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El gobierno está obligado a pensar en la pos-pandemia

Una clave de los grandes pilotos de rally, y los que se dedican a esa especialidad del automovilismo, es el navegante. El rol del copiloto es fundamental para ir guiando al conductor y un error suyo le puede hacer perder una carrera. El gobierno parece no saber bien a esta altura si tiene que doblar a la izquierda o a la derecha, o cuán cerrada es la curva. El tema es que en el auto vamos todos. Apretaditos pero vamos.

Por Jorge Barroetaveña

El Presidente de la Nación ya sabe del hastío social por la cuarentena. Ya sabe que los números de la economía marcan un derrumbe histórico de consecuencias impredecibles para los próximos años y que sumirán a la Argentina en un pozo aún más profundo del que veníamos. Ya sabe que evitar que el país caiga en default es muy importante para su propio futuro.

Fernández tiene una ventaja en su carrera y es que fue muchos años Jefe de Gabinete y mano derecha de Néstor primero y Cristina después. Eso le permite tener una visión amplia de los problemas y le ha dado gimnasia para formar equipos. Por supuesto que estar en la cúspide del poder no es lo mismo. La decisión, después de escuchar a todos, la toma él solo.

Algo de eso se vio en los primeros tiempos para enfrentar la pandemia. Se rodeó de especialistas, más allá de los funcionarios del gobierno, y dispuso una cuarentena temprana que trabajo buenos resultados a la luz de los hechos. Pero la estrategia original pareció agotarse en eso.

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<p><strong><em>Alberto Fern&aacute;ndez en Formosa, antes del abrazo de la pol&eacute;mica con Insfran.</em></strong></p>

Alberto Fernández en Formosa, antes del abrazo de la polémica con Insfran.

Hoy el gobierno se debate en sus propias dificultades para salir del aislamiento al que sometió a la sociedad y en lo que pasará en un futuro mediato, cuando no haya más restricciones y la pandemia sea historia.

Lo peor es que los especialistas dicen que lo más grave aún no llegó y recién a fin de mes se alcanzaría al famoso ‘pico’ de enfermos. Es como llegar al final de la carrera con el caballo cansado o tener una hoja de ruta medio arrugada, pero es lo que quedó.

Es como llegar al final de la carrera con el caballo cansado

Tanto Larreta como Kicillof se esmeraron en hacer los anuncios con bastante maquillaje, aunque todo quedó expuesto con las 3 semanas más de aislamiento, que aparecieron al final. De hecho el Presidente pareció olvidarse del anuncio, algo que se habría resuelto a último momento, sólo por cuestiones estrictamente políticas. El gobierno quiere evitar el desgaste de estar explicando cada 15 días la extensión de la cuarentena más larga del mundo. Nada quita la sensación de cierta improvisación en un tema tan grave.

Después de la filípica presidencial, el gobernador de Buenos Aires evitó zamarrear a la oposición con su discurso, aunque sin dejar su particular estilo. Fue obra de Fernández disimular lo más posible las diferencias entre Larreta y Kicillof. Es que el porteño ya se dio cuenta que el límite de la cuarentena es social y no epidemiológico, y la presión del sector comercial y de servicios se ha vuelto insostenible.

¿Cuál es la diferencia entre el interior y el famoso AMBA? El hacinamiento sobre todo, agravado por espantosas condiciones sanitarias en las que viven cientos de miles de argentinos. Tampoco es comparable el sistema de salud bonaerense con el porteño. También está el terror compartido a las imágenes de otros países que se vieron desbordados y esa sola posibilidad no los deja dormir. Pero Larreta parece haber superado ese temor original, que todavía prima en el espíritu de Kicillof.

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En esas diferencias bucea el Presidente, tratando de contemplar ambas situaciones, aunque hoy estaría más cerca del porteño que del bonaerense. Y empezó a dar muestras. La semana pasada fue la visita al histórico Insfrán, un moderno dirigente político que gobierna hace más de 30 años su provincia. Por estas horas sus pies lo llevaron a La Pampa y Neuquén, provincias que están en la última fase de salida de la cuarentena.

Es que el Presidente necesita empezar a hablar de otros temas que no sean la pandemia, pese a que el plan para hacerlo luzca aún demasiado difuso. Puede que se haya sentido cómodo con la cuarentena pero todo tiene un fin y en política estirar los tiempos puede terminar volviéndose en contra. Es lo que el propio Presidente le dijo a los empresarios el jueves y Cafiero le transmite a los gobernadores.

Hay que ir punteando otra agenda que permita huir lo antes posible de las consecuencias atroces de la pandemia. Hay que volver a generar las expectativas positivas que Alberto tenía después de la victoria electoral del año pasado y alejar el pensamiento que se perdieron los primeros seis de gobierno.

No será una empresa fácil, porque en el medio está la negociación con el Fondo y los bonistas y la imperiosa urgencia del relato, ese que ahuyenta cualquier claudicación y lleva todo al terreno de lo épico.

Hoy, Argentina está más cerca de un acuerdo que hace un par de semanas, simplemente porque a la mayoría de los acreedores no les conviene litigar en las condiciones actuales. Sería necio no aprovechar la coyuntura, la misma que hasta hace unos meses nos llevaba al cadalso. A esta altura, el gobierno necesita dar vuelta la página de la pandemia y poner la mira en salvar del naufragio a la gestión. Y piensa en el año que viene. ¿No habrá elecciones no?

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