El grito que se escuchó en toda la ciudad
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Hablar de un número exacto de espectadores es muy difícil, pero se puede afirmar que la cancha de Juventud Unida nunca había tenido un marco de público semejante. Miles y miles dejaron de lado el confort de sus casas y decidieron hacerle frente a las bajas temperaturas y ser partes de un día que quedará en la historia deportiva de Gualeguaychú.Atrás quedó esa espina que todo un pueblo tenía clavada desde 1981, cuando Central Entrerriano quedó muy cerca de llegar al Nacional, cayendo ante Chaco For Ever en Resistencia por 1 a 0, luego de haber empatado 1 a 1 en un colmado Estadio Municipal.El equipo chaqueño, por casualidades de la vida, quedó siempre muy ligado al fútbol de Gualeguaychú porque también dejó afuera a Juventud Unida en su primera oportunidad de ascenso, que podría haberse dado si el cuestionado y polémico árbitro, Juan Jerónimo Toledo, no hubiera sido el designado.Con la victoria de ayer, eso quedó atrás. Toda una ciudad se unió en esta victoria, porque fue un triunfo a la adversidad, a los reveses que le pusieron en el camino a Juventud a lo largo de los nueve años en los que participó en el Argentino B.A partir de este momento comienza un nuevo desafío, un nuevo sueño, un nuevo camino, que seguramente tendrá otras piedras a las que se deberá esquivar, pero eso será materia de análisis en el futuro. Hoy hay que hablar del día histórico.Muchos de los que estuvieron presentes ayer en la cancha seguramente también lo hicieron en aquel primer partido que jugó de local en el Estadio Municipal, allá por octubre de 2004, cuando Juventud iniciaba ese largo e incierto recorrido hacia el ascenso al Argentino A. Por aquel entonces, las realidades eran muy distintas a la postal que mostró el domingo la cancha decana. Técnicos y jugadores pasaron a lo largo de estos nueve años, pero lo único que quedó fue el objetivo que se cumplió.Hubo dos momentos especiales en la tarde. El primero fue el ingreso de los jugadores a la cancha, en medio de una lluvia de papeles y del aliento desaforado de toda la hinchada, que recibió al equipo como nunca antes.El otro fue el que se produjo a los 40 minutos del complemento: el grito de gol que se escuchó en todo Gualeguaychú.Las más de 5 mil personas hicieron temblar cada uno de los rincones de la ciudad cuando Juan José Weissen metió ese cabezazo lento al palo derecho, que parecía no tocar nunca la red. Fue un momento sublime. Un momento único. Un momento que se guardará en la memoria por muchos años.Después, las lágrimas. Fueron pocos los que pudieron contenerlas. Es que se estaba a sólo 5' de la gloria y, para colmo de males, el árbitro Narváez agregó cinco más de agonía.Pasó el tiempo y ahí finalmente se pudo desahogar la tensión. Era el final de un largo camino. Se había llegado al momento buscado y de ahí en más todo fue alegría y festejo por el anhelado ascenso a la siguiente instancia del fútbol argentino.Pero lo más importante fue la unión que se vivió en las tribunas de Juventud Unida, donde convivieron por 90 minutos, personas de diferentes camisetas de Gualeguaychú, demostrando que toda la ciudad estaba detrás de un mismo objetivo porque el grito fue uno solo.
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