El trato que les damos a los árboles de la ciudad
:format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/adjuntos/240/imagenes/000/511/0000511833.jpg)
¿La comunidad local tiene noción de la importancia del arbolado urbano? Con el árbol ocurre igual que con otras cosas: como es algo común y cotidiano, no reparamos en los beneficios que comporta su existencia. Marcelo Lorenzo El ser humano suele ser sensible ante las cosas que no tiene. Su valoración gira, de este modo, sobre las cualidades o patrimonios ajenos, y hay quienes ven aquí el origen de la envidia.El problema es que al estar concentrado en la privación, suele pasar por alto lo que ya se posee.Pero la percepción cambia radicalmente ante la pérdida de aquel bien del cual disfrutaba inconscientemente, cuya segura posesión lo hacía pasar inadvertido hasta ese momento.La riqueza, la salud, los amigos, así, aspectos de la vida que nos hacen felices, empiezan a valorarse cuando se pierden. Caemos en la cuenta entonces de que, al darlos por descontados, nunca se nos ocurrió preguntarnos sobre su inexistencia.Eso probablemente nos hubiera ayudado a precavernos por todos los medios contra su pérdida. ¿Por qué no esforzarnos cada tanto, entonces, por indagar qué pasaría si no tuviéramos aquellos bienes que poseemos?El método podría significar un ejercicio mental cívico a favor de apreciar aquellas cosas de la "casa grande", como cabría llamar a la ciudad, que hacen que nuestra vida sea mejor, pero que pasan desapercibidas a nuestra conciencia porque descontamos su existencia.En este sentido, ¿se puede imaginar una ciudad sin árboles? ¿Qué sería de Gualeguaychú sin la presencia de estos seres vivos que nos dan sombra, regulan la temperatura, purifican el aire, protegen el suelo, albergan otros seres, amortiguan la contaminación acústica y embellecen la ciudad?¿Qué ocurriría si los árboles de las plazas y las veredas murieran o fueran víctimas de una destrucción masiva? ¿Con qué imagen tétrica nos toparíamos en ese caso? ¿En qué paramo desértico y triste se convertiría la Gualeguaychú que habitamos?Perdemos de vista que los árboles, una de las formas más comunes y enigmáticas de la Tierra, son seres vivos que interactúan con el medio en el que viven. Y al igual que ocurre con nuestras mascotas, también se estresan y se enferman en un medio hostil.La urbanización, que supone un avance de lo artificial sobre lo natural, ha hecho que el hombre de la ciudad debilite su contacto con la base orgánica de su existencia.Esto es algo que no ocurre en el medio rural donde es más fácil que el individuo se perciba a sí mismo como parte de la naturaleza y se sienta espontáneamente solidario con animales y plantas.Por eso lo complejo del concepto "arbolado urbano", que implica mantener vegetación en una núcleo poblacional dotado de infraestructura (viviendas, calles, construcciones subterráneas, edificios y demás).En Gualeguaychú hay alrededor de 30.000 árboles distribuidos en barrios, calles, avenidas y plazas, según datos de la dirección municipal de Espacios Verdes (en esa cifra no están incluidos los ejemplares del Parque Unzué).Pero se trata de una cantidad de ejemplares insuficiente en relación al ideal. "Para el número óptimo falta un 30 por ciento más de árboles", reconoció a EL DIA el ingeniero Emilio Montefinale, director del área mencionada.Al respecto el funcionario fundamentó su apreciación señalando que por la longitud de las cuadras de la ciudad, que son de 65 metros aproximadamente, "deberíamos tener al menos entre 7 y 8 árboles de mediano porte por vereda y por cuadra".La Organización Mundial de la Salud (OMS) considera a la superficie de las ciudades destinadas a espacios verdes como un indicador de calidad de vida. Y recomienda como valor medio la existencia de 10 a 15 m2 de espacios verdes por habitante. Signos de desinterés¿Cómo es el comportamiento del gualeguaychuense con los árboles de la ciudad? ¿Se hace realmente responsable del ejemplar que tiene en su vereda, como estipula el ordenamiento municipal?¿El vecino valora realmente la forestación urbana? ¿Cuida y protege a los árboles, y por extensión al conjunto de los espacios verdes? Es difícil ofrecer una respuesta que generalice respecto de toda la comunidad.Como sea, las podas sin control, la carencia de ejemplares arbóreos frente a algunos domicilios y la falta de forestación en determinados puntos de la ciudad, revelan signos de desinterés.Hay gente, además, a la que le resulta indiferente la ausencia de elementos naturales en el entorno urbano. O que no asume la responsabilidad de plantar unidades nuevas o reponer ejemplares.Y esto no es un problema socioeconómico. Algunas zonas céntricas, donde suelen vivir vecinos acomodados, con recursos monetarios, aparecen despobladas de árboles.En contraposición, en los nuevos barrios y loteos, en la periferia urbana, muchos grupos vecinales se muestran interesados en el arbolado, y de hecho figura entre las demandas principales en la discusión del presupuesto participativo municipal."Los árboles ensucian" se escucha decir a propietarios al ver como caen las hojas sobre sus automóviles y veredas, como si privilegiaran el mundo aséptico e inerte de los objetos al orgánico de la naturaleza, a la que consideran fuente de suciedad.Hay personas que teniendo espacio suficiente en su vereda, prefieren no plantar árboles para que otros no estacionen vehículos frente a su domicilio, o para que la planta no "estropee" la estética de su vivienda.Pero muchos de ellos luego estacionan sus autos bajo los árboles de sus vecinos, para aprovechar la sombra que proporcionan. Algunos comerciantes, en tanto, priorizan la cartelería de sus negocios en detrimento del árbol existente, evidenciando falta de imaginación para lograr una armonía entre ambos.Es conocido también la actitud agresiva de los conductores de vehículos mediano y gran porte. Estos choferes se muestran indiferentes al impacto que produce la parte superior de la carrocería sobre los árboles, llegando a quebrar las ramas.Entre las inconductas sociales sobresale la desaprensiva práctica de colocar clavos o alambres al fuste (tronco) del árbol para colgar allí las bolsas de residuos, una postura que revela la nula conciencia de que la planta es un ser vivo.La depredación es otra situación evidente. El auge de la construcción de viviendas, edificios en altura y locales comerciales, en distintas zonas, produce a veces daños irreparables en los árboles.Se dan casos de proyectos que no tienen en cuenta la vegetación existente, tanto en veredas como en el interior de los terrenos, y la eliminan sin más.Respecto a la preservación del recurso forestal la ordenanza municipal sobre el tema es muy clara: para sacar un árbol de la vía pública, el frentista tiene que pedir permiso a Espacios Verdes, y si se le autoriza, está obligado luego a reponerlo con otro ejemplar.Por otro lado, hay vecinos que optan por realizar la poda de sus árboles con personas que no cuentan con los conocimientos ni las herramientas necesarias, provocando daños irreparables a la plantas. Al respecto, se aconseja acudir a Espacios Verdes para solicitar allí el asesoramiento necesario.En esa oficina comentaron a este diario que algunos frentistas, cuando no son autorizados para extraer un ejemplar, recurren al "envenamiento basal con productos químicos", lo que provoca la muerte segura del vegetal.Tras esa operación esos frentistas recurren nuevamente a la oficina con el argumento de que "el árbol debe ser extraído porque se secó", sin importarles que se trata de una grave contravención.En cuanto a las depredaciones, parece que algunos jóvenes noctámbulos se ensañan con los ejemplares recién plantados, quebrándolos o directamente arrancándolos, como lo que ha venido sucediendo, por caso, en el entorno de la Escuela Normal (ENOVA). Un tema culturalLa cuestión del arbolado es, más allá de la gestión municipal, un reflejo de la cultura de los vecinos. Al igual que la higiene urbana y el tránsito, involucra una construcción colectiva.Nadie ama lo que no conoce, dice el viejo aforismo. Podría hablarse largamente, al respecto, sobre los beneficios ecológicos del arbolado urbano. Por ejemplo, la presencia de la vegetación en la ciudad contribuye al balance energético del clima a escala local.La sombra que dan los árboles, durante la época estival, supone un control de la radiación solar, que beneficia a edificios y viviendas. La capacidad de atenuar los efectos de esa radiación y bajar la temperatura, contribuye a que el clima sea tolerable.Los árboles, expresión de la sabia naturaleza, pierden sus hojas en invierno, contribuyendo de esa manera a elevar la temperatura por incremento de la incidencia de la radiación solar.Por otro lado, la vegetación es un elemento estimable como purificador de la atmósfera urbana. En este sentido desempeña varios papeles: como indicador biológico de la presencia de contaminantes peligrosos, como captador de sustancias contaminantes o bien como filtro de partículas sólidas suspendidas en el aire, además de la producción de oxígeno mediante la fotosíntesis y la depuración bacteriana.Además, se han hecho estudios sobre la vegetación y el ruido urbano, comprobándose una efectiva capacidad de absorción acústica de algunas especies vegetales, una virtud que varía según el tamaño de las hojas y la densidad del follaje.Otros estudios refieren que el árbol contribuye a la calidad del agua y a la protección del suelo. Al tiempo que es clave la vegetación para la supervivencia de muchos animales dentro de la ciudad.El arbolado urbano, en suma, mejora la calidad de vida de todos nosotros.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios



