En la ciencia ficción el futuro es hoy
La Literatura de anticipación científica tiene su origen en la antigüedad, pero llega a nosotros en la etapa del siglo XIX ligada a la divulgación de las ciencias y al consumo de literatura popular por la alfabetización y el desarrollo de las "industrias culturales" como expansión de los colonialismos europeos, más tarde los neocolonialismos comerciales y culturales.Por Mirta Harispe Especial para El DíaDe la infancia de muchas generaciones forman parte las novelas de Julio Verne, que cubrían las fantasías de los mundos por venir. Sus narraciones de proyección científica rompían tiempo y espacio conocidos y construían, en el imaginario infantil, la "utopía positiva" de las ciencias experimentales y del pensamiento positivista del progreso indefinido heredados del Iluminismo, la Ilustración, en momentos del racionalismo cartesiano y la expansión del capitalismo.No es arbitrario que aún sea el paradigma dominante en "el sentido común" impuesto por la escuela, estas hermosas historias y los medios de comunicación etnocentristas y mantiene bases de verosimilitud en las ciencias aplicadas y la tecnología que trajeron a la realidad muchos avances imaginados por Verne y los utopistas científicos. Ciencia ficción críticaEl sacudón del racionalismo científico sin moral se hizo ver a mitad del siglo XX: la bomba atómica en Hiroshima y Nagasaki y el cientificismo en el exterminio planificado nazi quebraron para siempre esta ilusión que había sostenido el paradigma cultural dominante.La conciencia de este quiebre, sobre todo en la Escuela de Frankfurt que analiza filosófica y sociológicamente los rasgos negativos del modelo científico que produjo la hecatombe, va a revisar las concepciones del arte y a habilitar teóricamente "el pensamiento negativo" como polo dialéctico para refundar el arte y la utopía ligados a la moral social; y a un nuevo racionalismo. Reducido este planteo generó "Apocalípticos e integrados a la cultura de masas", de Humberto Eco.Esta visión ya la estaba anticipada en el género que fijará su nombre traducido por Borges como ciencia-ficción en el prólogo elogioso a "Crónicas marcianas" de Bradbury.A la Argentina llegan rápidamente las grandes novelas del género traducidas desde el habla inglesa. Minotauro, la editorial de libros de bolsillo, va a difundir estos relatos de la "Utopía negativa", que se basan en un saber científico avanzado para proyectarlo al futuro, a mundos posibles donde se extremarán estas nuevas técnicas para producir su desviación.Así el género se constituye en los 50 y especialmente desde los 60 en un género literario de fuerte sentido moral, que en la anticipación al futuro vía ficción, proyecta males del presente para dar el alerta y cuestionar.La contracultura y muchos adolescentes y jóvenes lectores se constituyeron en cultores del género. En Gualeguaychú, en nuestra adolescencia en los 60, bastaba revolver la mesa central de relatos contemporáneos en la Librería Sosa, en la actual Chalup y 25 de Mayo, para conseguir la última de Minotauro o una edición especial de los nuevos utopistas. Desde entonces se intercambian estas viejas ediciones en Bs As una mesa del parque Rivadavia. Hoy se suelen ver, reeditados, con tapas coloridas y de bolsillo, en las Ferias del Libro o en las librerías Códice.Las mejores novelas, de autores prestigiosos, reeditadas continuamente en todo el mundo, llegaron al cine y algunos filmes son obras de arte, aunque sospechosamente son nominadas al Oscar, pero el premio nunca ha sido otorgado al género.La carrera espacial también impulsa desde los lectores más ingenuos del género, subproductos más acomodados al sistema que enajenan el imaginario y ponen en "los visitantes" las soluciones de la historia. Pero renace el género con toda su virulencia en la historieta, y nuestro país irá a la cabeza de los grandes relatos gráficos.Entre nosotros sobresalen autores prestigios como Adolfo Bioy Casares, Anélica Gorodischer y Pérez Selazny; y autores jóvenes que escriben para adolescentes y en la nueva narrativa de blog. La ciencia ficción anticipa y se mete con la ecología Avanzados los 60, una temática urgente convoca a la ciencia-ficción: la depredación del planeta por la sobreexplotación indiscriminada de los recursos en todos los confines del planeta y la prospectiva de un futuro de escasez y hambre para los humanos.F. Pohl y C. M Kornbluth escriben "Mercaderes del espacio". Imaginan en un mundo de mayorías hambrientas -cuya única salvación es el alimento de "la gran gallina" que se reproduce continuamente en el sur de América- y cuyo producto controlan las corporaciones. Entre varias "utopías negativas" mucho más cercanas hoy, narra la desaparición de los bosques, un mundo donde toda la madera es sintética y es más que sospechoso de corrupción un funcionario que tiene un anillo donde sobresale un trozo de madera como gema preciosa.Se traduce entonces para Minotauro "El día de los trífidos" de John Wyndham , donde las plantaciones de una especie tipo maíz se reproduce continuamente como si creciera de noche y amenaza invadir y asfixiar a los hombres refugiados en sus casa y poblaciones, en continua vigilia.J. G. Ballard, del que ya se había conocido "El mundo sumergido" y "Playa Terminal", publica en castellano "Sequía", cuando nadie registraba todavía el drama del agua. En "Sequía" las grandes ciudades, sin agua, son abandonadas por los ciudadanos en masa que se largan a las utopistas y carreteras camino al mar, donde se están levantando los campamentos alrededor de las grandes máquinas que intentan desalinizar las aguas, mientras son amenazados por los animales sedientos que los acechan en el camino e invaden las ciudades.En los 80, "El estado de las cosas", la película de Wind Wenders homenajeará la historia que es la que actúan los artistas que protagonizan otra historia mientras dura la filmación.En los 70 Ursula Le Guin, hija de científicos y científica ella misma, escribe muy joven "La mano izquierda de la oscuridad", y "El nombre del mundo es bosque". En esta novela los hombres que llegan a colonizar otro planeta deshabitado por cualquier otra raza inteligente, perciben que son registrados y sienten que se avisa y se rechaza su presencia, porque el planeta respira al unísono y los árboles comunican por sus raíces la presencia de invasores.Ahora, Le Guin tiene muchos fans por sus libros de "Terramar", donde el mundo ha sufrido, por el desorden ecológico, un nuevo diluvio que ha transformado el planeta en mar. La lucha entre los sobrevivientes en barcazas reconstruidas y oxidadas y prehistóricas máquinas de volar, es para llegar a la mítica Tierramar, el único lugar de tierra firme y naturaleza preservada que ha quedado. El héroe de la historia ha mutado y es un hombre anfibio que puede respirar bajo el agua, gracias a pequeñas branquias detrás de sus orejas. Ni hablar de que Kevin Kosnner en la película es joven y atleta y tiene aretes de caracoles. Allí se "asimila" o se fagocita la utopía denunciadora al sistema de "integrados" acríticos.En Francia, en 1972, se hace pública la conciencia ecológica. El periodismo y los intelectuales convocados por el Club de Nouvel Observador formalizan una mesa de debate sobre el futuro: el panel; el presidente de la Comunidad Económica Europea, el Secretario de la Confederación Francesa de Trabajadores, el sociólogo Edgar Morin, el filósofo Herbert Marcase, el ecólogo británico Edward Goldsmith, Philippe Saint-Marc, autor de "Socializar la naturaleza" y por el diario Michel Bosquet. En la sala del debate había 1200 presentes y 2000 ecologistas y jóvenes activistas que despertaban al tema pugnan por entrar. Las ponencias se van a publicar aquí en el 75, en la colección Fichas de Edit. Nueva Visión.El tema tiene desarrollo en la Argentina como parte de la contracultura, así la revista Mutantia, que llega a los 80, da lugar desde los relatos, a los primeros textos jóvenes de los hoy ecologistas de nota. Desde el rescate de los textos ecologistas de los pueblos precolombinos y de las culturas integradoras andinas y oriental, hasta las nuevas granjas autosuficientes de México, las canciones del rock nacional, todo apunta al alerta, todavía amarillo.La historieta va a popularizar el imaginario de un mundo con recursos escasos, controlados por pocos, encerrados en ciudades cerradas como en la Baja Edad Media, mientras hordas precarias y hambrientas pululan por el mundo en textos como "El eternauta", hoy vuelto a leerse y publicarse. El cine norteamericano va a difundir estas historias del agotamiento de los recursos unidos a la violencia sin ley.Surgirá en los 90 la "Nueva ecología", que no pone el énfasis en el conservacionismo idealizado, sino en que "el problema más grave de la ecología son la pobreza y el desarrollo desigual", que permite la depredación en todo el mundo del sistema y la vida, en especial la de "la cría humana".Los jóvenes y no tan jóvenes hoy leen ciencia-ficción, leen la divulgación científica afín y los análisis prospectivos y toman partidos en las causas particulares.No se disocia escapismo y compromiso, ciencia y relato utópico. Por ello no es casual que dos importantes divulgadores de la ciencia, periodistas, sean analistas y creadores de Ciencia ficción como Capagna y Moledo que acaba de presentar en la Feria del Libro un texto de análisis crítico sobre este género.Desde que ha comenzado el alerta rojo, hay relatos ecologistas para niños, una forma gozosa y no didáctica de construir una subjetividad integrada con todos los seres y que no disocie, como el racionalismo cartesiano y la sociedad de consumo, el pensamiento de la vida.
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