TRAS UN CONVENIO
El Magnasco inauguró el Centro de Patrimonio Histórico-Cultural
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Se trata de un espacio donde el público puede acceder a un banco de datos sobre la memoria social y cultural de la ciudad. La sala lleva el nombre de Juan Carlos Borques.
Marcelo Lorenzo El miércoles pasado, coincidiendo con la celebración de su 121º aniversario, el Instituto “Osvaldo Magnasco” echó a andar su nuevo emprendimiento: un sitio de referencia, de acceso público, que reúne información cultural e histórica de Gualeguaychú. En un sencillo acto al que asistió un grupo de vecinos invitados, la presidenta de la comisión directiva de la institución, Norma Martínez de Martinetti, destacó la importancia de la iniciativa que, según dijo, empalma con la vocación del Magnasco de “preservar, difundir y facilitar” el acervo local. En este sentido, aclaró, “puede aportar elementos, intereses y criterios para convertirse en un espacio de reflexión colectiva y social de nuestra ciudad”. El Centro de Patrimonio Histórico-Cultural, situado en el interior del edificio de la centenaria institución, ubicada en Camilia Nievas y San Martín, ocupa una sala que lleva el nombre de Juan Carlos Borques (1858-1931), el erudito sacerdote considerado el primer historiador de Gualeguaychú. El proyecto, que fue financiado por la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares (Conabip), viene a llenar un vacío porque hasta acá la información sobre la ciudad estaba dispersa y no había un centro que la reuniera y sistematizara para facilitar la tarea de investigadores y curiosos interesados por el pasado comarcal. A partir de este lunes 23 de junio, la nueva sala cumplirá la tarea de un banco de datos, quedando abierta al público en el mismo horario en que funciona la Biblioteca “Olegario V. Andrade”, otro de los servicios que presta el Instituto Magnasco. La sala Borques está provista de una computadora y de un aparato lector de diarios microfilmados, para que el público pueda explorar el contenido documental e informativo sobre Gualeguaychú. Allí se podrán consultar artículos periodísticos, testimonios orales y escritos de vecinos de la ciudad, libros de ficción y de consulta de autores gualeguaychuenses, libros de autores no locales que escribieron sobre Gualeguaychú y otras publicaciones y prepublicaciones sobre temas de la ciudad. El contenido del nuevo centro incluye fotografías, planos, mapas, diarios locales microfilmados y en papel, documentos y archivos. Este acervo se nutre además de un registro del material que tienen otras instituciones e investigadores locales, los cuales están dispuestos a socializarlo. Según explicó Martínez, la ejecución del proyecto estuvo a cargo de la Comisión Directiva del Instituto Magnasco y un grupo de colaboradores y exigió internamente rescatar y acopiar mucho material disperso en distintos espacio del edificio: salas museísticas, biblioteca, hemeroteca, archivos y depósitos. Se trató, dijo, de “un movimiento casi catastrófico en nombre del ideal sistémico, pero decididamente práctico para el manejo de la información”. HOMENAJE AL PADRE BORQUES “Con el nombre de esta sala hemos querido honrar al ilustre sacerdote Juan Carlos Borques, nacido a mediados del siglo XIX en Montevideo, pero que vivió la mayor parte de su vida en nuestro país”, expresó Martínez en el discurso de apertura del centro. “Su familia -recordó- se radicó en esta ciudad cuando él era un niño. Fue enviado al seminario conciliar de Santa Fe y antes de ordenarse se desempeñó como secretario de Fray Mamerto Esquiú”. Martínez sostuvo que el sacerdote se interesó por estudiar Entre Ríos y especialmente por Gualeguaychú, estableciéndose en nuestra ciudad en sus últimos años. A su muerte, en 1915, el Magnasco recibió el rico legado de sus bienes: más de 2.800 volúmenes, entre ellos un incunable de 1489 editado en Italia, una colección de diarios antiguos y su archivo documental. REVALORIZAR EL TERRUÑO Martínez destacó que el nuevo Centro de Patrimonio Histórico-Cultural del Instituto Magnasco debe leerse como un intento de reivindicar lo propio, la memoria comarcal, ante el desarraigo latente en la globalización cultural. “El hombre vive una gran paradoja entre las incitaciones de los valores locales y los de la globalización. Mientras crece la idea de un mundo interconectado que sobrepasa su razonamiento y su imaginación, se refuerza en él, consciente o inconscientemente, el sentimiento de adhesión a las cosas más cercanas”, diagnosticó. “El miedo a quedar desplazado en un espacio sin límites y sin asideros nos impulsan a encontrar abrigo en un sitio más concreto y conocido para no perdernos en ese desborde impersonal”, reflexionó. Y añadió: “Juan Ramón Jiménez lo decía poéticamente: ‘Pies en la tierra propia y cabeza en los aires del mundo’. En estas circunstancias, la memoria representa el espacio ideal para resistir el cambio y la aceleración típicos de nuestro tiempo”. Según Martínez, ante el vacío despersonalizante de la globalización, el nuevo centro patrimonial del Magnasco se suma a otras iniciativas, encaradas desde distintos ámbitos domésticos, tendientes a reforzar el sentido de pertenencia comunitaria.
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