El país frente a otra crisis externa
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Argentina no sintió la cesación de pagos entre 2003 y 2004. Pero ahora se quedó sin dólares y un default en ese contexto sería nefasto, según advirtió el economista Eduardo Hecker, invitado por el Centro Comercial local. Marcelo Lorenzo ¿Por qué razón diez años atrás, pese a estar en default, nadie en Argentina vivía con estrés esa circunstancia? ¿Y hoy sin embargo la perspectiva de caer otra vez en cesación de pago con los acreedores externos, si no se arregla el entuerto con los holdouts, supondría poco menos que entrar al infierno?La respuesta estriba en que el contexto ha cambiado radicalmente, en el sentido de que el modelo económico no está en un período de auge, sino metido en un problema que los economistas llaman de "restricción externa", consistente en que el país necesita más dólares de los que puede generar.La escasez de divisas para que funcione el Estado, para pagar las importaciones y hacer frente a la deuda externa, es lo que le otorga dramatismo al conflicto disparado por el juicio ganado en Nueva York por los llamados "fondos buitre" (holdouts), que si deriva en un nuevo default de la deuda (el octavo en la historia argentina) agravaría aún más el cuadro.Ese fue el razonamiento que expuso Eduardo Hecker el miércoles último aquí, al hacer un análisis de la coyuntura macroeconómica del país, como parte del acto de festejos por los 115 años de creación del Centro de Defensa Comercial e Industrial de Gualeguaychú.El economista disertó sobre los posibles escenarios resultantes de las negociaciones con los holdouts y su impacto en la economía del país, en la sede que el Centro de Defensa Comercial posee en calle 25 de Mayo 1008.Lo hizo a continuación de un breve acto en el cual se celebró otro aniversario de la centenaria entidad. En la ocasión, tras la entonación del Himno Nacional, su presidente Miguel Quiroga habló ante el público presente, y luego se proyectó un video sobre la historia del Centro, confeccionado por Mario Fischer. CAMBIÓ EL CONTEXTO "Pongamos las cosas en perspectiva histórica. En 2003-2004 nuestra deuda externa no había sido reestructurada todavía, algo que tuvo su primera fase en 2005. ¿Ustedes recuerdan si vivimos esa circunstancia de default con angustia? Pues no", explicó Hecker.El motivo del sosiego, pese a estar con la deuda impaga, era que el país había entrado en un ciclo fuerte de crecimiento económico, con superávit financiero, que se reflejaba en "una entrada neta de divisas", relató."En 2003-2004 teníamos un problema inverso al que tenemos hoy. Por entonces teníamos que regular la entrada de capitales, de dólares que venían a la Argentina, un fenómeno que en economía se conoce como 'enfermedad holandesa' (el ingreso de gran cantidad de dólares de afuera deprecia la moneda interna). El Banco Central compraba divisas, y eso hizo aumentar sus reservas. En 2006 pagamos 10.000 millones de dólares al FMI, y las reservas del Banco Central se situaron a un nivel inferior al que tenemos hoy. Sin embargo nadie se asustó por eso", recordó.Aunque sostuvo que la situación general económica del país es mucho mejor que la de 2001 (caracterizada por recesión y altísima desocupación), Hecker afirmó que por el lado del frente externo "se parece mucho" a lo ocurrido ese año, y esto se debe a que, como entonces, "ahora nos faltan divisas".Según sus dichos, como ha ocurrido cíclicamente a lo largo de su historia, después de un período de auge, de crecimiento del PBI, el país entró en un problema ya conocido: "la restricción externa"."Este es el talón de Aquiles de la economía argentina desde hace muchísimos años", dijo en alusión a un problema estructural que aqueja al país, y que consiste en que para su funcionamiento anual necesita más dólares que los que puede generar mediante exportaciones de bienes y servicios.El país, recordó Hecker, mantiene la necesidad de generar divisas para financiar importaciones en función de su crecimiento (por su matriz productiva es muy dependendiente de los productos importados de media y alta tecnología).Pero a la vez Argentina debe pagar los servicios de la deuda externa (en realidad los intereses todos los años). El problema de coyuntura actual es que el modelo económico agotó su capacidad de generar divisas, lo cual se refleja en el llamado "cepo al dólar" (restricción que impacta en el nivel de actividad económica)."Los dólares comerciales (producto de las exportaciones) no alcanzan y los financieros no entran", resumió Hecker, para quien es esta circunstancia lo que vuelve dramática la perspectiva de un default, derivado del conflicto con los holdouts.La consecuencia directa de caer otra vez en cesación de pago, sostuvo, sería que el país no podría compensar los dólares que no genera por sí solo mediante "financiamiento externo", algo que si bien no solucionaría el problema de la "restricción externa", lo atemperaría.En esa hipótesis el Banco Central (BCRA) no podría reconstituir sus reservas (con las cuales el país hace frente a las importaciones y demás pagos), lo cual provocaría más saltos devaluatorios del peso y un incremento mayor aún de la tasa de interés en pesos (dos efectos que impactarían negativamente en la economía real).Según Hecker, si el gobierno lograr cerrar un acuerdo con los holdouts, podría "financiar en parte su déficit emitiendo deuda en los mercados internacionales, proceso en el que participarían también los Estados provinciales". PEOR EL REMEDIO QUE LA ENFERMEDAD El economista dijo que el default no es una opción. "La Argentina está lejos de beneficiarse con el default. En realidad no le conviene a nadie. No le conviene al país, porque agravaría la estanflación (inflación con recesión). Tampoco le convendría a los acreedores, que dejarían de cobrar. Y me parece que tampoco beneficiaria al juez Griesa, quien quedaría cumpliendo con su sentencia, pero al alto precio de dejar un tendal de heridos", razonó Hecker.Al respecto sostuvo que el mercado financiero no evalúa como posible otro default de Argentina, y esto se refleja en que los bonos de deuda pública siguen cotizando en alza. "Todo el mundo apuesta a que habrá un arreglo", dijo."Acá se está dirimiendo buena parte de lo que puede pasar en la economía argentina en el futuro", sostuvo al explicar que el país enfrenta horas decisivas (el 30 de julio próximo aparece como fecha límite) en las negociaciones en Nueva York."Tenemos que darle un crédito a la estrategia de negociación que ha encarado el gobierno nacional, porque acá estamos ante cuestiones muy complejas, sobre las cuales poco sabemos", indicó Hecker.Al respecto, dijo que es correcto que al gobierno le preocupe que un pago sin más a los holdouts pueda desatar posibles juicios de bonistas que aceptaron la reestructuración de la deuda, algo que podría hacer aumentar la carga de la deuda externa a niveles intolerables.Sucede que los bonistas que entraron a los canjes de 2005 y 2010 y aceptaron recibir un menor valor por los bonos, cuentan con la cláusula RUFO (Right on Future Offers). Allí se establece que si algún acreedor recibe un trato mejor al ofrecido originariamente, ellos tienen derecho a reclamar idéntico trato. Y como los holdouts cobrarán el 100% del valor, se presume que podría activarse una avalancha de juicios. RECUADROEL DATOHecker fue secretario de Desarrollo Económico de la Ciudad de Buenos Aires entre 2000 y 2003 (primera gestión de Aníbal Ibarra), se desempeñó como Presidente de la Comisión Nacional de Valores (CNV) entre 2006 y 2008, período en el cual participó también como vicepresidente de la Asociación de Bancos Públicos y Privados de la República Argentina (ABAPPRA) y del Centro de Economía y Finanzas para el Desarrollo de la Argentina (CEFID-AR).
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