El resurgimiento del vino local
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Hacia fines del siglo XIX hubo aquí viñateros artesanales, pero luego la actividad desapareció. Hoy las vides renacen de la mano de entusiastas emprendedores.Marcelo Lorenzo Néstor Ianni, propietario de los viñedos "Altos del Potrero", y José Luis y Matías Colombo, que construyen una bodega en la zona sur de la ciudad, protagonizan por estos días el retorno de una producción olvidada en la zona, de la que no se tenía noticia desde principios del siglo XX.Mientras la finca "Altos del Potrero" ya envasó varietales como Sauvignon Blanc, Cabernet Franc y Syrah, ejemplares que se pueden adquirir en el circuito doméstico, el complejo turístico y hotelero "Las Magnolias", de los Colombo, que tendrá su propia bodega y producirá vinos para consumo interno, está en plena construcción y sus viñedos en etapa experimental.Pero estos emprendimientos recientes, más allá de que reflejan una actividad productiva poco tradicional, no son una novedad absoluta sino que en realidad reflotan una práctica agrícola añeja.Ocurre que hay una historia del cultivo de vid y de producción de vinos en Entre Ríos y también en esta zona sur. Alguna vez la rica tierra de Urquiza tuvo viñedos de calidad, plantados por inmigrantes europeos en el siglo XIX.Sin embargo esta agroindustria entrerriana, que había alcanzado un desarrollo extraordinario (4° lugar en el Censo Nacional de Viñas de 1907 con 4.000 hectáreas), fue destruida de cuajo en 1930, por una disposición del gobierno de Agustín P. Justo (paradójicamente un entrerriano de Concepción del Uruguay).En efecto, la ley N°12.137, que estableció la prohibición de producir vino fuera de la zona de Cuyo, hizo que cerraran alrededor de 60 bodegas entrerrianas. Fue una especie de extermino económico que hizo desaparecer por décadas a Entre Ríos como productora de vino.Esta saga de una industria floreciente que murió aplastada por la política centralista y burocrática, probablemente sea uno de los episodios más dramáticos de la economía provincial.Esta situación ha empezado a revertirse luego de que el Congreso de la Nación, en 1993, decidiera derogar esa desafortunada prohibición. Desde entonces Entre Ríos ha retomado con fuerza esta antigua producción, en muchos casos de la mano de los descendientes de los antiguos colonos. QUÉ HABÍA AQUÍ Quien ha dejado constancia de las peripecias del vino entrerriano es la historiadora Susana T.P. de Domínguez Soler, autora del libro "Entre Ríos. Vinos y Viñas" (2000).En diálogo con este diario, la investigadora señaló que aunque en toda la provincia hubo viñas, la zona vitivinícola por excelencia, la que poseía una verdadera industria, comprendía la zona centro y norte en la Costa del Uruguay, es decir Colón, Villa Elisa, San José y sobre todo Concordia.En el caso de Gualeguaychú el censo de 1883 revela que en el departamento llegó a haber 20 hectáreas destinadas a las vides, pero ya en 1895 la producción aparece disminuida a sólo 6 hectáreas."Hay que tener en cuenta que los vitivinicultores de 1883 no habían construido bodegas. Yo los calificaría como artesanales. Casi siempre los productores eran inmigrantes y elaboraban vinos como lo hacían en su patria de origen, por lo general para tomarlo en familia o con amigos", explicó.Domínguez Soler señaló que la mayoría de la documentación disponible "se refieren a Concordia, Colón, Federación, Paraná y Victoria, en donde continuó la producción hasta que se prohibió fuera de la zona de Cuyo".Por el contrario hay escasos datos sobre la actividad viñatera en Gualeguaychú, donde no se han podido siquiera establecer los nombres de los pequeños productores, apuntó la historiadora. EL RESURGIR EN EL SUR Cabría especular que el cultivo de la vid en Gualeguaychú, siempre de carácter artesanal y doméstico, y que dejó pocas huellas historiográficas, virtualmente desapareció, sobre todo tras la prohibición.Pues bien, se diría que después de casi un siglo de inactividad esta práctica productiva empezó a resurgir en la zona en los últimos años. Esto de la mano de entusiastas que aspiran que sus desarrollos vitivinícolas no queden a la zaga de los de Colón y Victoria, ciudades que hoy lideran el boom del vino entrerriano.El pionero de este renacer lugareño no es oriundo de Gualeguaychú sino del sur de Santa Fe. En efecto, Néstor Ianni le contó a este diario que recaló aquí después de la crisis del corralito (2003), deseoso de empezar de nuevo y con un sueño que venía persiguiendo de antes: hacerse viñatero.Según su testimonio, compró una chacra de la familia Barbará, situada en El Potrero, con el propósito de hacerla productiva. "En 2012, durante las vacaciones de invierno que hicimos con mi familia en el Uruguay me sorprendieron los viñedos que había en el lugar. Empecé a preguntar y allí me dijeron que en Entre Ríos habían vuelto a plantar viñedos. Yo ni enterado estaba", comentó.Fue entonces que se decidió a plantar vides en la chacra de su propiedad, luego de asesorarse con algunos especialistas y de tomar contacto con Jesús Vulliez, dueño de la bodega Vulliez Sermet, de Colón, quien lo ayudó a empezar con el emprendimiento.Sin demasiado capital, siempre con el apoyo de su familia y "a pulmón" como él destaca, Ianni implantó entonces en su terreno de una hectárea variedades francesas que, según dijo, son las que mejor se adaptan a esta zona: Sauvignon Blanc, Cabernet Franc y Viognier. El año pasado Ianni cosechó 2.000 kilos de materia prima y 6.000 kilos esta temporada.Aunque admitió que en esta zona la humedad ambiente no es la más recomendable para cultivar vides, plantas que necesitan de un clima seco, el entrevistado resaltó que en la Costa del Uruguay existen condiciones de tierra y clima similares a las de Burdeos (Francia), donde se hacen excelentes vinos.La vendimia que produce la finca Altos del Potrero es trasladada a la bodega Vulliez Sermet, donde la uva se transforma en vino y se realiza el embotellado. Otros 20 viñateros entrerrianos también llevan su producción a esa bodega boutique, donde tiene lugar el proceso de fabricación del vino."Soy formalmente un viñatero", explicó al referir que está inscripto en el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV), organismo de certificación y control de la producción.Las alrededor de 2.000 botellas de Altos del Potrero, fruto de la vendimia 2016, se han puesto a la venta en vinotecas de la ciudad y de otras provincias. El cálculo es que este año la marca producirá entre 5.000 y 6.000 botellas.Ianni es miembro de la Asociación de Vitivinicultores de Entre Ríos (AVER), que reúne a un sector de la economía provincial que cuenta con unos 100 viñedos distribuidos en poco más de 100 hectáreas.El otro emprendimiento viñatero local es el que proyectan José Luis y Matías Colombo en la chacra de Molinari, ubicada al sur de la ciudad, donde han implantado 1,5 hectárea de vides, las cuales se hallan en etapa de prueba.José Luis Colombo, uno de los propietarios, le explicó a El Día que allí la producción de vino estará integrada a un complejo turístico y hotelero que están levantando en el lugar, llamado "Las Magnolias", el cual estaría terminado en tres años."La idea es que el vino que se produzca se consuma en el complejo", comentó Colombo, quien además informó que el proyecto incluye la elaboración del vino, para lo cual ya se está construyendo una bodega que tendrá una capacidad de producción aproximada de 20.000 litros."Todavía las viñas son jóvenes. Tienen 2 años y según los expertos necesitan 4 o 5 años para que las uvas tengan fuerza y calidad", apuntó Colombo.También aclaró que "este año hicimos unos litros de Malbec y salió bastante bien; estamos muy conformes" y al respecto contó que ya han realizado varias degustaciones con amigos y gente de la ciudad, y han sido un éxito.Según dijo, el emprendimiento apostará a tres cepas: Malbec, Tannat y Marselan; ésta última muy recomendada para esta región por los expertos franceses (se puede cosechar más temprano que las otras, evitando así las lluvias de febrero que pueden estropear las uvas).Colombo dijo que tras adquirir la chacra de Molinari se han dedicado a poner en valor el sitio, sobre todo la casa antigua. "La reciclamos entera para que albergue confitería, comedor y parrilla. Luego iremos armando el hotel. Ya hicimos dos piletas de natación y estamos parquizando. Además de la viña, también plantamos citrus", relató al describir lo que se está haciendo en el lugar.
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