El imputado de asesinar a los hermanitos de Concordia los “pinchaba con jeringas”
Cuando la madre pidió ayuda "no me dejaron que la acompañe a la comisaría", señaló Alicia Yoghi, una de las personas que brindó su testimonio en la tercera audiencia del juicio contra Javier Álvarez, imputado de doble homicidio de los hermanitos Hugo y Gustavo Zapata, de 5 y 7 años.Esta tercera audiencia dejó al descubierto graves falencias por parte de la delegación concordiense del Consejo Provincial de la Niñez, el Adolescente y la Familia. Allí, la operadora de este organismo Alicia Yonhi, declaró que días antes de conocerse los crímenes, "Soledad me dijo que quería denunciarlo al marido", pero indicó que cuando intentó acompañarla a la comisaría "el psicólogo me dijo que la deje ir sola y que no la acompañe".Según pudo registrar Diario Río Uruguay, Yonhi dijo haber visto como en todo momento la hija de Álvarez tenía la misión de observar y controlar los movimientos y dichos de Zapata. "Por eso la llevé separada y ahí fue cuando me dijo llorando que no quería volver a su casa" y señaló en forma textual que Zapata dijo: "tengo que volver al calvario".Del testimonio de la trabajadora también se supo que en la primera quincena de febrero se entrevistó en conjunto con Javier Álvarez y Soledad Zapata, porque precisaban ayuda con alimentos y pases para colectivos. "Ahí el que habló en todo momento fue Álvarez. Ella estaba con la cabeza baja y no habló, pero la segunda vez vino sin el y pudo decirme esto"."Soledad escuchó como discutí con el psicólogo para que me deje llevarla en el remis que tenemos a disposición", afirmó Yohni. Así mismo dijo que la doctora Piana, quien se desempeñaba en el área de Pediatría del Hospital Masvernat y atendía al pequeño recién nacido, "dijo que según Soledad, Álvarez la había golpeado y maltratado". JeringasYanina Corrado, tía de los hijos más grandes de Álvarez con Vanesa Corrado (la primera mujer del imputado), asentó que sus sobrinos -una vez restituidos a su madre- "contaron cómo a estos nenes muertos no les quería dar de comer, les pegaba y los obligaba a sentarse en el piso, no en el sillón". En ese contexto indicó: "también dijeron que suponían que los pinchaba a los nenes con jeringas" que eran de perros.Los instantes previos al fallecimiento del pequeño Hugo fueron reconstruidos en parte cuando la testigo señaló que sus sobrinos contaron "que lo vieron a Hugo tirado en el piso sin poder respirar bien, como agitado y el padre les dijo que se fueran 2 horas a la casa de la abuela", añadiendo que cuando volvieron el pequeño ya no estaba, "pero que ellos decían que se habían dado cuenta que lo que paso".Minutos después, Álvarez encomendó a su hijo mayor ir a comprar cemento, para luego ayudarlo a hacer el contrapiso, debajo de una cuna, donde metros abajo había sepultado al niño. Música fuerte y encierrosA este testimonio se sumó el de una vecina del barrio "80 viviendas", quien manifestó que "de lunes a viernes la música estaba fuertísima y siempre de madrugada", ampliando que "algunas veces se sentían golpes contra la pared y llantos". En esa misma línea confirmó que a los pequeños fallecidos "nunca se los vio afuera" durante los casi cuatro meses que vivieron en la casa.
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