QUEDÓ PRESO EN LA UP9
El garrapiñero de la 25 de Mayo: De personaje pintoresco de Gualeguaychú a condenado por haber violado a su hija
:format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/adjuntos/240/imagenes/000/076/0000076213.jpg)
Hace más de 30 años que Oscar Irigoyen endulzaba a todos los que transitaban por el centro y paraban en su puesto de garrapiñadas, situado en 25 de Mayo y España, pero su imagen cambió para siempre: un jurado popular lo declaró culpable de abuso sexual con acceso carnal agravado contra su hija, y ahora la Cámara de Casación de Concordía dejó firme su condena.
Como tantos otros pintorescos actores de la vida civil de nuestra ciudad, Oscar Irigoyen era reconocido a simple vista por todos los vecinos, al estar al frente del carrito garrapiñero de 25 de Mayo y España y lucir un tupido bigote y excéntricos sombreros.
Además, su historia de vida lo hacía aún más querible. "Hace poco más de tres décadas que empecé con este laburo. Cuando arranqué lo hice con la idea de que sea una changa, pero terminó transformándose en mi manera de ganarme la vida", contó a Ahora ElDía años atrás, revelando que el gran responsable de su profesión fue ni más ni menos que el Sumo Pontífice Juan Pablo II: "Todo comenzó en 1987, cuando un muchacho amigo mío trajo la receta de Buenos Aires. Y así, sin mucho más, nos fuimos los dos a Paraná a vender garrapiñadas a los que fueron a ver al Papa", describió. Fue efectivamente el 9 de abril de 1987 cuando Juan Pablo II pisó tierras entrerrianas. Estuvo dos horas, pero fueron suficientes para marcar el camino de Irigoyen.
Cuando volvieron de Paraná, los dos amigos se instalaron en la esquina de 25 de Mayo e Italia. Según Oscar, la época fuerte en esa época eran los carnavales, que por entonces se hacían sobre 25 de Mayo y también sobre Urquiza. Además de garrapiñadas, vendían también cucuruchos con dulce de leche. El socio de Irigoyen hacía el turno de la mañana, y Oscar el de la tarde, así durante más de dos años, cuando se separó en buenos términos del que lo introdujo en este oficio y continuó de manera independiente. "Tengo mis clientes fijos, pero también hay muchos que compran al paso o que se tientan cuando huelen el aroma cuando las preparo”, dijo en aquel momento, cuando corría el año 2018.
Durante los primeros diez años como garrapiñero, siempre trabajó sobre 25 de Mayo, pero en diciembre levantaba campamento y se iba a hacer la temporada a Ñandubaysal, pero en relación de dependencia. Finalmente, decidió seguir por su cuenta, sin jefes y a su manera y desde ese día está siempre en la esquina de 25 de Mayo y España.
:format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/06/garrapinada.jpg)
"Estos 31 años pasaron volando, pero pasaron muchas cosas. Ahora tengo nietos, y una de las grandes satisfacciones es cuando pasan por acá a darme una mano. Ahora, cuando por cualquier cosa no puedo venir, son ellos los que se hacen cargo y atienden el puesto. Seguramente cuando deje de trabajar, ellos seguirán por este camino y seguirá vivo el legado de los garrapiñeros", aventuró en aquel entonces.
Pero el destino cambió drásticamente, y el secreto más oscuro del garrapiñero salió a la luz. Su propia hija lo denunció por abuso sexual con acceso carnal agravado.
Tras la grave acusación en la Justicia, comenzó la investigación que luego llevó a juicio al hombre de 66 años y que, finalmente, tras el desarrollo de las audiencias fue hallado culpable por las 12 personas que integraron el jurado popular.
Luego de aquel juicio, el garrapiñero apeló a la Cámara de Casación de Concordia, quien luego de varios meses se expidió este martes, rarificando la condena a Irigoyen, lo que llevó a que Irigoyen sea trasladado a la Unidad Penal Nº9 “El Potrero” para que comience a cursar la condena por haber violado a su hija.
:format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2024/06/garrapinero_oscar_irigoyen.jpg)

