El uso de pantallas y los trastornos de ansiedad afectan cada vez más el sueño de los gualeguaychuenses
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Un relevamiento de 34.946 personas en 39 países reveló que la calidad del descanso nocturno cae en todo el mundo. El segmento más afectado es el de adultos jóvenes, aunque el hábito de dormirse con el teléfono en la mesa de luz ya cruzó todas las edades. Las consultas por insomnio en la ciudad no paran de crecer y los especialistas coinciden en el diagnóstico: el problema es más profundo que el cansancio.
Un fenómeno silencioso, pero progresivo, se instala cada vez más en la vida de las personas: la incapacidad de conciliar el sueño. Un estudio reciente evidenció una crisis global a la hora de ir a dormir. La magnitud del deterioro en el descanso nocturno se expresa con claridad estadística: a nivel global, solo el 62% de las personas afirma dormir bien con regularidad, y esta cifra viene descendiendo desde 2021, cuando el índice alcanzaba el 65%.
Los datos fueron revelados por el estudio Worldviews Survey 2025, desarrollado por la red internacional WIN y con representación en Argentina a través de Voices, que recogió la opinión de 34.946 personas en 39 países.
El trabajo permitió identificar patrones sociodemográficos del mal dormir. Jóvenes, personas desempleadas, mujeres y quienes tienen menor nivel educativo figuran como los segmentos más vulnerables. Además, la tecnología, en especial el uso de pantallas antes de dormir, aparece como uno de los factores disruptivos más influyentes.
Luisa Schmidt ejerce la psiquiatría en la ciudad desde hace cuarenta años. Lo que ve en su consultorio confirma el patrón global: “Hay un aumento en personas de más de 20 años a las que les cuesta mucho conciliar el sueño, duermen poco, o si lo hacen, tienen malos hábitos: se acuestan muy tarde, sobre todo quienes no tienen responsabilidades horarias y duermen hasta tarde”.
La falta de buenos hábitos se agrava por dos factores que cada vez se instalan más en la vida cotidiana: el uso de las pantallas antes de dormir y los trastornos de ansiedad: “Llegar a la hora del sueño cargado con estímulos, con la cabeza llena de factores estresantes, como pueden ser la facultad, el consumo de alcohol, sustancias o cigarrillo, no llegar a fin de mes, más una híper estimulación provocada por la tecnología, es un combo explosivo. El cerebro no lo puede procesar. Las pantallas no solo afectan a los adultos jóvenes, esto de acostarse con el teléfono en la mesa de luz también es un hábito que han adquirido las personas de mediana edad. Muchos reemplazan el televisor por el teléfono. Además, el mismo algoritmo lleva a ver un reel (video) tras otro, no parar de ver nunca lo que interesa y así se pasa el tiempo hasta la madrugada”.
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Cuando los pacientes llegan a la consulta, expresan que están ansiosos y que no pueden dormir y surge el famoso “deme algo para poder descansar”. Schmidt lo contó así: “Lo más frecuente es que me pidan que les recete algo para dormir, que ya fueron a la farmacia y tomaron los tés y medicamentos de venta libre y no les da resultado. Quieren la solución rápida, porque cambiar las costumbres lleva tiempo. Uno recurre a la medicación en situaciones extremas, por ejemplo, cuando las personas están muy angustiadas o realmente la necesita. Ahora si es una persona joven, medicarlo no es recomendable, así que recurrimos a otras estrategias: trabajar con los hábitos y esperar resultados”.
Una persona que no puede dormir bien vive mal, se despierta cansada, con la cabeza embotada, puede tener migrañas y el cuerpo no le responde: no rinde ni física ni intelectualmente. Por eso, Schmidt sostiene la importancia de encaminar los hábitos: “Lo fundamental es poner un horario para dormir que se debe respetar; decir hasta tal hora uso las pantallas y dejarlas; no tener el teléfono en la mesa de luz, si usa la alarma ponerlo en otro lugar de la habitación, no tener la tentación de agarrarlo; no hacer actividad física a la noche, sino a la mañana; tener una cena liviana; tomar una ducha antes de acostarse; no ingerir alcohol, nicotina, ni azúcar; tener la habitación a oscuras y climatizada según la época del año; y el silencio, que es muy importante”.
Schmidt advirtió que la medicación para dormir solo puede utilizarse un máximo de tres o cuatro meses en los casos que sean necesarios, no por más tiempo. Por eso, debe ir acompañada de un cambio en la conducta del paciente: “Algunos vienen a los 20 días y te dicen que no les hace nada lo que le recetaste, y es porque no aplicaron los hábitos que le marcaste. La pantalla es tan potente que por más medicaciones que tome, bloquea todo, por eso, los hábitos van de la mano de dejar la pantalla. Hay anteojos con filtro azul, que baja el estímulo sensorial, y hace que llegues menos estimulado. Eso está científicamente comprobado. Como no todo el mundo puede acceder, se recomienda una hora antes de dormir dejar las pantallas”.
El farmacéutico Daniel Rodríguez contó que después de la pandemia aumentó la demanda, y por ende el consumo, de medicamentos para dormir: “Los más usados son Clonazepam, Alprazolam, inductores del sueño (Zolpidem y Melatonina sola o asociada), y sedantes naturales (comprimidos, gotas o tés). La mayoría de los pacientes pide lo que viene tomando habitualmente, aunque cada tanto preguntan si viene algo mejor. Noto que las personas cada vez tienen más dificultades para dormir y personalmente las atribuyo a celulares, tablets, PC y consolas de juegos; hay un abuso de la tecnología que excita la mente y luego no vuelve rápido al estado de reposo. Sin olvidar las causas normales: edad, enfermedades crónicas, problemas personales, estrés, la situación socio-económica, entre otros. En definitiva, que el cuerpo y la mente no descansen correctamente se debe a múltiples factores”.
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La sociedad en la que vivimos en la actualidad no conspira a nuestro favor en lo que al descanso se refiere: el estrés laboral, los vínculos sociales, el no llegar a fin de mes, los trastornos de la ansiedad son los cuadros de conflicto que cada vez se ven más en las consultas.
“Como todos los psiquiatras de la ciudad estoy desbordada de trabajo, hace cuatro décadas que ejerzo mi profesión en esta ciudad, y me tengo que manejar con sobre turnos, porque la demanda es cada vez mayor, no doy abasto, y uno también tiene que preservarse. En proporción de cantidad de habitantes y psiquiatras, se debería dar abasto, pero también depende de la capacidad de trabajo que tiene cada profesional. Hay profesionales que pueden trabajar 12 horas por día, y otros que no lo pueden hacer, por una cuestión personal. En Gualeguaychú, debe haber más de diez psiquiatras en el ámbito privado”.
Sobre el aumento de la demanda en salud mental, Schmidt lo relaciona con la apertura mediática que ha tenido en los últimos años, y que hace que las personas no tengan vergüenza de consultar sobre sus padecimientos.
“Hace 20 años veíamos lo que eran más los trastornos del estado de ánimo, pero ahora, por el ritmo de vida que llevamos, que incluye mucho al estrés, ha cambiado el malestar de la cultura. Antes había más tiempo para deprimirte, ahora la vida va tan rápido, que para deprimirte hay que tener más tiempo, ahora todo genera más ansiedad. Se te vence la tarjeta de crédito en 3 días, y eso genera ansiedad. Las personas en la actualidad no tienen tiempo para deprimirse, pero sí para generar ansiedad, eso no quiere decir que no haya depresión. Hay cuestiones apremiantes, el 60% de los argentinos no llega a fin de mes y eso genera ansiedad. Eso ha cambiado, por ahí hace 30 años atrás, no había tantos factores estresores de ansiedad, había otras cuestiones”, analizó.
Qué hacer y qué evitar antes de apagar la luz
La higiene del sueño es un conjunto de prácticas y hábitos que ayudan a conciliar el sueño, mantenerlo durante la noche y despertar descansado. No se trata solo de dormir suficiente, sino de asegurar que el sueño sea reparador y de calidad, regulando los ritmos circadianos y evitando factores que alteren el descanso.
Dormir bien favorece la recuperación física y mental —repara tejidos, fortalece el sistema inmunológico y consolida la memoria—, mejora el rendimiento diario —concentración, estado de ánimo y aprendizaje— y reduce el estrés, la ansiedad y favorece la regulación emocional
Los especialistas recomiendan acostarse y levantarse a la misma hora; dormir en un ambiente adecuado, en habitación oscura, silenciosa, fresca y cómoda; evitar estimulantes, no consumir cafeína, alcohol o nicotina al menos unas horas antes de dormir; realizar actividades tranquilas antes de dormir, como leer, meditar o tomar un baño tibio; practicar actividad física, pero evitar hacerlo justo antes de acostarse; alimentación ligera, cenar temprano y evitar comidas pesadas, picantes o muy azucaradas antes de ir a la cama; reducir la luz brillante y el uso de dispositivos electrónicos, ya que favorece la producción de melatonina.

