El precio de la vergüenza
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Mónica Lewinsky, la becaria que se hizo famosa por su affaire con Bill Clinton se considera la "paciente cero" en perder la reputación personal a nivel global. Fue una de las primeras víctimas famosas de cyberbullying. Florencia Carbone Con todo lo maravilloso que trajo, la tecnología también tiene sus costados oscuros. El acoso cibernético o cyberbullying es, sin dudas, uno de los más preocupantes, "un mercado en el que la humillación pública es un producto, y la vergüenza es una industria", según Mónica Lewinsky.¿Se acuerdan de Mónica Lewinsky? Después de más de una década de silencio público, la becaria norteamericana que saltó a la fama por tener un affaire con el ex presidente Clinton (ver "El pasado de Mónica Lewinsky") reapareció. ¿Qué la movilizó? El suicidio de un chico de 18 años, en septiembre de 2010.Tyler Clementi cursaba el primer año de la Universidad de Rutgers cuando fue filmado -sin saberlo- por su compañero de cuarto mientras tenía relaciones íntimas con otro hombre. Cuando "el mundo online" conoció la historia, la burla y el cyberbullying arrancaron. Pocos días después, Tyler se suicidó."La crueldad con los demás no es nada nuevo. Pero online y tecnológicamente mejorada, se amplifica, es incontenible y de acceso permanente", dice Lewinsky.Es marzo de 2015. Mónica está vestida de negro, en medio del escenario como protagonista de una de las charlas TED (ver "Qué son las charlas TED"). A lo largo de 22 minutos contará por qué decidió romper el silencio y hará un mea culpa de lo sucedido años atrás."Fue hace sólo pocos meses cuando di mi primer discurso público en la Cumbre de Forbes para menores de 30, ante 1500 personas brillantes. En 1998, el mayor del grupo tenía sólo 14 años, y el más joven, sólo 4. Bromé acerca de que sólo algunos de ellos habrían escuchado hablar de mí a través de canciones de rap. Sí, estoy en casi 40 canciones de rap. Pero la noche de mi discurso pasó algo sorprendente. Tenía 41 y un chico de 27 quiso seducirme. Era encantador, me sentí halagada, y lo rechacé. ¿Saben cuál fue su fallido argumento de seducción? ¡Que podía hacerme sentirme como de 22 nuevamente! Más tarde pensé que probablemente sería la única persona de más de 40 que no quiere tener 22 años nuevamente", empieza contando. Lapidación multitudinaria y virtualY el relato de Lewinsky continúa: "A los 22 años me enamoré de mi jefe. Y a los 24 descubrí las devastadoras consecuencias. ¿Puede levantar la mano quien a los 22 no cometió un error o hizo algo que lamenta?" Más adelante dirá que el juicio apresurado, posibilitado por la tecnología, llevó a multitudes virtuales a lapidarla.Lewinsky recuerda el día en el que hablaba por teléfono con su madre sobre el caso de Tyler Clementi. "Mi madre estaba muy afectada por lo que le había pasado a Tyler y a su familia, estaba descompuesta del dolor de una manera que casi no me resultaba comprensible. Y con el tiempo me di cuenta de que estaba reviviendo 1998, una época en la que sentaba en mi cama cada noche, en que me hacía ducharme con la puerta del baño abierta, una época en la que mis padres temían que me humillarían hasta hacerme matar, literalmente".Lewinsky cree que aun hoy, muchos padres no han tenido la oportunidad de "intervenir y rescatar a sus seres queridos" y que muchos sólo han sabido del sufrimiento y humillación de sus hijos cuando ya era demasiado tarde.Dice que la trágica muerte sin sentido de Tyler fue un momento crucial para ella, que le sirvió para recontextualizar sus experiencias y que a partir de eso empezó a mirar el mundo de la humillación, la intimidación y el bullying y a ver algo diferente."En 1998 no teníamos forma de saber a dónde nos llevaría esta nueva tecnología llamada internet. Desde entonces, ha conectado a la gente de las maneras más inimaginable, uniendo a hermanos perdidos, salvando vidas, lanzando revoluciones, pero el lado oscuro, el acoso cibernético o cyberbullying, y la humillación de ser calificada mujerzuela que experimenté, se ha multiplicado. Cada día, online, la gente, y especialmente los más jóvenes, cuyo desarrollo no está a la altura aún para manejarse con esto, son maltratados y humillados de modo tal que no pueden imaginarse vivir hasta el día siguiente y algunos, por desgracia, no lo hacen. Y no hay nada virtual en eso", relata.Luego comparte algunos datos estadísticos. Childline, asociación no lucrativa del Reino Unido centrada en ayudar a los jóvenes, publicó una estadística muy preocupante: de 2012 a 2013, hubo un aumento de 87% de llamadas y correos electrónicos relacionados con el acoso cibernético. Un análisis hecho en los Países Bajos mostró que por primera vez el cyberbullying llevaba a ideas de suicidio mucho más significativamente que el acoso no cibernético."¿Y saben lo que me sorprendió, aunque no debería?, otra investigación determinó que la humillación es una emoción que se siente con más intensidad incluso que la felicidad o la ira", cuenta. Equivocarse a los 22"Como yo puede que a los 22 algunos de ustedes tomara por vías equivocadas y se enamoraran de la persona equivocada, tal vez incluso de su jefe. A diferencia mía, sin embargo, su jefe probablemente no era el presidente de los Estados Unidos. Por supuesto la vida está llena de sorpresas. No pasa un día sin que recuerde mi error, y lo lamento profundamente. En 1998, después de haber sido arrastrada a un romance improbable, me vi envuelta en una vorágine política, jurídica y mediática como nunca habíamos visto antes. Recuerden que hace sólo unos años, las noticias sólo se consumían a través de tres fuentes: leyendo un diario o una revista, escuchando radio o mirando televisión. En cambio este escándalo les llegó a través de la revolución digital. Eso significó que se podía acceder a toda la información que se quisiera, cuando uno quisiera y donde uno quisiera."Cuando la historia estalló, en enero de 1998, lo hizo online. Fue la primera vez que la fuente tradicional de noticias fue sustituida por internet para dar una noticia de último momento. Un click que retumbó en todo el mundo. Eso significó para mí pasar a ser, de la noche a la mañana, de una persona completamente privada a una figura públicamente humillada a nivel mundial. Fui la paciente cero en perder la reputación personal a escala global de modo casi instantáneo. Es cierto que fue antes de la explosión de las redes sociales, pero la gente ya podía comentar en línea, enviar correos electrónicos y por supuesto, enviar bromas crueles. Los medios ponían fotos mías por todas partes para vender más periódicos, anuncios en línea o mantener a la gente viendo televisión."¿Se acuerdan de una foto mía en particular? ¿La que tenía una boina? Bien, admito que cometí errores, especialmente usando esa boina. Pero la atención y enjuiciamiento que recibí -no la historia- no tenía precedentes. Fui vilipendiada como fulana, puta, zorra, guapa, tonta, y por supuesto, "esa mujer". Fui vista por muchos, pero en realidad pocos me conocían. Y lo entiendo, era fácil olvidar que esa mujer tenía una dimensión, un alma, y que alguna vez estuvo intacta. Cuando me pasó esto, hace 17 años esto no tenía nombre. Ahora lo llaman acoso cibernético (cyberbullying).Lewinsky explica que decidió compartir su experiencia para ayudar a que otros sufran menos. Comentó que en 1998 perdió su reputación y dignidad. "Perdí casi todo, y casi pierdo mi vida". La traición de un amigo"Dejen que les pinte el cuadro. Es septiembre de 1998, estoy sentada en una oficina sin ventanas, en la Oficina del Asesor Independiente bajo el zumbido de las luces fluorescentes. Estoy escuchando el sonido de mi voz en llamadas telefónicas grabadas de modo encubierto que una supuesta amiga me había hecho el año anterior. Estoy ahí por requerimiento legal para autentificar personalmente las 20 horas de conversación grabada. Durante los últimos 8 meses, el contenido misterioso de estas cintas cayó como una espada de Damocles sobre mi cabeza. Quiero decir, ¿quién recuerda lo que dijo hace un año? Asustada y mortificada escucho mientras parloteo de esto y lo otro de la jornada, cómo confieso mi amor por el Presidente y, por supuesto, mi corazón roto. Me escucho a veces pícara, a veces grosera, a veces tonta, cruel, implacable, maleducada. Escucho profunda, profunda, profundamente avergonzada mi peor versión. Una que yo misma ni siquiera conocía."Unos días más tarde el Informe Starr se pone a disposición del Congreso y todas esas cintas y transcripciones, esas palabras robadas, forman parte del mismo. Que las personas puedan leer esas transcripciones ya es horrible, pero unas semanas después las cintas de audio se emiten por televisión y varios tramos están disponibles online. La humillación pública era insoportable. La vida era casi insoportable. Esto no era algo que pasara muy seguido en 1998. Me refiero al robo de palabras de uso privado, acciones de personas, acciones o fotos para luego hacerlos públicos, sin consentimiento, fuera de contexto y sin compasión."Adelantemos 12 años a 2010. Las redes sociales ya nacieron. El paisaje se pobló con muchos casos como el mío sea o no que alguien cometió un error y ahora abarca tanto a las personas públicas como a las privadas. Las consecuencias para algunos se han convertido en grave, muy graves. El eco de la vergüenza se usaba sólo para ampliar su alcance a tu familia, escuela o comunidad. Pero ahora es también a la comunidad online. Millones de personas, mayoritariamente de modo anónimo, pueden apuñalar con sus palabras, y eso produce gran dolor. Y no hay perímetro alrededor de cuántas personas pueden observarte públicamente y ponerte en una empalizada pública."Hay un precio muy personal para la humillación pública. Y el crecimiento de internet aumentó ese precio. Durante casi dos décadas, poco a poco, hemos estado sembrando las semillas de la vergüenza y la humillación públicas en nuestro suelo cultural, tanto online, como offline. Sitos web de chismes, paparazzi, programas de política, agencias de noticias y a veces hackers, componen el tráfico de la vergüenza. Eso dio lugar a una suerte de pérdida de sensibilidad sobre el tema y a la creación de un ambiente permisivo online que se presta a la pesca, a la invasión de la privacidad, y al acoso cibernético. Cultura de la humillación"Este cambio creó lo que el profesor Nicolaus Mills llama una cultura de la humillación. Piensen en algunos ejemplos destacados de los últimos meses. Snapchat, el servicio que usan sobre todo las generaciones más jóvenes, dice que sus mensajes tienen una vida útil de unos pocos segundos. Se pueden imaginar la variedad de contenido que corre. Una aplicación que los usuarios de Snapchat usan para preservar la vida de los mensajes fue hackeada y 100.000 conversaciones, fotos y videos se publicaron en línea y ahora tienen una vida perpetua. A Jennifer Lawrence y a otros actores les han hackeado sus cuentas en iCloud y fotos íntimas, privadas, se divulgaron por internet sin su permiso. Un sitio web de chismes tuvo más de cinco millones de visitas por esa historia."Pero en esta cultura de la humillación hay otro tipo de etiqueta de precio a pagar adjunta a la de la humillación pública. El precio no mide el costo de la víctima, que Tyler y muchos otros que en particular y representantes de las minorías han pagado y pagan, sino el beneficio de quienes se aprovechan de ellos."Esta invasión de los demás es una materia prima aprovechada eficientemente y sin piedad, empaquetada y vendida con beneficio. Ha surgido un mercado en el que la humillación pública es un producto y la vergüenza es una industria. ¿Cómo se hace el dinero? Clics. A más vergüenza, más clics. A más clics, más dólares por publicidad. Estamos en un ciclo peligroso. Cuantos más clics damos a este tipo de chismes, más insensibles nos hacemos a las vidas humanas detrás de los clics, y cuanto más insensibles nos hacemos, más clics damos. Al mismo tiempo, hay alguien que está haciendo dinero entre bambalinas con el sufrimiento de otra persona."Con cada clic hacemos una elección. Cuanto más saturemos nuestra cultura con la humillación pública, más aceptada será, con más frecuencia veremos comportamientos como el ciberacoso (cyberbullying), distintas formas de piratería y acoso en línea. ¿Por qué? Porque todos ellos tienen la humillación en su médula. Este comportamiento es un síntoma de la cultura que hemos creado. Cambiar comportamientos empieza por cambiar creencias y hemos visto que eso es así con el racismo, la homofobia, y un montón de otros sesgos en el presente y en el pasado."En lo que se refiere a nuestra cultura de la humillación, lo que necesitamos es una revolución cultural. La humillación pública como deporte sanguinario tiene que terminar y es tiempo para una intervención en internet y en nuestra cultura. El cambio comienza con algo sencillo pero no es fácil. Tenemos que volver a valores de larga data como la compasión y la empatía. Cuando estamos online hay un déficit de compasión y una crisis de empatía. La investigadora Brene Brown dijo: "La vergüenza no puede sobrevivir a la empatía"."En el mundo virtual podemos fomentar la influencia de la minoría volviéndonos íntegros. Convertirnos en personas íntegras significa que en lugar de la apatía del espectador podemos publicar un comentario positivo a alguien o reportar una situación de intimidación o bullying. Créanme, comentarios compasivos ayudan a combatir la negatividad. También podemos contrarrestar la cultura mediante el apoyo a organizaciones que tratan este tipo de problemas.Para el final, Lewinsky señala algo interesante: "Hablamos mucho de nuestro derecho a la libertad de expresión, pero tenemos que hablar más de nuestra responsabilidad con la libertad de expresión. Necesitamos comunicarnos online con compasión, consumir noticias con compasión, y hacer clicks con compasión". El pasado de Mónica LewinskyMónica Samille Lewinsky nació en San Francisco, California, el 23 de julio de 1973. A los 22 años, cuando recién había terminado la carrera de psicología en el Clark & Lewis College, ingresó como becaria no remunerada en la Casa Blanca y luego fue contratada como funcionaria de la oficina de asuntos legislativos, cargo que la relacionó de inmediato con el presidente norteamericano, Bill Clinton.En aquél tiempo nadie imaginaba lo que ella misma finalmente confesó: entre noviembre de 1995 y marzo de 1997, Lewinsky tuvo al menos 9 encuentros sexuales con Bill Clinton -varios de ellos en el salón oval de la Casa Blanca-.El escándalo estalló en enero de 1998. Fue entonces cuando trascendió de modo público la relación entre la becaria de 22 años y el presidente Clinton. Lewinsky se lo había confiado a una amiga (Linda Tripp, una funcionaria que trabajaba en el Ministerio de Defensa con quien a pesar de la diferencia de edad se habían hecho muy compinches) durante varias charlas telefónicas que su colega grabó -sin que ella lo supiera- y luego decidió entregar al fiscal especial Kenneth Starr, que investigaba a Clinton por otros asuntos.Su repercusión durante el juicio político a Clinton fue tal que hasta hizo que el caso llegara a ser conocido como el "Escándalo Lewinsky" o el "Monicagate". El tema saturó la cobertura de los medios, desde los faranduleros y amarillistas a los tradicionales.Bajo juramento Clinton negó haber tenido una "relación sexual impropia" con Lewinsky y fue hallado culpable de perjurio y obstrucción de la Justicia, delitos que en diciembre de 1988 el Congreso -entonces bajo control de la oposición republicana- consideró causal para iniciar un juicio para su destitución. Sin embargo, no lograron los votos suficientes en ambas cámaras para condenarlo y todo terminó en febrero de 1999 con su absolución. Qué son las charlas TEDTED (Tecnología, Entretenimiento, Diseño), es una organización sin fines de lucro dedicada a las "Ideas dignas de difundir". Empezó como una conferencia de cuatro días en California, en 1984, y creció para apoyar a aquellas ideas que intentan cambiar el mundo por medio de distintas iniciativas.En los eventos TED, los principales pensadores y hacedores del mundo son invitados a dar la charla de su vida en 18 minutos o menos. Los oradores TED han incluido a los fundadores de Google Sergey Brin y Larry Page, Isabel Allende, Elizabeth Gilbert (autora de Comer, rezar, amar), Benoit Mandelbrot (matemático polaco), Philippe Starck (diseñador industrial francés), y Ngozi Okonjo-Iweala (política nigeriana), entre muchos otros.En TED.com, las charlas de los eventos TED son compartidas gratuitamente con todo el mundo. Cada día se publica una nueva charla, que es subtitulada en muchos idiomas a través de una red global de voluntarios.Para tener una idea de la variedad de argumentos, entre las más vistas y compartidas en la historia de la organización figuran títulos como: "Cómo las escuelas matan la creatividad", de Ken Robinson; "Tu lenguaje corporal le da forma a quien eres", de Amy Cuddy; "Cómo los grandes líderes inspiran a la acción", de Simon Sinek; "El poder de la vulnerabilidad", de Brené Brown; "El derramar de mi visión", de Jill Bolte Taylor; "El emocionante potencial de la tecnología del sexto sentido", de Pranav Mistry; "10 cosas que no sabías sobre el orgasmo", de Mary Roach; "Porqué hacemos lo que hacemos", de Tony Robbins; "El rompecabezas de la motivación", de Dan Pink; "Los asombros submarinos", de David Gallo; "El poder de los introvertidos", de Susan Cain; y "La apariencia no lo es todo... Créeme, soy una modelo", de Cameron Russell.
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