VIOLENCIA OBSTÉTRICA
El miedo al maltrato institucional, la principal preocupación de quienes se preparan para parir
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Se trata de uno de los emergentes de los espacios de preparación integral para el nacimiento promovidos por la Municipalidad. Las cesáreas llegan al 64% en el sector de salud público de la ciudad y las cifras son muy superiores en el privado. De qué se trata el plan de parto puesto en vigencia hace seis meses en el Hospital Centenario.
Luciano Peralta
El médico despotrica contra las licenciadas en obstetricia que hace un par de años trabajan en el Hospital Centenario, para después describir al detalle cada una de las maneras en las que puede morir un bebé durante el parto si él, o sea, la autoridad médica, no está presente. Esa primera escena se repite ocho meses después, en el mismo escenario, pero en otra sala. Esta vez sin el médico, y con un olor a cigarrillo inimaginable en un consultorio, un ecografista realiza la ecografía a una madre apunto de parir, mientras coordina a los gritos sus vacaciones con alguien que está del otro lado de la puerta y que, también, responde a los gritos.
Estas dos escenas corresponden a la primera y a la última ecografía que le realizaron a mi hija, hace más o menos cuatro años. Nadie me las contó, estuve ahí ambas veces. A la primera llegué, prácticamente, sin información previa. Para la segunda, en cambio, ya estaba mucho más preparado y me había informado sobre el nacimiento y, particularmente, sobre un concepto que, tiempo atrás, me era desconocido: la violencia obstétrica.
Se trata de una de las violencias más institucionalizadas y naturalizadas de todas. Los ejemplos se cuentan de a miles: el médico que no escucha y sólo indica qué hacer y cómo hacerlo; la cesárea como primera opción (con índices preocupantes en Gualeguaychú); la enfermera que ordena “no grites y pujá, mamita”, en el mejor de los casos, y que se despacha con un “hubieras cerrado las piernas a tiempo”, en el peor.
Podría llenar diarios enteros de ejemplos en los que la violencia obstétrica se repite. Y esto no tiene que ver con lo público o lo privado, los profesionales son los mismos en todos lados. Afortunadamente, las cosas vienen cambiando en los últimos años. Gracias a la legislación –la Ley 25.929 de Parto Humanizado fue regulada en 2015– y, sobre todo, gracias a la iniciativa de las y los nuevos profesionales en la materia, formados en marcos teóricos actualizados, más humanizados, más democráticos y respetuosos.
Los espacios de preparación integral para el nacimiento, promovidos por la Municipalidad, a través de la Dirección de Salud Comunitaria, son ejemplo de ello. Nadia Lachaise es licenciada en obstetricia e integra estos espacios. Para esta nota, contó cómo funcionan y ofreció una visión que, entre otras cosas, tiene a la democratización de la información como uno de sus pilares.
“Los que eran los cursos de preparto siempre estuvieron enfocados a la anatomía y a la fisiología de los diferentes procesos de gestación, nacimiento y puerperio. Nosotros, además de esto, entendimos que era necesario aportar información a las personas sobre el marco normativo y los derechos que tienen quienes transitan estos diferentes procesos”, explicó.
Estos espacios de acompañamiento nacieron en mayo del 2021, durante la pandemia, luego de que, en el marco del comité materno-infantil, dispositivo intersectorial de debate e intercambio que componen los equipos de salud pública, se diera a conocer que las cesáreas representaban el 58% de los nacimientos en el sector público (hoy llegan al 64% y no hay estudios serios sobre las razones del incremento). Entendiendo, además, que, aunque no haya estadísticas publicadas, este porcentaje es muchísimo más elevado en el sector privado de la medicina. Esta realidad se vuelve preocupante cuando desde la Organización Mundial de la Salud (OMS) se recomienda entre un 10 y un 15% de cesáreas, como alternativa al llamado “parto natural”.
“Todas las personas que trabajan en el sistema de salud conocen el marco normativo, lo que pasa es que cuando se sabe que la otra persona no tiene ni idea qué derechos tiene se manipula la información. En cambio, si existen instancias previas en las que se trabaje con esa información, que se conozca qué es una vulneración de derechos y los recursos existentes, las experiencias son otras. Y eso lo notamos claramente, a dos años de trabajo”, aseguró Lachaise sobre la iniciativa.
“Tenemos que tener en cuenta todos los determinantes sociales y económicos que hacen a la salud de las personas. Entender que los procesos de gestación, nacimiento y puerperio son procesos fisiológicos que tienen un determinado tiempo y que no debemos patologizarlos. A veces, basta con compartir la información. Hay prácticas que, lamentablemente, hay que realizarlas, pero cambia mucho cuando se explica, se cuenta qué se va a hacer y por qué”, diferenció la profesional al tomar distancia del modelo médico hegemónico, que pone el foco en la enfermedad y no en la prevención, considera a las personas usuarias del servicio como sujetos pasivos y, en la peor de sus versiones, reduce la salud a una mera mercancía.
“Está naturalizado que en estas situaciones o durante estos procesos te maltraten. Lo que más nos encontramos, lo que más sale, es justamente el miedo al maltrato. Las preguntas siempre vienen por el lado de qué hacer si les hablan mal o si las tratan mal. Lo primero que tenemos que hacer es desnaturalizar esas prácticas y entender que eso no está bien. La violencia obstétrica es un problema de salud pública, sin dudas, pero es algo que excede lo local. Tiene que ver con un modelo que siempre medicalizó los procesos de salud, intervino y no distribuyó el conocimiento”, apuntó la obstétrica que, junto a otras mujeres, entre las que hay nutricionistas, pediatras, psicólogas y promotoras de salud, conforma el espacio de acompañamiento a personas gestantes.
