En los diarios del cielo
Es la primera vez que lo voy a decir: me siento un huérfano periodístico. A Gustavo lo conocí por la familia. Su mamá, Raquel, hermana de mi abuela 'Keka' fueron el primer vínculo.Por Jorge Barroetaveña*Supo cultivar con mi viejo (Pichuquito) una relación muy especial. Aún recuerdo aquellos viajes a Buenos Aires, acompañando y respaldando a papá cuando esa maldita enfermedad llamada cáncer se había declarado.A partir de 1994 lo empecé a conocer mejor. Venía los fines de semana desde Buenos Aires a hacer mis primeros 'pininos' en LT38 y arranqué con una columna sobre política en este diario. Gustavo y 'Chichito' fueron mis guías. Me abrieron las puertas, me transmitieron sus conocimientos, sus amores, sus defectos y sus locuras. Cada uno a su manera pero siempre con el mismo norte. Me dieron la oportunidad que mi juventud pedía.Gustavo era un tipo especial. Le podías sacar cualquier cosa pero lo único que pedía era rigurosidad periodística y honestidad. No admitía dobles mensajes. ¿Quién no se acuerda aquellas reuniones, mate de por medio infaltable, en la 'vieja' FM de El Día? ¿A quién sino podría habérsele ocurrido comprar una rotativa en Paraguay para darle al diario el color que Gualeguaychú nunca había tenido en un medio gráfico?Había que estar un poco loco sí para enfrentar los desafíos de este mundo que en cada esquina nos ofrece una sorpresa. Y Gustavo fue un visionario. A veces no comprendido, muchas no reconocido. Pero también fue un periodista de ley. Fue más empresario que periodista y eso a veces el destino o la vida se lo hicieron pagar caro. Pensaba como periodista y actuaba como tal.En los años que compartimos juntos jamás escuché una palabra destemplada, una orden destinada a acallar una voz, una sugerencia para 'orientar' la información. Fue un cultor de la palabra libre, dicha con respeto pero con verdad. Fue un defensor acérrimo de los buenos modos, de la concordia y de la amplitud de pensamiento. Tenía la ilusión de un chico que recién se despierta a la vida. Si hasta buscó juntar a los díscolos políticos de Gualeguay en el estudio de la radio, tratando de amalgamar un sentimiento común por el interés general. No lo consiguió pero nunca dejó de buscarlo."El periodista es periodista, a secas", me dijo hace unos meses a través de la radio en el último reportaje que le hice. Ni siquiera los golpes de la vida, que en los últimos años fueron muchos, le hicieron perderse en ningún laberinto. Siempre la tuvo clara y supo transmitírselo a su familia. Por eso el dolor y ese vacío que retuerce las tripas.Con la ida de Gustavo se cierra un capítulo en mi vida profesional. Siento que llegó la hora para nuevos desafíos, que habrá que afrontar sin esa protección que a la distancia nos daba. Pero dejó una huella, bien profunda y clara, que hay que continuar. Pero déjenme elaborar el duelo, juntar fuerzas y seguir. Gustavo, a esta altura, debe estar pensando en cómo hacer para imprimir los diarios en el cielo. Hasta siempre. *Jefe de Redacción de LT38 y Semanario El Día de Gualeguay ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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