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El Munilla en la mira: Cuando pintar murales no sirve de nada

Cuando la ausencia del Estado se asienta durante décadas, las soluciones deben ser estructurales; poco o nada valen las pintadas y las cruzadas deportivas que sólo duran un par de horas. El barrio Munilla se posicionó como una de las zonas más conflictivas de la ciudad y requiere una intervención multisectorial.

Por Mónica Farabello

La responsabilidad es compartida: desde lo educativo, la falta de oportunidades laborales, el accionar policial, judicial y gubernamental se suman como un combo difícil de desenredar.

Son muchos los vecinos del barrio Munilla que piden a gritos soluciones urgentes. En una de las esquinas colgaron una bandera que lo resume todo: “Queremos vivir en paz”.

En las últimas semanas los titulares: “Munilla en llamas” o “Batalla campal en el Munilla” comenzaron a naturalizarse como parte de una realidad que se profundiza año a año.

Ante las notas periodísticas que alertaban esta situación, la respuesta de muchos funcionarios municipales fue calcada: “Quieren estigmatizar a un barrio”, aunque fue poca o nula la autocrítica acerca de cuáles son las políticas que se aplican para cambiar la realidad.

Murales, frases positivas de manual son expuestos como actos de “inclusión”, pero lejos quedan de la conflictividad que se vive en las calles con familias enfrentadas desde hace “50 años”, según dijo el propio Jefe policial en declaraciones periodísticas.

“No se puede vivir más así, somos rehenes de la delincuencia; tenemos miedo”, son las frases que se repiten una y otra vez ante la ausencia de respuestas concretas.

Por supuesto que en este barrio también existen las familias trabajadoras, y justamente es por ellos, que el Estado, en todos sus estamentos, debe actuar de manera conjunta, organizada y urgente para dar soluciones de base y no como un mero maquillaje.

La incidencia de la droga, la desocupación y la delincuencia no pueden ser tomadas jamás como algo a naturalizar. Amenazas, cobro de peaje en esquinas, tranzas y papelitos que se pasan de mano en mano… eso es lo que se ve en las esquinas del Munilla.

Esta triste realidad no se emparcha con pinturas mural, ni con torneos de fútbol que duran dos horas. Es urgente actuar de verdad, parar de echarse culpas, de señalar para otro lado y darle curso a la acción judicial, municipal, policial, sanitaria y educativa.

Años atrás, ElDía relató esta realidad y la respuesta de muchos adeptos oficialistas fue la del repudio, pero no a la delincuencia, sino al mismo diario: “Diario el Día...sos hijo de la yuta…Mientras vos pintas mierda y estigma...nosotros pintamos la cultura y los sueños de l@s pib@s...”, escribían quienes hoy nada dicen.

El Munilla no queda lejos… no es otra ciudad; el Munilla está a dos cuadras de la Costanera, de los lugares más lindos y visitados de la ciudad; si no lo ven, es porque no quieren verlo.

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