartones para mitigar el frío; allí toda una familia duerme junta y vestida

El cuarto. Las paredes tienen cartones para mitigar el frío; allí toda una familia duerme junta y vestida

ElDía recorrió la zona, donde las casas tienen piso de tierra, baños precarios y excusados. Ana María, quien es madre y abuela, junto a Hidalina contaron cómo están pasando el invierno. “Si bien la casa es de material, no tiene revoque. Todo es muy precario, no tiene cielo raso, a muchas ventanas le faltan vidrios. En verano no se soporta estar en el interior y en el invierno tenemos que acostarnos vestidos para hacerle frente al frío”, relató Ana María.

“Tenemos un pequeño hogar que alimentamos con la leña que conseguimos en la zona. Somos muchos, fundamentalmente niños, los que vivimos en mi casa, y el calor que puede dar la estufa alcanza para muy poco. Hay que estar pegados al fuego para tener algo de calor”, relata, sentada junto a Hidalina. Ella tiene tres hijas, de 14, 9 y 4 años. Y construyó con sus propias manos la casilla en la que vive.

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La Cocina. Pisos de tierra, paredes de chapa y cartón, recurrentes en la zona

La Cocina. Pisos de tierra, paredes de chapa y cartón, recurrentes en la zona

“Estoy separada y tuve que poner manos a la obra para darle un techo a las nenas aunque no sea el mejor. Yo trabajo en lo que salga para tener algo en la olla. Como el resto del barrio, dormimos vestidas, inclusive con camperas”, relató Hidalina, quien reconoce que cada noche duerme mirando la cocina a leña. “Para que no se apague y para que no tengamos que sufrir una desgracia”, agregó, y enseguida agradeció a una iglesia que siempre les acerca mantas y colchones.

“Con tanto frío la chapa gotea y el agua helada cae en todos lados”, lamentó la mujer que para subsistir cuida chicos y lava ropa, guiada de la firme convicción de que sus hijas “puedan salir adelante.”

“En el barrio todos pasan frío, pero lo que más duele es ver a tantas criaturas chicas que tienen a sus padres sin trabajo y recursos para salir adelante”, lamentó Ana María. Quien, además, pidió “ayuda para los más pequeños y para las familias en general”.

“No pedimos demasiado, sólo que nos den una mano para mejorar nuestras viviendas y no pasar tantas penurias con el clima”, indicó.

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El barrio. Las precarias casas de material se mezclan con las de chapa, cartón y madera

El barrio. Las precarias casas de material se mezclan con las de chapa, cartón y madera

Amontonados por el frío

El caso de Andrea (31) es uno de los más duros. La joven tiene asma y vive en una casilla de chapa, cartón y piso de tierra, donde reina la humedad. “Lo único que puedo hacer es nebulizarme varias veces al día, inclusive cinco a la noche”, contó a ElDía la mujer que cría cuatro hijos –de 15, 9, 7 y 2 años–, vive con su pareja, los niños y su mamá, quien comparte la cama con la nieta mayor.

El resto “todos compartimos la misma cama para estar más calentitos, con los chicos al pie de la cama”. A las 6 de la mañana se levantan para desayunar e ir a la escuela.

Más iluminación

Más allá del frío y las penurias de la pobreza, los vecinos pidieron mayor mantenimiento de la zona. “faltan luces en la calle, esto de noche es una boca de lobo, no se ve absolutamente nada”, recamaron, al tiempo que pidieron que se poden los eucaliptus que los rodean.

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