El mentor ideológico de la fundación de la villa
"Las capillas serán parroquias y junto a las parroquias nacerán villas". Esta frase del obispo Sebastián Malvar y Pinto contiene la idea germinal de fundar Gualeguaychú.
A 235 años de ese acto llevado a cabo por Tomás de Rocamora, vale resaltar la figura de este prelado a quien le cabe el título de inspirador intelectual del hecho que hoy celebramos.
En junio de 1780 el obispo Malvar y Pinto pide al virrey que erija parroquias en Gualeguaychú, Gualeguay y Arroyo de la China (hoy Concepción del Uruguay), lo que fue autorizado el 3 de julio de ese año.
La parroquia de San José de Gualeguaychú fue instalada el 2 de marzo de 1781 y abarcaba el territorio entre los ríos Gualeguay y Gualeguaychú.
En este caso la organización del territorio siguió una lógica inversa a la habitual, ya que las jurisdicciones parroquiales precedieron a la fundación de las villas.
Aquí radica el carácter de mentor ideológico de Malvar y Pinto: concibió con antelación la plantificación que haría Tomas de Rocamora, dos años después, el 18 de octubre de 1783. Con lo cual bien podría concluirse que ambos son co-fundadores de Gualeguaychú.
Se sabe que este religioso era uno de los más eminentes miembros de la orden de los Franciscanos en España, con importantes vinculaciones en la Corte de Madrid.
Malvar y Pinto no fue un clérigo más, con determinada dignidad eclesiástica. También hacía las veces de funcionario político de alta jerarquía en la estructura de poder de la monarquía española.
Y esto en virtud del Real Patronato, un conjunto de privilegios y facultades especiales que los Papas concedieron a los Reyes de España y Portugal, a cambio de que éstos apoyaran la evangelización y el establecimiento de la Iglesia en América.
El Patronato hizo de la Iglesia del Nuevo mundo, desde el punto de vista administrativo, una especie de dependencia de la Corona española en América.
La aparición de Malvar y Pinto en estas tierras formó parte, así, de una estrategia decidida en la corte del rey Carlos III, quien estaba empeñado en fortalecer las posesiones españolas en América frente a la amenaza portuguesa.
De hecho el obispo llega dos años después de la creación del Virreinato del Río de la Plata, constituido en 1776 para organizar, bajo una dirección unificada, la defensa de las fronteras.
Tras visitar diversos partidos de la Banda Oriental, desde Santo Domingo de Soriano cruza a Gualeguaychú, donde a fines de 1779 inspecciona la capilla pública alrededor de la cual se asentaban unas pocas familias.
Esto le permite al sacerdote conocer la precaria situación de estos habitantes y el grave problema que enfrentaba a los pequeños propietarios con los grandes terratenientes que querían expulsarlos de sus campos.
El obispo, entonces, concibe la idea de elevar el estatus eclesiástico de la capilla, convirtiéndola en parroquia, y se lo pide expresamente al virrey. Idéntico temperamento adopta para los otros poblados entrerrianos que visita: Gualeguay y Arroyo de la China.
La idea que había detrás no era sólo religiosa: la existencia de parroquias era una manera de organizar políticamente el espacio. Abría la alternativa para que los vecinos poseyeran parcelas de terreno en el poblado, lo que era un modo primario de urbanizar, descomprimiendo la disputa entablada por el acceso a la tierra.
La creación de nuevas parroquias, como base para la plantificación de las villas, es el legado de Sebastián Malvar y Pinto a la comunidad entrerriana.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

