El mal clima
No sólo en el campo de la meteorología nos tiene asolados, en la ciudad y en la región. En realidad en toda la geografía nacional, los ciudadanos hemos pasado de la pasividad al involucramiento activo en múltiples conflictos.El estado de crispación trasciende el ámbito político. Pareciera que lo que observamos en ese ámbito sirve de promotor del mal humor en el que estamos sumergidos.En algunos casos bordeamos el "todos contra todos. Salvo algunas palabras rectoras que mandan un poco de cordura, nos hemos acostumbrado al cruce enojoso, casi siempre. Por el tema que sea. Por sencillo que sea. Discusiones violentas, gestos destemplados.Diferencias a la orden del día. Cinchadas múltiples para ver quién se impone a quién. Pero no por el camino de la discusión razonable para superar enfoques diferentes. Sí, para gozar aires de triunfo pasajero, efímero o inconducente.Cómo, cuándo, dónde?. Son las preguntas que entre todos de manera generosa debiéramos responder, para despejar los nubarrones de la conflictividad permanente Gobernantes en primer lugar, dirigentes en general de todos y cada uno de los partidos políticos, periodistas y medios de comunicación de todo el país, en todo el país, en el lugar que nos toque ocupar.Tenemos que encarar de una buena vez, la conducta adulta que vigorice esta devaluada democracia que tenemos a mal traer.Que se encarrilen por los caminos asfaltados de la República, las relaciones ciudadanas, es materia necesaria, imprescindible y hasta estratégica.Las que están inmersas en los derechos y obligaciones que empecinadamente, pareciera, nos ocupamos en no respetar o no imponernos a sí mismos, como norma de conducta.Se debe retomar el sentido y la práctica que en alguna época de nuestra historia, nos distinguió como nación seria y responsable.Hace pocas horas en el Congreso de la Nación, se renovó parte de la Cámara de Diputados.Podremos tener la esperanza concreta de aquí en más, un concepto más maduro y relevante, tanto como para restablecer lo que nunca debió perderse?.Tiene que renacer la esperanza de una Patria que contenga a todos sus habitantes. Que promocione a los marginados por un sistema transformado en perverso, que ha beneficiado a los corruptos, a los inmorales, a los delincuentes, y desprecia a los más débiles.El mal clima tiene que recibir un aire fresco. Nos cansamos - los ciudadanos- hasta el hartazgo ya, del triunfo de los vivos, de los aprovechadores del privilegio, de la inmunidad, de la impunidad. De los que han destrozado a los que tratan de construir produciendo, trabajando por una Argentina grande y justa, y hasta hoy chocan con barreras infranqueables.Si los nuevos dirigentes asumen los verdaderos sentimientos de la gente, y se ponen con honradez a su servicio, sí que entonces viviremos un tiempo mejor. Es de desear una nueva conciencia. G.C.
El desborde turístico
Que Gualeguaychú ha ido perdiendo esa imagen, casi inocente, de sitio seguro, tranquilo y acogedor, propio de los pueblos del interior, es algo que podría rubricar mucha gente.La ciudad no se ha sustraído a la ola de inseguridad que azota al país. Aunque, comparada con la guerra que se vive en el conurbano bonaerense, donde se mata sin más, aquí se vive como en el paraíso.Como sea, el inicio de la temporada turística, genera lógica inquietud. Parece una verdad asumida por todos, que la ciudad está particularmente expuesta al auge delictivo en esta época del año.La emergencia hídrica, con su secuela de evacuados, ha eclipsado esta preocupación. Pero ésta saldrá a la palestra no bien las aguas empiecen a retirarse y la Capital del Carnaval se apreste a recibir a miles de visitantes.Es decir, a los problemas propios de inseguridad que tiene Gualeguaychú -en un contexto de crecimiento de la marginalidad social, que alienta los robos y rapiñas-, se suma el riesgo de desborde asociado al turismo.Hay un alto porcentaje de turistas que vienen a pasarla bien en forma pacífica. Pero no faltan los grupos que hacen desmanes, que creen que esto es tierra de nadie y aprovechan la atmósfera de una ciudad abierta al turismo.Por lo demás, hay cierto consenso en que todos los veranos se hace presente un "turismo delictivo". Esto tiene que ver con que la Capital del Carnaval, durante la temporada estival, se coloca en la mira de delincuentes foráneos, gente de alta peligrosidad que viene a hacer de las suyas por estos lares.Además, en la temporada los turistas parecen venir por cosas en apariencia contradictorias. Buscan el apacible y tranquilo ritmo de una ciudad-pueblo del interior. Pero a la vez quieren el frenético bullicio del Carnaval y la consabida "movida nocturna", propia de toda plaza turística.Da toda la impresión que internamente hay que compatibilizar la demanda de bullicio y diversión con la de tranquilidad y orden. El Carnaval, en este sentido, lleva implícita una ambivalencia.Se está en presencia de un evento de carácter "dionisíaco", con su carga de excitación erótica. Si a este frenesí se lo "riega" y estimula con alcohol, el cóctel puede resultar explosivo.Los expertos en seguridad ven en el alcohol a un enemigo peligroso. Dicen que actúa como disparador principal de conductas agresivas, sobre todo entre las llamadas "patotas".Se dirá que todo esto es el precio que hay que pagar por ser plaza turística y por tener nuevas comunicaciones (la autopista funcionará este verano). De lo que se trata, por tanto, es de minimizar este costo asociado al desborde turístico.Ojalá las autoridades acierten, esta temporada, con la fórmula que garantice una ciudad tranquila y segura. M.L
El desborde turístico
Que Gualeguaychú ha ido perdiendo esa imagen, casi inocente, de sitio seguro, tranquilo y acogedor, propio de los pueblos del interior, es algo que podría rubricar mucha gente.La ciudad no se ha sustraído a la ola de inseguridad que azota al país. Aunque, comparada con la guerra que se vive en el conurbano bonaerense, donde se mata sin más, aquí se vive como en el paraíso.Como sea, el inicio de la temporada turística, genera lógica inquietud. Parece una verdad asumida por todos, que la ciudad está particularmente expuesta al auge delictivo en esta época del año.La emergencia hídrica, con su secuela de evacuados, ha eclipsado esta preocupación. Pero ésta saldrá a la palestra no bien las aguas empiecen a retirarse y la Capital del Carnaval se apreste a recibir a miles de visitantes.Es decir, a los problemas propios de inseguridad que tiene Gualeguaychú -en un contexto de crecimiento de la marginalidad social, que alienta los robos y rapiñas-, se suma el riesgo de desborde asociado al turismo.Hay un alto porcentaje de turistas que vienen a pasarla bien en forma pacífica. Pero no faltan los grupos que hacen desmanes, que creen que esto es tierra de nadie y aprovechan la atmósfera de una ciudad abierta al turismo.Por lo demás, hay cierto consenso en que todos los veranos se hace presente un "turismo delictivo". Esto tiene que ver con que la Capital del Carnaval, durante la temporada estival, se coloca en la mira de delincuentes foráneos, gente de alta peligrosidad que viene a hacer de las suyas por estos lares.Además, en la temporada los turistas parecen venir por cosas en apariencia contradictorias. Buscan el apacible y tranquilo ritmo de una ciudad-pueblo del interior. Pero a la vez quieren el frenético bullicio del Carnaval y la consabida "movida nocturna", propia de toda plaza turística.Da toda la impresión que internamente hay que compatibilizar la demanda de bullicio y diversión con la de tranquilidad y orden. El Carnaval, en este sentido, lleva implícita una ambivalencia.Se está en presencia de un evento de carácter "dionisíaco", con su carga de excitación erótica. Si a este frenesí se lo "riega" y estimula con alcohol, el cóctel puede resultar explosivo.Los expertos en seguridad ven en el alcohol a un enemigo peligroso. Dicen que actúa como disparador principal de conductas agresivas, sobre todo entre las llamadas "patotas".Se dirá que todo esto es el precio que hay que pagar por ser plaza turística y por tener nuevas comunicaciones (la autopista funcionará este verano). De lo que se trata, por tanto, es de minimizar este costo asociado al desborde turístico.Ojalá las autoridades acierten, esta temporada, con la fórmula que garantice una ciudad tranquila y segura. M.L
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