“El fútbol es literatura traducida al lenguaje corporal”
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El escritor nacido en Sarandí presenta su nuevo libro de cuentos. Será esta noche, a las 21, en el Instituto Magnasco (Camila Nievas 78). En diálogo con ElDía, Luis Luján adelantó detalles sobre la obra, habló de su infancia, su padre y el fútbol, claro. Luciano Peralta "Tirar un penal es como medirse con la muerte; errar un penal es una muerte chica". La frase corresponde al cuento "Con alma y vida", el tercero de "La lleva atada al pie". El poder de síntesis que la metáfora contiene es una constante en todos los cuentos cortos que conforman el libro que Luis Luján presentará esta noche, en la sala principal del Instituto Magnasco.A los 62 años, el escritor, que empezó a escribir poemas "de grande", con sólo estudios primarios, presenta su sexta obra literaria.Pasaron veinte años de "Entre Ríos al Sur", su primera publicación, junto a Honorio Casaretto. En el medio, el mayor de los cinco hermanos se recibió de bibliotecario en La Plata, profesión que ejerce en la actualidad.En diálogo con ElDía, Luján habló de su nueva obra, de Sarandí, de Ceibas, de su padre y el fútbol, una de sus mayores pasiones junto a las letras y la música."El libro es un homenaje a mi viejo. Son cuentos, la mayoría ambientados en la escena rural, en ese fútbol de los sesenta, setenta... en Sarandí, Ceibas, Perdices, Islas del Ibicuy, Gualeguaychú... pero siempre en ese ámbito suburbano", relató."A Santos Salvador Luján, mi padre, por llevarme a la cancha a ver al glorioso Sarnadí de los años sesenta. Y por indicarme este oficio de contar historias, aunque él nunca lo supo", refleja la dedicatoria de su nueva obra.No es la primera vez que el autor de "Muerto el Pedro se acabó la rabia" homenajea a Don Santos Salvador. A quien recuerda como un "muy buen narrador", aunque por su condición de "vago", lejos estaba el más grande de los Luján de ser el preferido entre sus hijos varones."Era un tipo muy bueno narrando. De él me viene esa cosa de contar. Nunca fui el predilecto porque no me gustaba trabajar. Pero siempre le sacaba su parte bohemia, por decirlo de alguna manera. Yo le preguntaba sobre su infancia, sobre el pasado, y él era bueno relatando, contando oralmente... lo escuchaba durante ratos largos", recordó.Hasta mediados de los noventa, Luján vivió en un ámbito bien rural. Cambió Sarandí por Ceibas a los 15, donde vivió hasta que cerró el parador familiar en el que trabajaba. Después llegó a Gualeguaychú, al barrio de Pueblo Nuevo y, claro, poco tardó en hacerse hincha de La Banda.De esa infancia, en la que se pasaba los días enteros jugando dos contra dos -rubios contra morochos- con sus tres hermanos menores (la cuarta es Sonia, la única mujer), nacen muchos de sus relatos. Pero, sobre todo, sus cuentos surgen de las infinitas historias que escuchó de boca de los personajes que desfilaban, durante día y noche, por el mostrador del parador "Ceibas"."Estaba en contacto con todo tipo de personas. El boliche estaba sobre la ruta, así que venía cada uno... no sabías si el tipo que estaba delante tuyo era un santo o un loco que te iba a degollar en cualquier momento; Ceibas tenía eso, era un lugar mítico", recordó.De esa postal, de mediados del siglo pasado, el autor rememora en su nueva obra personajes, lugres y tópicos como el Club La Chancha Atada (actualmente Deportivo Ceibas) o jugadores como Pata e' fierro, Miringa o Chichote. Todos reales, según remarcó Luján, quien comenzó a escribir "para dejarles algo" a sus hijos, y lo hizo con apenas el colegio primario terminado.Sobre la relación del fútbol y la vida, o las historias de vida, punto neurálgico de "La lleva atada al pie", el escritor se preguntó: "Qué es el fútbol si no la literatura al lenguaje corporal". Para contestarse:"Es una síntesis hermosa de la vida. Un amague, un enganche, una pisada... no son más que metáforas, figuras literarias. Un centro combado es una elipsis, por ejemplo. Hace unos días Messi enfrentó a un marcador, le amagó a la izquierda, a la derecha, y pasó por el medio: el tipo quedó sentado en el pasto, mirando. Humillado. Ese marcador no estuvo a la estatura literaria de Messi; no pudo descifrar los tropos que utilizó, no entendió su lenguaje refinado y poético. El fútbol es la vida y los cuento de fútbol hablan de eso, de la vida".
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