“El personalismo no sirve, hay que empoderar al ciudadano”
Del modelo de los liderazgos fuertes, propio de Latinoamérica, hay que pasar a otro de ciudadanía más activa, expresó a EL DIA la politóloga Yanina Welp, a su paso por Gualeguaychú. Marcelo Lorenzo Ciudadanos activos e informados, que en lugar de delegar el poder a un líder para que se haga cargo de todo, asuman su responsabilidad cívica e intervengan en la esfera pública.Hacia ese esquema debe propender el sistema político, sobre todo en países como el nuestro, de larga tradición caudillista. Eso piensa Yanina Welp, directora regional para América Latina del Centre for Research on Direct Democracy (C2D) de la Universidad de Zúrich (Suiza)."Hay que hacer una apuesta por empoderar al ciudadano", le dijo a este diario. "Creo que lo que tenemos no ha funcionado bien. El alto nivel de personalismo de la política Latinoamericana y de Argentina no sirve", expresó.La autoridad resulta de elecciones limpias, pero los votantes luego se desentienden de la cosa pública. Esperan que el jefe encumbrado, a quien se le da poderes extraordinarios, resuelva los problemas.Así funcionan las sociedades que "siempre están esperando un mesías", explicó Welp, para quien en estos sistemas políticos la gente se acostumbra "a que todo lo que le pasa es culpa de otro".Cuando las cosas no vienen bien, entonces, se tiende a criticar la institucionalidad política del país, o a quienes se ha votado, o a otros factores sociales y políticos.Aunque todo modelo es "imperfecto", aclaró Welp, existen sociedades civiles y políticas suficientemente densas y convencidas del valor intrínseco de la democracia, donde la ciudadanía es activa.La entrevistada es oriunda de Gualeguaychú (su familia proviene de la zona de Irazusta), cursó la educación primaria y secundaria en la ciudad, estudió comunicación social y ciencias políticas en la UBA, y en 2000 partió a Europa para especializarse, residiendo actualmente en Suiza.Invitada por la municipalidad local, en el marco del programa de "Formación en Políticas Públicas", Welp dio una charla el martes pasado sobre las posibilidades que abren las nuevas tecnologías a la participación ciudadana. ¿QUIÉN DECIDEEN DEMOCRACIA? La politóloga sostuvo que a nivel global se debe lidiar con la "crisis de representatividad", que se expresa en un descrédito hacia el sistema político tradicional, que envuelve a los partidos y a entidades como los sindicatos.Sin embargo, recalcó que eso propiamente no es una crisis de la política. "Y esto porque en paralelo se ve una ciudadanía movilizada por muchas cosas. Creo que hay un nuevo paquete de demandas (trabajo, educación, medio ambiente, feminismo, mayor información y transparencia) que hace que la gente en algunos casos gane la calle", indicó."Antes se pedía al Estado eficiencia nada más. Ahora se pide mucho más que eso. También se pide que rinda cuentas de lo que hace", refirió en relación a que este estado de cosas ha revelado los límites de la democracia representativa tradicional.Las sociedades, así, suelen presionar desde abajo para incidir en la solución de los problemas, lo que ha dado lugar a crecientes dosis de democracia directa, un esquema más consolidado en países como Suiza, donde los referendos y las convocatorias de consulta a los ciudadanos son habituales."Luego que se aprueba una ley, en Suiza se abre un período de tres meses antes de que la ley entre en vigor, período en el cual los ciudadanos pueden revocar la norma. Las reformas constitucionales también pueden ser promovidas por la ciudadanía, presentando un proyecto de ley", dijo.Y añadió: "El gobierno suizo quería formar parte de la Unión Europea (UE), como miembro pleno. Se firmaron los acuerdos previos con las autoridades de Bruselas. Pero todo acuerdo internacional debe ser ratificado por la ciudadanía. Fue entonces que un referéndum popular desbarató el proyecto. Con mayoría clara de la población y de los cantones, se rechazó la inclusión a la UE".En Suiza, apuntó, el "nivel de confianza ciudadana" es altísimo. "Por ejemplo, el voto se hace por vía postal. Uno recibe las boletas y el sobre, y luego los deposita en el buzón de la esquina. Y a nadie se le ocurre violentar o robar el buzón. Es decir nadie pone en duda el sistema".Según la especialista, no se trata de trasplantar la experiencia suiza a Latinoamérica, porque se trata de realidades sociales muy distintas. "Creo, sí, que tenemos que inspirarnos y construir lo que nosotros podemos construir", dijo.Al respecto, sostuvo que mientras Argentina se muestra "tímida" en reformas políticas de este tipo, no ocurre lo mismo con otros países de la región, como Uruguay, "donde la ciudadanía junta firmas y si reúne cierto porcentaje puede vetar una ley".Una de las objeciones a la democracia directa es que el ciudadano medio, o la mayor parte de la gente, no conoce en profundidad los problemas públicos, razón por la cual resulta un riesgo consultarlo, y después seguir su temperamento."Para muchos se ve como un riesgo, es cierto. Y esto porque hay una desconfianza profunda hacia los saberes del ciudadano medio, para tomar decisiones. Mi respuesta es que se pueden cometer errores. Pero nuestros gobernantes tampoco nos dan garantías de que toman siempre la decisión correcta. En todo caso, hay que seguir apostando a la educación cívica, a favor de una ciudadanía más activa", subrayó Welp. EL CASO ARGENTINO Los politólogos han venido estudiando la experiencia de las asambleas barriales-populares en Argentina, tras la crisis de 2001-2002. Se trató de un fenómeno emergente de la crisis de representación política (que algunos creen que no ha terminado).Finalmente, el experimento no prosperó en los términos planteados por esos asambleístas, que en teoría venían a regenerar la política del país. Welp tiene su propia lectura de lo que pasó."Creo que lo que falló fue que se desechó de plano la política tradicional, algo que se pretendió sustituir con el acto de ir a reunirse en la plaza y la calle. Finalmente, después de la efervescencia, todo volvió a ser como antes", sostuvo.Y agregó: "Lo concreto es que no ha habido una reforma política fuerte en Argentina, que fue la aspiración del movimiento ciudadano. En mi opinión, eso ocurrió porque no se establecieron los puentes de contacto con la institucionalidad política tradicional".
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