En los 50 años de mi querida escuela…
Me refiero a la Escuela 64 "La Sagrada Familia" que nació por iniciativa del Padre Néstor González y contó con la valiosa colaboración de la Liga de Madres de Familia.Este sacerdote, por entonces Párroco de Santa Teresita, siempre deseaba ayudar a las Familias de la comunidad a formar a sus hijos como verdaderos cristianos. No exitosos ni genios. Sí hombres y mujeres de bien, honestos, capaces de vivir en el AMOR.Así nació la "Escuelita Parroquial" como la llamábamos todos, un 19 de marzo de 1962.Recuerdo que yo era catequista y maestra en Villa Malvina. El Padre me ofreció trabajar en la escuela que recién iba a comenzar, corriendo mucho riesgo, porque en el inicio solo funcionaría Jardín de Infantes, Primer Grado Inferior y Primer Grado Superior y, no sabíamos que futuro le esperaba. Pero año a año, fue tanta la demanda que muchas madres quedaban sin poder inscribir a sus hijos.Tuve así el honor de ser de las primeras maestras, junto a "Chinina" Lapalma y Raquel Alem.Como Directora asumió la Sra. María Ester Duarte de Durrutty, quién acababa de jubilarse de la Escuela Normal y trabajó poniendo toda su experiencia a nuestra disposición, siempre ad honorem. Jamás aceptó un centavo, jamás faltó y tampoco nosotras.¡Al principio no teníamos nada! Las clases comenzaron en las aulas de Catequesis de la Parroquia, ubicadas sobre calle Luis N. Palma. Conseguimos bancos, escritorios y pizarrones fuera de uso, por viejos y rotos, y los arreglamos.Hacíamos pizarrones con cartón prensado y los pintábamos, ¡pero nunca estuvimos solas!Toda la Comunidad Parroquial estaba pendiente de la Escuelita que el Padre nos enseñó a amar!Todos los sacerdotes nos ayudaban: el Padre Palavecino, el Padre Gallina, el Padre Bel, cada uno de acuerdo a sus posibilidades.La Casa Parroquial y la Escuela con su directora y sus maestras, éramos una sola cosa.Trabajábamos mañana y tarde, pero con enorme alegría.Para poder pagarnos el Padre puso alcancías, una en el fondo del templo y otra en el despacho parroquial, con carteles que decían "Ayude a la Escuela Parroquial".Todos los fines de mes abría las alcancías y contaba las moneditas! Hacía tres montoncitos iguales, para los tres sueldos. Siempre alcanzaba! Y cambiaba las monedas para pagarnos con billetes.Quiero destacar que la Escuela siempre fue gratuita y fue la primera escuela Parroquial de la ciudad.Las clases eran de tarde pero a la mañana ayudábamos a los chicos que tenían problemas de aprendizaje. Entrábamos y salíamos por el pasillo que comunica con la Casa Parroquial, sobre calle Urquiza. Éramos jóvenes, no teníamos problemas de horarios, trabajábamos muy unidas y éramos felices ¿Qué más se podía pedir?También realizábamos tareas extra clases para recaudar fondos. ¡Animábamos cumpleaños! Teníamos un libro de danzas y un tocadiscos, todo donado.Las maestras aprendíamos las danzas leyendo el libro y practicando entre nosotras, y luego las enseñábamos a los chicos y organizábamos festivales.Por aquellos años yo tocaba el acordeón a piano y Chela Broin, otra compañera, tocaba la guitarra. Preparábamos canciones a dos voces, para amenizar las fiestas.Ayudadas por el Padre Palavecino, que nos fabricó los títeres y todo el armazón del teatro, presentábamos teatro de títeres. Todo servía para lograr algún dinerillo!En esta tarea de obtener recursos tuvimos la valiosa ayuda de buenísimas Cooperadoras y Clubes de Madres que trabajaban con inmenso amor!Grandes colaboradores de la escuela fueron Elba Aranguiz de Pico, María Julia Duarte, Itala Queirolo, Luisito Lapalma, Colita Álvarez, y muchos otros cuyos nombres se escapan de mi memoria.ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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