El misticismo no dejó lugar en la Azotea
Un éxito rotundo tuvo entre el público la segunda edición del evento organizado por la Dirección de Cultura. Poco más de 500 personas disfrutaron anoche de un espectáculo único que reunió poesía y teatro en la Azotea de Lapalma.o
Tal como estaba previsto el evento comenzó poco después de las 22, pero con un condimento especial: el público, que sobrepasó todas las expectativas de los organizadores. Se ubicaron 300 sillas en el frondoso patio de la Azotea de Lapalma, pero fueron tantas las personas que seguían ingresando al lugar que se debieron poner más sillas, e igualmente muchos debieron presenciar el espectáculo parados.
Osvaldo Russell con su saxo y Marcelo Brighenti con su guitarra, fueron los encargados de recibir a las personas que se fueron acercando a la antigua casona ubicada en la calle San Luís y Jujuy. Raúl Ingold brindó unas palabras de bienvenidas relacionadas al marco de la noche. Hizo lo propio Martín Aldeano con un cuento.
La noche se prestaba para lo mejor. Gustavo Rivas, gran conocedor de la historia de Gualeguaychú, hizo mención sobre el “castillo de la Isla Libertad” y las anécdotas que lo rodean. También hizo lo propio con la Azotea y todo el misticismo que alberga al lugar luego de la muerte de Isabel frutos, “la niña que murió de amor”.
Luego fue el turno de la música. El artista invitado para la ocasión, Juan Pablo Pérez, deleitó con su guitarra a los presentes. También se proyectó en una pantalla gigante dispuesta en el jardín imágenes de “Isabel Frutos – La que murió de amor”, debido a que se cumplía un nuevo aniversario de la muerte.
La poesía fue pronunciada por Olga Lonardi, la Directora de Cultura leyó las líneas del poema “La Casona” de la historiadora de nuestra ciudad Naty Sarrot. Después de ello Claudia Vastos leyó un cuento, autoría de Claudia Almada.
Finalmente el momento más esperado de la noche llegó. La obra de teatro que creó y dirigió Renata Dallaglio centró la atención de todos. Un juego de luces y sonidos, además de los efectos que producían los asistentes de escena en el interior de la Azotea, abriendo y cerrando ventanas, hacía pensar que todos los relatos y leyendas que rodean al lugar eran ciertos.
Sin duda una muy buena decisión, una vez más, de la Dirección de Cultura de realizar un evento de singulares características como lo es el “Museo no duerme”, el cual comenzara el año pasado en la casa de Aedo y continuara este 2009 con la misma pasión que el anterior, y que tendrá que continuar.
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