El proceso electoral entró en una montaña rusa. Las caídas y las levantadas serán epopéyicas. El cielo, parecerá cerca. Igual que el infierno. Elecciones 2011 y el capítulo más apasionante: el final.Jorge Barroetaveña Hay películas que uno empieza a ver y sabe cómo será el final. Con diez o quince minutos salta a la vista que los buenos triunfarán, los malos serán castigados y todos serán felices. En la película electoral que domina a la Argentina, ese final cantado del principio, no parece ya tan claro. La victoria cómoda y sin sobresaltos que las mentes kirchneristas imaginaron a principios de año ha quedado en el olvido. O sobreestimaron la realidad, o la realidad, sencillamente, era otra. Lo cierto es que, después de las dos derrotas oficiales en Santa Fe y Capital Federal nada luce como era entonces.A ver. El gobierno pensaba que podía perder en los dos distritos, pero nunca imaginó semejantes cifras. Filmus, el candidato elegido por la Presidenta a último momento para enfrentar a Macri la tuvo que remar duro. No contra sus adversarios, sino contra sus propios soldados. La Presidenta jugó hasta último momento con la decisión. Después estalló el escándalo de los Schoklender y la Fundación Madres de Plaza de Mayo y las peleas en el INADI. Por si esto no fuera poco, con la derrota a cuestas en primera vuelta, no se les ocurrió mejor idea que salir a descalificar a los votantes y ningunear la voluntad popular. Eso sin contabilizar los cuestionamientos de la Casa Rosada, al propio Filmus, sobre su supuesta tibieza para enfrentar al PRO. Todas en contra. El escenario arrancó revuelto. El domingo pasado llegó el turno de Santa Fe. Era difícil imaginar ganarle al socialismo, pero nadie pensó que Del Sel, un ignoto para la política pero bien conocido para los santafesinos, le daría una paliza a Agustín Rossi. Los votos peronistas se fueron en bloque al candidato del PRO, que no ganó una sola intendencia y apenas metió un diputado provincial. El MIDACHI ganó en lugares donde no tenía representantes, a todo el aparato peronista. Por méritos propios y virtudes ajenas supo canalizar dos cosas: el descontento en vastos sectores rurales que le siguen pasando factura al gobierno y la catarata de votos que le aportó en los últimos días Reutemann. Cinco palabras bastaron del 'Lole': "nunca fui kirchnerista. Soy peronista", dijo el oráculo santafesino que habla poco pero cuando lo hace marca la cancha. La política, siempre cruel, acabó por condenar al jefe de los diputados kirchneristas. Si alguien defendió al gobierno y puso la cara en el conflicto del 2008 fue Rossi. Nunca se escondió y aún hoy soporta los reproches de muchos santafesinos cuando camina por las calles de su provincia. La sociedad lo esperó y cuando pudo castigarlo lo hizo. ¿Cómo le pagaron? Con soledad. Al día siguiente la Presidenta recibió a María Eugenia Bielsa en Olivos y de Rossi no se acordó nadie. La victoria tiene muchos padres pero la derrota es huérfana, dice el dicho. Y Rossi lo experimentó en carne propia.
*** Si Buenos Aires encendió una luz amarilla en la Casa Rosada, los resultados de Santa Fe avivaron las luces rojas. Los próximos dos turnos electorales tampoco le serán favorables al oficialismo. El balotaje en Capital será todo pérdida si Filmus no llega al 40% y en Córdoba se rompieron los puentes con De la Sota. En ninguno de los dos distritos la Presidenta podrá tener influencia, aunque su última incursión en Santa Fe fue pura pérdida. Fue, apoyó a su candidato, se peleó con Binner y perdió.En las últimas horas, Daniel Scioli, ensayó algunos gestos de rebeldía. Sabedor quizás que más que nunca la suerte del gobierno nacional depende de su provincia, aprovechó y metió alguna diferenciación. Sin vergüenzas contó que lo llamó a Del Sel para felicitarlo, fue al living de Susana Giménez (mala palabra para el kirchnerismo puro), dejó trascender que le pidió a Moreno liberar las exportaciones de trigo y anunció que, en Córdoba, su candidato es José Manuel de la Sota. Muchos medicamentos para una fiebre persistente. El bonaerense sabe que en Olivos saben. Es que todo, al cabo, vuelve a resumirse a ese amplio y extenso distrito que concentra el 40% del padrón electoral de la Argentina. El 2009, con la primera derrota electoral del kirchnerismo, parecía lejos, muy lejos hasta hace un par de meses. Pero el comportamiento del electorado santafesino asustó a más de uno.¿Y si los intendentes del Conurbano hacen lo mismo que le hicieron a Rossi? ¿Apoyo por arriba pero patadas por abajo? Encima las primarias de agosto podrían ser una trampa y esconder otro peligro impensado. Serán la mejor encuesta que la oposición pueda hacer antes de la primera vuelta de octubre. Con los números puestos se sabrá qué candidato opositor tiene más chances de llegar a la segunda vuelta y ese será un dato nada despreciable para la porción de electorado que no quiere votar al kirchnerismo pero no sabe cómo canalizar su decisión. Si la Presidenta llega al 40% o lo supera, le habrá dado un duro golpe a los fantasmas. Pero si no llega a ese porcentaje, ¿qué lectura habrá? Lo cierto es que el paseo electoral que alguna vez se imaginó no será tal. "Las elecciones se terminan cuando se cuenta el último voto", sentenció el miércoles un dirigente con llegada a la Casa Rosada. Tiene razón. Porque lo único que vale es cuando la gente vota y se expresa. Guste o no, su decisión es soberana. Algunos, lamentablemente, no lo entienden. DESTCADOLas primarias de agosto podrían ser una trampa y esconder otro peligro impensado. Serán la mejor encuesta que la oposición pueda hacer antes de la primera vuelta de octubre.