“El recuerdo de la AMIA es una mochila que voy a cargar toda la vida”
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César Gómez tiene 52 años y es bombero de profesión, vocación y de alma. Le dedicó la vida a un trabajo en el que las bases son el riesgo y la solidaridad hacia el otro. A 23 años del atentado a la AMIA, recordó cómo fue trabajar en medio del caos y la muerte.Por Mónica FarabelloEl paso del tiempo hace que nos olvidemos de algunas secuencias, pero lo que nunca se borran son las sensaciones, los olores, el sentimiento de miedo o de angustia que nos generó determinada circunstancia.César Gómez tiene 52 años y es comenzó siendo bombero voluntario en el año 1981. A los nueve años comenzó a dar vueltas por el cuartel. Cursó sus estudios primarios en la escuela Rocamora y cuando su mamá iba a buscarlo a la salida, él le pedía que pasaran por la puerta del cuartel.Dice que a todos los chicos les pasaba lo mismo, pero lo de César, sin dudas era especial. Su mamá lo acompañaba y se paraba en la vereda de enfrente a observar el trabajo de los bomberos y sus autobombas, a la espera que alguien lo invite a pasar a ver los camiones bien de cerca.Esperó hasta los 16 años y con la edad que ya se lo permitía, fue rápidamente a confeccionar su ficha de ingreso. Después de seis largos meses de espera, finalmente fue aceptado en el cuartel."Ingresé a la academia de capacitación que nos daban en aquella época. Ingresé como cadete. Eran otras épocas, donde nos formaban en un curso básico; salíamos a emergencias, accidentes e incendios. Hoy no es así por el tema de los seguros, después de un gran siniestro donde fallecieron 27 bomberos en el sur, en un incendio forestal", recuerda César Gómez.¿Por qué te vas de Gualeguaychú a Buenos Aires, donde te encuentran estos dos ataques terroristas? -Siempre supe que quería ser bombero, así que a los 18 años decidí trabajar de bombero, y como de bombero voluntario no podía vivir, ni mantener y formar una familia con mi trabajo, comencé a buscar alternativas.El oficial Piatti estaba en Bomberos de la Policía Federal, y a través de una persona de Gualeguaychú me contactó con él un día. Le manifesté las intenciones de ir a formar parte de Bomberos de la Federal. Me dio una mano para hacer el ingreso. Fui al instituto de formación de ellos y ahí me recibí como bombero.Después del año finalizamos la escuela y vamos a un plan piloto donde pasamos por diferentes cuarteles del área urbana. Algunos cuarteles tienen unidades que no son convencionales: de mecánica, elevadores y todo lo que es trabajo en altura. Nos vamos formando en diferentes especialidades dentro de lo que es la tarea urbana. Después de esto, tuve mi primer cuartel en Mataderos, Capital Federal. Es un lugar donde había muchas villas de emergencia, donde está Ciudad Oculta. ¿Ahí ya tenías decidido instalarte en Capital Federal para vivir definitivamente?-Sí. En el año '85 alquilé un departamento y me fui a vivir a Buenos Aires. Estuve en Mataderos, Recoleta, en cuartel central los últimos 15 años.Mi esposa es de Gualeguaychú y se fue conmigo a Buenos Aires. Trabajó de profesora. Tuvimos dos hijos, y ahora mi hija tiene 22 años y el varón tiene 19 y viven en Buenos Aires. Pude formar mi familia y trabajar en lo que me gustaba a mí.¿Cómo viviste el primer atentado que vivió Argentina?-Fue el 17 de marzo del 1992 en la Embajada de Israel. Yo tenía 27 años y aún no habían nacido mis hijos. Estaba de franco y en esa época no existía el celular, entonces llegó a mi departamento una citación escrita, un telegrama.Cuando llego casa mi señora me lo muestra y me dice: "Hubo una explosión en el centro. Convocan a todos los bomberos".Inmediatamente me fui para el cuartel. Pasadas las 17 fue el atentado de la Embajada y a mí me tocó trabajar enfrente donde había una iglesia y un jardín de infantes.¿Con qué te encontraste? ¿Qué es lo que se veía?-Todo derrumbado. Había polvo, humo. Todavía caían restos de mampostería. Derrumbes, estructuras colapsadas. La mayor cantidad de los bomberos estaban trabajando concretamente en lo que era el escenario de lo que había quedado de la Embajada. El jefe a cargo fue distribuyendo tareas a medida que íbamos llegando nosotros. Obviamente estuvimos a minutos de lo ocurrido.Nos enviaron directamente a la zona del atentado. Ahí recibimos la orden de la dotación en la que yo participé, de realizar una inspección en todo lo que era la parte de enfrente. Concretamente en la iglesia. ¿Cuántas horas trabajaron con ese panorama?-Fueron muchas horas. Después de finalizado el rescate de las víctimas, fuimos a dar una mano a lo que quedaba de la embajada. Seguimos sacando escombros, haciendo pasamano con baldes.La AMIA: un capítulo imborrableTan sólo dos años más tarde, el 18 de julio de 1994, Argentina volvía a sacudirse por un nuevo atentado terrorista. Las imágenes de los noticieros parecían repetirse una y otra vez: ambulancias, cordón policial, bomberos, prensa y caos, mucho caos, dolor y escombros.César Gómez recuerda que el día que explotó la AMIA, estaban de guardia en el cuartel ubicado a sólo 17 cuadras. "Habíamos entrado de guardia el 18 de julio a las 8 de la mañana. Esto fue a las 9 y algo de la mañana. Escuchamos una detonación lejos pero nunca pensamos que se podía tratar de un acto terrorista. A escasos minutos se encendió la alarma interna que nos indicaba una salida por una explosión de volumen con personas atrapadas". ¿No se te vino a la cabeza lo de la Embajada? -En un primer momento no. Después, cuando habíamos hecho unas cinco o seis cuadras todos empezamos a ver el pánico que había cuando llegamos a la zona. Estábamos a 10 cuadras y no podíamos avanzar con el camión.A medida que íbamos transitando ya era imposible. La gente deambulaba de un lado para el otro como perdida, aturdida. Dejamos el camión y la persona que estaba a cargo nos ordenó que descendiéramos. Toda la gente nos indicaba hacia dónde teníamos que ir. Tomamos la calle Pasteur a pie.Cuando íbamos llegando nos encontramos con las primeras víctimas; si mal no recuerdo eran cerca de 18 fuera del edificio. Y más de 80 adentro.Nos encontramos con personas con restos metálicos incrustados y vivas. Los asistimos. Los llevamos a las ambulancias que tampoco daban abasto. Fue un verdadero caos sinceramente. ¿En qué zona te designaron trabajar?-A mí y a mis compañeros nos mandaron a un subsuelo con agua hasta las rodillas, sacando ladrillo por ladrillo. Eso fue durante el día. Después se fue haciendo la noche y sentí que estaba apoyado en algo que no era muy rígido. Empecé a sacar escombros y me di cuenta que estaba parado encima del tórax de una persona fallecida.Muchas personas con vida fueron rescatadas por el grupo de rescate. Percibíamos que había una persona viva y automáticamente venía un operador del grupo especial de rescate.Nosotros trabajamos mucho en sacar personas que estaban fallecidas y tratando de limpiar el terreno.¿Cómo se convive con esos recuerdos?-Hago lo posible por olvidar muchas cosas. Lo que uno no puede olvidar son las fechas: 17 de marzo, 18 de julio. He participado de montones de rescates, salvamentos, choques, accidentes, hasta de sacar una criatura que la atrapó el ascensor y tuvieron que cortarle las dos piernas. Nada de todo eso me impactó tanto como esto. No estábamos preparados para tanto.Es diferente trabajar en un ambiente explosión de volumen por una fuga de gas. La diferencia es que en un atentado terrorista con explosivos, todas las estructuras quedan colapsadas y a punto de derrumbarse.Recuerdo perfecto el pasamano en la montaña de escombros: iban y venían los baldes de diferentes columnas. Bajaban con escombros.Cuando alguien percibía o escuchaba un ruido, se sentía una voz de alto. El silencio era total en la oscuridad; se apagaban las luces y todo el mundo hacía silencio para detectar dónde había una persona. ¿Qué es el terrorismo?César Gómez lo define lisa y llanamente como "una locura. No entiendo cómo puede pasar por la cabeza de una persona actuar bajo ese extremismo, pero estoy convencido que debe haber personas que saben por qué sucedieron las cosas; no tengo dudas. Nosotros no lo sabemos, pero que hubo un apoyo local no hay dudas".DATOS85 MUERTOS Y 300 HERIDOSFue el saldo en el ataque a la AMIA22 MUERTOS Y 242 HERIDOSResultaron del ataque en la Embajada de Israel.
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