En la búsqueda del prócer perfecto
No es difícil. Sólo hay que bucear un poco en la historia argentina. Debería bastar con un repaso, superficial al menos, de las biografías de hombres como Belgrano, San Martín, Moreno o Urquiza. La patria está llegando a sus 200 años.Jorge BarroetaveñaEl Día de Gualeguay Rescatemos desde lo más profundo de nuestra historia los buenos ejemplos. Aquellos que, con errores y aciertos, fueron consecuentes con sus ideales, y se jugaron la vida por ellos."Desengañémonos: jamás han podido existir los estados luego que la corrupción ha llegado a pesar las leyes y faltar a todos los respetos; es un principio inconcuso que en tal situación todo es ruina y desolación, y si eso sucede a las grandes naciones ¿qué no sucederá a cualquiera de los ramos que contribuyen a su existencia?". Manuel Belgrano El sainete en torno a las invitaciones para la gala de reinauguración del Teatro Colón, sería entretenido sino fuera por el marco que rodea el enfrentamiento. Doscientos años de historia resumidos en una disputa estúpida por las invitaciones y los ofendimientos mutuos. Que voy, que no voy, que voy igual aunque no me hayan invitado, que me dejaron afuera del protocolo. Parecen chicos en una riña escolar. Claro, lo que está en el medio es la celebración de la vida de una Nación. "Fundar escuelas es sembrar en las almas". Belgrano Nadie puede pensar que los próceres del bronce que la historia oficial inmortalizó, no se equivocaban. En muchos casos eran violentos, sanguinarios y venales. Eran, al cabo, seres de carne y hueso, como cualquiera de nosotros. Pero tenían ideales y estaban dispuestos a defenderlos. "Nada hay más despreciable para el hombre de bien, para el verdadero patriota que goza de la confianza de sus conciudadanos que las riquezas. Estas son el escollo a la virtud, y adjudicadas en premio no sólo son capaces de excitar la avaricia de los demás, sino que parecen dirigidas a lisonjear una pasión abominable en el agraciado". Belgrano ¿Estamos dispuestos a emularlos? ¿A seguir su ejemplo? La Argentina es hoy un país infinitamente diferente al de 1.810. Y al de 1.910. Posee un sistema democrático imperfecto aún pero consolidado, ciudadanos más concientes de sus derechos y deberes, y un potencial que conserva intacto. Pasamos por crisis políticas, sociales y económicas. Y llevamos sobre nuestra espalda las marcas de las divisiones fraticidas, esas que aún nos persiguen hasta hoy. "La biblioteca destinada a la educación universal es más poderosa que nuestros ejércitos para sostener la independencia" José de San Martín (Frase dirigida a Simón Bolívar durante la entrevista de Guayaquil) ¿Existe el prócer perfecto? Quizás, aunque bien podría ser una combinación de los más grandes de nuestra historia. Debería tener la grandeza espiritual de San Martín, el coraje de Güemes, la honestidad de Belgrano, la visión de estadista de Urquiza, la obsesión educativa de Sarmiento, la pasión de Moreno. ¿Es imposible lograrlo? No, si cada uno hace su aporte, como lo hicieron ellos."En 1812, como jefe del Regimiento de Granaderos a caballo, renunció a la mitad de su escaso emolumento a favor del Estado. Es el principio de una cadena de honor que hoy es orgullo del ejército argentino. En los comienzos de 1815, el Directorio lo designó General de brigada, en despacho firmado por Alvear. El agraciado declinó el ascenso, expresando en una carta famosa: jamás aceptaré nuevos ascensos. Vencida España, haré dejación de mi empleo para retirarme a pasar mis enfermos días en la soledad". (Renunciamiento de San Martín, según lo relata Carlos R. Centurión) Cuenta la historia que, Manuel Belgrano, hombre de fortuna, bien formado, murió en la más absoluta pobreza. El mármol de la mesa de luz de su humilde habitación se utilizó como lápida, y el reloj de oro que le quedaba lo empleó para pagarle al médico que lo atendió en sus últimos días. El premio por una de sus campañas contra los godos, lo donó. ¿Sabe para qué? Para hacer escuelas. Si los pueblos no se ilustran, si no se divulgan sus derechos, si cada hombre no conoce lo que puede, vale, debe, nuevas ilusiones sucederán a las antiguas y será tal vez nuestra suerte cambiar de tiranos sin destruir la tiranía. (Mariano Moreno) Güemes fue un gaucho corajudo. Fue la pieza clave de la estrategia ideada por San Martín, para avanzar sobre Chile y proteger el Alto Perú. Sin él, la guerra de la independencia hubiera sido herida de muerte, o se hubiera extendido peligrosamente en el tiempo. Félix Luna, afirma sobre él: "encaminado hacia Rosario de la Frontera, en el límite entre Salta y Tucumán, Güemes establece su cuartel general en el centro de su poder y prestigio. Toda Salta lo ha convertido en su ídolo, y su sola presencia enciende el entusiasmo de los abnegados paisanos, enardecidos con sus arengas fogosas y conmovidos por su optimismo y voluntad infatigable. Es una guerra de guerrillas, de recursos, de emboscadas, de cargas de caballería, y de choque de infantes, de la que participa la población en masa, y a la que ni siquiera permanecen ajenas las mujeres...La guerra gaucha comprende todos los aspectos de una lucha sin cuartel y a muerte. Sus movimientos están perfectamente coordinados, mas no obstante parecen anárquicos. Los realistas tienen siempre al frente un enemigo móvil, que golpea sin cesar, pero que sólo excepcionalmente ofrece blanco para el ataque. Y, por supuesto, la guerra es total. Nadie deja de participar en ella: ni el niño que espía en un camino, ni el anciano que aparenta ir inocentemente de un pueblo a otro, pero que en realidad es portador de algún mensaje". La erudición de Alberdi y sus ideas profundamente liberales, el carisma de Pancho Ramírez, el liderazgo de Irigoyen, la conducción política de Perón, la sensibilidad de Evita, las convicciones democráticas de Alfonsín. Estas cualidades bien podríamos sumárselas a nuestro prócer perfecto. Pero lo cierto es que, ninguna de ellos está ya entre nosotros. Son puro legado que debemos respetar y cumplir. Para que su entrega no hay sido inútil. Debemos respetar su memoria haciendo lo imposible para que la Argentina sea el país grande, próspero y soberano que todos ellos imaginaron. "Tengo el ardiente patriotismo que ha guiado todas mis acciones en la carrera activa de la vida. Conservo claro y vehemente el instinto del orden que me lanzó a servir a la política de Don Juan Manuel de Rosas, cuando todo el país cansado de la anarquía, juzgó como yo, que se debía poner término, constituyendo el orden general bajo las bases de la igualdad democrática, asentadas en los pactos federales. Gracias a Dios deben prevalecer la voluntad firme de hacer prevalecer aquellas sanas opiniones, aquellos instintos y sentimientos santos que me decidieron a castigar la tiranía y a reivindicar para las provincias argentinas la parte de herencia que les cupo en la revolución y para el honor argentino la constitución de su nacionalidad". (Justo José de Urquiza, jura como 1er Presidente Constitucional en 1.854)
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