El valor de la palabra
En estos tiempos en que la palabra se devalúa de un discurso a otro, quizás sea oportuno reflexionar sobre ella. Muchos sostienen que descubrir el fuego fue la circunstancia que nos sacó de las cavernas. Sin desmerecer el gesto de Prometeo, creo que el mérito es de la palabra. Con ella el hombre transmitió el conocimiento para encenderlo y mantenerlo. De lo contrario cada día hubiésemos tenido que esperar la visita de Prometeo o la reiteración del suceso fortuito que lo encendiera otra vez.Por Martín AldeanoOpinión -primera parte- La palabra, sin duda alguna, es el soporte del pensamiento, la manifestación de la idea. Sin ella el hombre no hubiera podido transmitir el conocimiento y cada día hubiese tenido que recomenzar cada búsqueda. Se me ocurre que en los orígenes cada palabra iría acompañada de un gesto.El lenguaje gestual acompaña hasta hoy el discurso del hombre, quizás como un resabio de los días en que el lenguaje daba sus primeros pasos.El descubrimiento de la palabra permitió, en primera instancia, identificar el elemento primigenio que se nombraba. Pongamos un ejemplo: piedra. En este caso imaginemos dos individuos que comparten una situación cualquiera. De pronto uno le dice al otro: piedra y la señala. Ya que estamos imaginando supongamos que el otro mira hacia el lugar indicado y reconoce la piedra, ante lo cual, repite la palabra y sonríe a su compañero dando a entender que está de acuerdo en que el elemento mencionado y señalado es una piedra y no otra cosa.Ahora bien, si lo que el primero quiere es que su compañero le alcance la piedra esta necesitando otra palabra que complete la idea y sin duda otro gesto que se sume a los anteriores. Las dificultades ahora se incrementan, porque el otro debe entender lo que pedimos en forma precisa.Traer la piedra hasta nosotros no es lo mismo que arrojarla. Si bien las dos acciones acercan la piedra hasta quien la pide, las consecuencias pueden no ser las deseadas. Traer significa una acción y una forma de ejecutar. Arrojar la piedra es otra acción y otra forma, que encierra consecuencias posibles, no deseadas ni solicitadas.Traer la piedra es acercarla con cuidado hasta quien la solicita. Arrojarla, puede resultar igualmente eficaz o inútil si es arrojada en sentido contrario. Catastrófica si al arrojarla impactamos en quien la pidió. Frustrante si el envío aterriza más allá o más acá del destino deseado. Para completar el ejemplo adoptado todavía nos falta una acción no mencionada: Llevar la piedra. Esto no es ni parecido a traerla o tirarla.Llevar es exactamente lo contrario de traer. Y como si no fuera ya suficiente subsiste otra circunstancia. Traer o llevar no es transportar a cualquier sitio la meneada piedra.Quien la pidió la quiere junto a él. A su alcance.Quien pide que se lleve la piedra, no esta pidiendo que la tire a cualquier parte.La significancia de llevar la piedra se bifurca. Puede ser devolverla al lugar desde donde se la trajo o simplemente apartarla de las inmediaciones en que fue solicitada.Y esto es lo que debe entender y ejecutar el solicitado.¿Adonde queremos llegar con estas disquisiciones? En primera instancia queremos poner en evidencia que lo que hoy puede parecer simple, burdo y hasta obvio, no lo fue en los orígenes. El lenguaje, la palabra fue lo que nos saco de las cavernas al mundo exterior y moverse en sus acechanzas y sobrevivir estaba indisolublemente ligado a los significados de la palabra.Cada palabra tiene sus propias resonancias y despierta en quien la escucha vivencias o circunstancias conocidas o entrevistas, esto es suficiente razón para no degradar su condición.Identificar los componentes del medio nos debió haber llevado un tiempo importante de evolución. Sublimar sus contenidos mucho más.
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