“El problema son los adultos que asumen una actitud adolescente”
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Fernando Cervera, sacerdote jesuita miembro de la Pastoral de Adicciones del Episcopado Argentino, dio una charla a alumnos, docentes y padres del Instituto Malvina S. de Clavarino, y habló con EL DIA sobre la problemática. Por Marcelo Lorenzo - Aunque los fenómenos están vinculados, una cosa es el narcotráfico y otra es la cuestión de las adicciones...Fernando Cervera:- Sí. Es importante deslindar estas dos cuestiones. Se sabe que las adicciones se producen porque hay una oferta permitida o no controlada o no prohibida. Y si bien es cierto que la oferta favorece evidentemente el crecimiento del consumo, la demanda está en nosotros, en la sociedad. Y en las dos esferas, que obviamente se relacionan, existen dificultades. Por un lado las de las autoridades para enfrentar, por equis causa, a los traficantes, y las de todos nosotros para poner límites, marcar rumbos, para valorar otras cosas que no tengan que ver con la solución consumista. - ¿Qué responsabilidad le atribuye a los adultos en las adicciones juveniles?- Hoy en el encuentro que tuve con los alumnos, uno de ellos justamente planteó la falta de interés. El adulto no se interesa por el adolescente. Cuando lo hace es porque las cosas ya sucedieron o cuando las papas queman. Pero no es la cuestión. La cuestión e interesarse por la personas en sí mismas desde siempre. Otro punto que me parece relevante es estar presentes. Es decir, tener una actitud de predisposición constante a escuchar y a involucrarse en la vida de los chicos. Éstos necesitan que los adultos estemos metidos. - ¿Cree, en este sentido, que algunos adultos o padres han desertado de su rol?- Totalmente. Hay deserción generacional. Este es un fenómeno de época: adultos que no quieren serlo y adoptan una actitud adolescente ante la vida. Por ejemplo, cuando de ellos se piden afirmaciones, convicciones firmes ante problemas de la vida, dicen: 'yo opino esto'. Es decir, cuando nos enfrentamos con las cosas que no sabemos manejar, los adultos simplemente opinamos. Nos paramos como adolescentes frente a cuestiones que nos exigen sostener, decidir. Pero muchas veces los "pareceres" no bastan. Las cosas funcionan con convicciones, con experiencias de vida y funcionan desde ese lugar donde hay que hacer opciones vitales trascendentes. Nadie quiere ser mayor- ¿Puede haber, acaso, un "complejo" de ser adulto?- Se pueden ver las cosas en esos términos. Y se ve en algunos razonamientos, como sostener: 'dado que contra la droga no se puede, entonces legalicémosla. Como no queda otra, como el narcotráfico es incontrolable, aceptemos los hechos consumados por vía legal'. El argumento es muy adolescente. - Sin embargo, hay psicólogos que sostienen que son los hijos los que piden límites. ¿Usted qué piensa?- Que es así. Quieren un padre o una madre que los guíen, no un adolescente como ellos. Los chicos piden la presencia del adulto para que los escuchen y para que les pongan límites. Estamos hablando de límites fundamentales, vinculados al cuidado del otro. Son límites que se basan en el interés por la otra persona, que generen en ella la idea de que alguien los ama y está preocupado por su vida. Si no hay esto, el chico no se siente cuidado, protegido. Por otra parte, el chico no aprende a ponerse límites él mismo. Y ahí está la función del adulto. Aunque también aquí cabría hacerse esta pregunta: ¿los adultos saben ponerse límites a ellos mismos? Si no lo hacen, ¿cómo podrán hacerlo con los más chicos? - La sociedad de consumo parece exaltar el valor de la adolescencia como etapa deseable frente a la adultez...- De un tiempo a esta parte la adolescencia, que es un fenómeno básicamente psicológico, social y también espiritual, se convirtió en un mito consumista. Es decir, hay una idealización de esta edad, como síntesis de la vitalidad. De aquí emerge el mandato de que hay que 'estar siempre joven'. Y esto puede crear o alimentar entre los adolescentes la idea equivocada de que son invencibles, de que hagan lo que hagan, nada les pasará. El mensaje global cultural es que todos tenemos que ser adolescentes. Y queda bien opinar y actuar desde este lugar. Pero sabemos que los chicos, en esta fase vital, están en proceso de formación, al mismo tiempo que están sometidos a conflictos internos, propios de la edad (...) Pero los adultos no nos podemos hacer los desentendidos. Vuelvo a la importancia de las tres cosas: presencia, interés y límites. Esto es responsabilidad no sólo de los padres sino del resto de la sociedad adulta, y aquí incluyo tanto a los maestros como a los que ocupan algún puesto de dirección. Creo que ha declinado el interés por la trasmisión cultural y de valores a las nuevas generaciones. Es decir, lo que es bueno hacer para el futuro. Muchos adultos estamos dando la imagen de que la vida se termina con nosotros, y que no nos importan los que vienen. El papel de la escuela - ¿Alrededor de qué eje giraría una prevención de las adicciones en la escuela?- La escuela es de por sí un entrenamiento para la vida. Es el puente que el chico tiene entre su familia y la sociedad. Esto en términos generales. Entonces todo lo que haga la escuela es preventivo de por sí. Si lo hace a conciencia, si lo hace con una meta, si lo hace con un claro proyecto, va a ser preventivo sin dudas. Todo lo que sucede en la escuela tiene un significado. Y eso enriquece mucho simbólicamente al chico. Le plantea valores, metas, principios. Y el docente, que puede tener defectos, es percibido por el chico como alguien que no lo va a manipular. Es decir, en este ámbito se da una confianza básica que es la que se necesita para el aprendizaje y para el entrenamiento ante los conflictos. - Más allá de la problemática juvenil, convengamos que las adicciones atraviesan toda la trama social...- A algunos las drogas les dan, aparentemente, más rendimiento y otros las requieren porque les proporcionan cierto tipo de experiencias. Y todas estas cosas tienen en el imaginario social un cierto estatus. Existe, además, otro tipo de "drogas". Existen el sexo-adicto y el ludópata. En el caso del juego de azar, los casinos y los bingos son sitios donde también se desafía al destino. El riesgo aquí es que el juego haga a la persona dependiente de la "buena suerte" y de otras esperanzas, alejándola de la labor honesta, del trabajo serio y del esfuerzo productivo. Alcohol sinónimo de diversión- Hay quienes piensan que el negocio de la bebida, a través del marketing, ha logrado igualar diversión juvenil con alcohol. ¿Coincide con esto?- Sin lugar a dudas. El alcohol tiene hoy día un lugar simbólico clave en el imaginario juvenil, producto de la mercantilización. Es la sustancia que permite divertirse. Es más, no existe diversión sin alcohol. Si no está la botella no hay alegría. Pero esta es una cultura impuesta que no mide que el abuso del alcohol abre las puertas a las adicciones. Estamos hablando de una droga socialmente aceptada, cuyo consumo está produciendo estragos a una edad muy temprana. - Algunas estadísticas, incluso judiciales, relacionan estrechamente delito juvenil con drogas...- Esto tiene varias lecturas. Probablemente se hayan incrementado los casos en que se cometieron delitos bajo efectos de sustancias psicoactivas. Pero también es cierto que las sustancias prohibidas le hacen el juego a los problemas que tenemos de exclusión social. No debemos aislar el comportamiento delictivo del cuadro de falta de oportunidades en el que crecen y viven algunos menores. El gran narcotráfico, por ejemplo, recluta "mano de obra barata" en este contexto. Como se ve, el tema es muy complejo. Prevención, antes que despenalización - ¿Por qué la Iglesia Católica no está de acuerdo con despenalizar el consumo de marihuana?- Porque cree que antes hay que ocuparse de la prevención. La idea es que tengamos políticas claras y globales sobre el tema. Por supuesto que no se trata de "criminalizar" al adicto, al cual hay que ayudar. De lo que se trata es de atacar el flagelo de la droga, utilizando todas las políticas al alcance. Y el Estado tiene la responsabilidad de velar por la salud pública. Debemos preguntarnos, en este sentido, si la despenalización no influiría en el imaginario social, sobre todo en las poblaciones más vulnerables, instalando la idea que las drogas no hacen daño. Las políticas públicas deberían desalentar el consumo de drogas. Para ello es clave una estrategia que promueva la educación, la prevención y la salud, sobre todo entre nuestros jóvenes y adolescentes.
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