El imperio efímero (de la política)
Alianzas, acuerdos, fusiones, formulas increíbles, coaliciones y por qué no algunas hipocresías, forman parte de este espectáculo dantesco y surrealista que ofrece el mapa político en vísperas de elecciones; manteniendo en vilo a cuarenta millones de ciudadanos en busca de una razón o de un sueño.Por Dr. Raúl ArellanoOpiniónCuanto de amor o cuanto de espanto en las propuestas, cuanto de legalidad y cuanto de legitimidad poseen estas mega-estructuras que obligan a preguntarse si responden a un modelo para armar o para desarmar, o si el arte de lo posible se trasformó en el arte de lo absurdo.El "affectio societatis" no parece ser esencial para estas sociedades de hecho mediáticas y volátiles de espalda a toda ideología y lejos de toda doctrina sustentable; esto hace que la gobernabilidad resulte una misión imposible.No imagino al ilustre José Ingenieros en El Hombre Mediocre desconsiderando atributos casi universales e imprescindibles en todo hombre político que se precie con algunas ambiciones representativas para honrar su responsabilidad cívica.¿Habrá que entender una nueva manera de hacer política quizás o descubrir una manifiesta incapacidad de la dirigencia política para jerarquizar la misión de los partidos y vaciarlos de contenido de cara a una democracia insipiente que necesita de manera urgente reinventarse?En tiempo de los griegos la democracia como sistema social se construía con referentes naturales dignos de una carga pública y muy respetada por sus pares.La versión argentina de democracia supone una representatividad en crisis; sin prestigio ni reconocimiento; una falta de liderazgo peligrosa, donde nadie enamora ni seduce a nadie, una institucionalidad sospechada, una tendencia al pensamiento único y sin un proyecto de país posible.Eso sí, no todo pueblo tiene el gobierno que se merece, diría que todo pueblo tiene el gobierno que se le parece; casi a su imagen y semejanza. El imperio de lo EfímeroDesde los sofistas hasta la Atenas de Platón adivinaron el peso de la oratoria en la vida democrática. Ya había "marketing" en El Arte de la Retórica de Aristóteles; eso sí, las ideas eran el sostén básico de aquellos históricos debates y las ideologías no sabían de ninguna transversabilidad.Cuesta entender donde se sustenta la masa crítica de estos "abrazos electorales" donde el riesgo de ganar una elección, resulta un enigma misterioso; porque después hay que gobernar para todos y dónde está en juego la verdadera legitimidad republicana; dónde hay que dar soluciones en tiempo de descuento, plantear alternativas diversas, hacer viables viejos reclamos, escuchar a la gente y actuar en consecuencia, creando riqueza institucional hacia adentro; respetando la Constitución y en el marco de la Ley.La gobernabilidad como la libertad no se declaman se ejercitan, cultivando códigos de ética y moral, practicando la transparencia en todos sus actos, alentando una justicia justa y respetando la división de poderes. Los intereses partidarios y excluyentes no se pueden priorizar en ningún modelo político, bajo cualquiera de sus formas; de ser así; seguiremos teniendo una democracia bajas calorías.Quizás el problema no esté en la política como género si no en la metodología de los actores políticos que no renovaron viejos paradigmas, que mantuvieron viejas prácticas y fundamentalmente se olvidaron de escuchar a la gente y de levantar sus banderas para justificar una causa.El fin de la historia nos dice que resulta políticamente incorrecto gobernar para la gente, resulta políticamente correcto gobernar con la gente; de eso se trata.Los partidos políticos deben dejar de tener una visión pobrista de la política, con una gestión casi gerencial y así renovar su oferta electoral y despertar viejas pasiones.El imperio de lo efímero se construye con un exceso de marketing político sin contenido e indiferenciado, donde las ideas brillan por su ausencia, donde la imagen importa más que la propuesta, donde el pensamiento único arrasa con el disenso y donde se discuten nombres y no proyectos; casi una crónica de una muerte enunciada.El escepticismo y la indeferencia alimentan al voto castigo y la desesperanza y esto no es bueno.Algunas aventuras políticas ponen en juego el último recurso del ciudadano de a pie amordazando su dignidad y poniendo en jaque su esperanza.Las cartas están echadas, octubre está muy cerca y una nueva oportunidad espera, la decisión crucial consiste en decidir estar mejor o ser mejor; está es la cuestión.Que el arte de votar resulte el último refugio de toda dignidad y honestidad cívica, que no se transforme en un mero trámite sin sentido que apenas demore el asado del domingo.La política es demasiado importante para que quede en manos de los políticos. Por últimoDefinitivamente, la historia democrática de una sociedad se entiende mirando hacia atrás, pero se construye mirando hacia delante porque el futuro ya llegó.De no ser así seguiremos confundiendo la verdad con el desencanto.
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