“El fútbol se apropió de espacios que son de todos, no hay lugar para el atletismo”
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Liliana Martinelli camina por la calle sin que muchos sepan quién es y los logros deportivos que cosechó a lo largo de su carrera. Fue durante una década la mejor lanzadora de disco de la Argentina y llegó a los Juegos Olímpicos de Atlanta 96. Hoy está dedicada de lleno a la docencia pero aseguró que le encantaría hacer algo por el atletismo en Gualeguaychú. Carlos Riera La sonrisa de Liliana contagia y su humildad para contar su experiencia deportiva sorprende. Hoy, con 43 años, está obligadamente retirada del atletismo y dedicada por completo a la docencia como maestra y profesora de Lengua y Literatura.Rememorar aquellos años dorados no le cuesta nada, los tiene a flor de piel y casi que se "pianta" un lagrimón cuando relata sus hazañas deportivas como la mejor lanzadora de disco sudamericana durante largo tiempo y dueña de un record nacional que fue batido recién en el 2012, luego de 23 años. Roberto, un grandeNació en Gualeguaychú en 1970 en una familia de clase media. Sus primeros estudios fueron en una escuela rural y a los pocos años continuó en la escuela N°58 "Alfredo Villalba", ubicada frente al estadio municipal. El secundario lo realizó en la Escuela Normal y fue durante ese período donde tomó contacto con el deporte gracias a Leticia Rébora, que empezó a llevarla a los intercolegiales."Siempre fui re chanta pero el deporte me fue atrapando", confesó Liliana sobre su infancia y adolescencia, "una época en la que era raro hacer deporte o mejor dicho, yo no estaba en un ambiente donde se practicaba mucho deporte".Según contó Liliana, fue Leticia Rébora la que la puso en manos de Roberto Olcese, un profesor de educación física que se dedicó enteramente al atletismo, particularmente al lanzamiento de bala, martillo, disco y jabalina. Fue maestro de grandes atletas de Gualeguaychú que se destacaron en estas disciplinas en torneos de nivel internacional."Olcese ya tenía toda una trayectoria como deportista, fue lanzador de martillo y campeón nacional en lanzamiento de martillo, es profesor de gimnasia y además fue muy buen atleta, incluso llegó a estar en la tapa de revista El Gráfico", repasó Liliana sobre su mentor."Roberto tenía muchísima capacidad como entrenador porque no solamente estudió, el que lo practicó tiene más experiencia entonces y él venía con muchísima experiencia como atleta y como profesor", contó Liliana. La mujer recordEl atletismo es un deporte extraño en la Argentina. Mientras que en otros países se practica desde edades muy tempranas y en cualquier lugar de naciones remotas, en Gualeguaychú y la Argentina en general, es un deporte que nos trasciende, más allá de meritos deportivos de los atletas que se sacrifican por entero."En el mundo te puedo asegurar que son ricos los que se destacan. Los campeones nacionales tienen muchísimos premios y méritos", mencionó Liliana con mucha seguridad y lo ejemplificó con un caso muy conocido: "Ben Johnson perdió la medalla de oro en Seúl 88 por haber dado positivo pero también perdió 10 millones de dólares en publicidades y en un montón de regalías".Liliana contó que llegó al atletismo porque Leticia Rébora era una amante de ese deporte y la "paseó" por las distintas disciplinas pero fue Roberto Olcese el que la perfeccionó cuando corrían los años 85/86, cuando Liliana tenía 16 años."Empecé a ir a los provinciales y los ganaba, hasta que en el 87 salí campeona nacional en el intercolegial y ya desde el 88 hasta el 99 fui campeona nacional en mayores", detalló con mucho orgullo. "En el 89 hago el record nacional siendo juvenil, bato un record de mayores que hacía 20 años no se podía batir. De ahí en más fui batiendo mis propias marcas", relató. Le quedó chica la canchaLiliana debió instalarse en buenos aires para continuar su carrera, "porque en Gualeguaychú no hay pistas de atletismo, no hay espacio". "De la cancha de la Liga nos echaron en el 89 porque empecé a lanzar muy lejos y entonces nos sacaron", recordó con cierta resignación e impotencia porque desde aquella época a la actualidad no ha cambiado nada, incluso ha empeorado este déficit deportivo."Como Roberto había hecho un buen grupo de atletismo, invadíamos esos espacios que son de todos pero que el fútbol se los ha apropiado. El estadio municipal debería ser un espacio donde se pueda desarrollar el atletismo, y el polideportivo es tierra de nadie", mencionó con mucho de razón."Hoy por hoy no hay equipos de atletismo, no hay un espacio físico para entrenar pista y campo, donde se practiquen las pruebas de velocidad, lanzamiento y salto. No hay acá, y la cancha de la Liga es propiedad del fútbol. Lamentablemente es así. A mi me encantaría tener un grupo de atletismo", señaló esta mujer que está "obligadamente" retirada de la actividad deportiva no por su edad, sino por la falta de espacios para este hermoso deporte."Hablé con el Intendente, hubo iniciativas con Jesús Legaria que también tiene muchas ganas de trabajar pero no se encuentra el medio, porque hacer y mantener una pista de atletismo implica mucho dinero pero creo que no es algo imposible porque Urdinarrain lo tiene, Larroque lo tiene, ciudades chiquititas lo tienen y Gualeguaychú no", criticó. Talento argentino"Acá hay mucho talento, lanzadores, saltadores. Yo trabajo en distintos colegios. Veo a muchos chicos y cuando veo a uno grandote pienso que sería fantástico para lanzamiento, empezar a formarlos desde chicos, que pasen por diferentes deportes, que ellos elijan el que quieran pero hay mucho material humano en Gualeguaychú y en Entre Ríos. Hay mucho material humano para trabajar el atletismo y a mí me encantaría, hay gente que está muy preparada para trabajar el atletismo", opinó."Me encantaría donar lo que conmigo hicieron. Roberto Olcese trabajó ad honoren conmigo no se cuantos años, pero fueron muchos, y devolver eso es una deuda que tengo con Gualeguaychú, pero si no tengo el espacio para hacerlo. Creo que hay equipos de trabajo que se podrían armar, para mí sería uno de los sueños a cumplir, más allá de que estoy re comprometida con la labor docente", mencionó.Actualmente, Liliana es docente en el instituto José María Bértora y en el Instituto Lidia Cármen Leissa, además de una escuela rural en Aldea San Juan, y más allá de que ama su profesión, su pasión está en el deporte. "Me encantaría volver al atletismo. Fueron muchos años de sacrificio más allá que el atletismo me devolvió con creces todo porque fueron viajes, amigos, descubrí lugares que nunca hubiese podido conocer en mi tarea docente, viajé a Europa varias veces, Estados Unidos, toda Latinoamérica, siempre representando a la Argentina". Recuerdos que no voy a borrarEl profesionalismo de Liliana llegó en 1989, de la mano del campeonato argentino que la consagró siendo juvenil, marcando un registro que perduraría por años y en el lugar donde se dio a conocer en la escena nacional. Pero fue recién dos años más tarde cuando emigró hacia Buenos Aires porque sus padres le dijeron: "te vas con un título terciario, después hacé tu vida"."Me recibí de maestra en el 91 y en febrero del 92 ya estaba entrenando en Buenos Aires, en Ferrocarril Oeste, donde estaban casi todos los talentos de ese momento", recordó Liliana, que no concurrió a los Juegos Olímpicos ese año porque no tenía marca, la cual era entre 58 y 60 metros y ella había hecho en su última competencia en Sevilla 53 metros.La historia cambiaría en cuatro años. Se perfeccionó, maduró como deportista y mejoró muchísimo su técnica y para los Juegos Olímpicos de Atlanta 96 alcanzó la marca mínima. Tenía 26 años en ese momento y recuerda: "no se si conseguimos demasiadas medallas ese año pero como experiencia fue impresionante"."Te enfrentas con un estadio lleno de público, 80 mil personas, y uno está ahí y se pregunta ¿dónde estoy? para mí significó un montón. Nunca había estado en estadios tan grandes, si bien los panamericanos tienen toda su fuerza no son juegos olímpicos", recordó con una sonrisa en su rostro evidenciando un gran placer en su relato. Atlanta 96Fue designada junto a ocho atletas para integrar la delegación argentina y "para mi fue una gran felicidad, es el sueño de todo deportista". "Cuando estábamos allá, la Villa Olímpica era impresionante, conocer Estados Unidos era uno de mis sueños, llegar a competir ahí, los gimnasios, la preparación, como es el alto rendimiento realmente en los Estados Unidos", comentó sobre sus descubrimientos en el país del norte."Todavía no me olvido de esa ceremonia de inauguración. Nos preparamos a las dos de la tarde para estar a las nueve de la noche desfilando. Nos llevaron a todos a un estadio de baseball al lado y por una pantalla gigante veíamos toda la ceremonia de inauguración, y después bajamos por una rampa bien empinada pero cuando bajábamos lo enfocaron a Menem que estaba en la ceremonia, por lo menos eso me contaron a mi", se rió."Es impresionante. Estás con personas que, por ejemplo africanos, que están vestidos con sus vestimentas típicas, llevaban todos unas túnicas grandes, ahí tomas dimensión de las culturas en el mundo. Nosotros somos re-occidentales, particularmente no creo que vaya a olvidar esa confluencia de culturas", agregó.Con respecto a su participación deportiva, Liliana recuerda muy bien a la alemana que ganó la medalla de oro, "era una rusa enorme", describió entre risas. En esos Juegos Olímpicos la competencia fue muy alta en el lanzamiento de disco, "la medida mínima estaba en los 62 metros y yo tiré 57, no clasifiqué".De las 60 mejores lanzadoras del mundo, Liliana quedó en el puesto 32, "para mí fue grandioso, porque ahí están los primeros y los últimos y yo quedé en el medio". Ella opinó, casi como una crítica, que "nos faltaban muchos torneos internacionales, mucho fogueo en esas competencias, es muy difícil alcanzar la marca con todo el estrés de la competición, toda la presión de estar en ese lugar". La vuelta a casaSe retiró de la actividad en el 99, un año antes de Sydney, en una edad perfecta para los atletas de la especialidad de Liliana pero ella no se arrepiente aunque confesó que hubiera llegado en su mejor momento a los Juegos Olímpicos del 2000. "La decisión la tomé porque necesitaba volver, no encontraba un trabajo, un sueldo. No se si estaba cansada o cansada de las políticas que se manejaban, que no te daban certeza, que no te hacían un reconocimiento, porque en el atletismo es difícil", mencionó.Recordó a María Marta Giacopuzzi como compañera en el Cenard, donde estaban becadas, un lugar donde solo están los mejores. "En un año llegamos a estar primera y segunda en disco, ella se destacó en el deporte, después se decidió por estudiar profesorado y ahora es profesora de Educación Física y madre de tres hermosos hijos", contó sobre su compañera de aquellos años.Liliana confesó que no ganó plata con el atletismo, había becas que ayudaban con el mantenimiento diario, pero afortunadamente en los últimos años ha habido cambios para que los deportistas ganen dinero como para vivir de este deporte."En la actualidad no reniego de mi profesión porque trabajar con un adolescente es difícil pero a la vez es atrapante a mí me encanta trabajar con chicos porque todos los días aprendo de mis sobrinos para entender a mis alumnos y de mis alumnos para entender a mis sobrinos que hoy por hoy son lo más importante en mi vida".
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