En política todo es posible, no todo es conveniente
Por Dr. Raúl Arellano
Opinión
La política o la economía resultan un acto- reflejo de una relación causa-efecto casi sistémica donde la mayor o menor incidencia de cada una refleja un estilo de gobierno, léase, se politiza un modelo económico o se economiza un modelo político .Todos los mercados no son mas que un conjunto de expectativas.
Una posición ortodoxa culminaría en un armonioso mix; entre economía y política; para evitar perfiles extremos, heterodoxos y poco convenientes.
En países emergentes como Argentina con una economía primaria privilegiada, históricamente la política se ha ocupado de tener una incidencia asimétrica y peligrosa en la economía; generando una suerte de efectos no deseados que en algún momento es necesario blanquear, ordenar y transparentar; para devolverle su propia naturaleza.
En economía no se puede tapar el sol con una mano como no se pueden violentar leyes económicas con decisiones políticas poco sustentables, urgentes y sin evaluar las consecuencias.
Es bueno recordar que se puede ignorar la realidad, lo que no se puede es evitar las consecuencias de haber ignorado dicha realidad y esto no es gratis.
El grado de participación de la política en situaciones excepcionales como puede ser un año electoral, resulta una receta recurrente donde la necesidad y la urgencia resultan la razón de la sin razón de muchas decisiones en esa alocada carrera de juntar fatigados votos unidos por el espanto.
Quizás por una razón cultural da la sensación que de cara a alguna elección; vale todo, donde la ortodoxia del mensaje para seducir al mercado electoral no cuenta, no importa y donde los códigos y procedimientos éticos brillan por su ausencia.
La fórmula parece ser juntos y revueltos y los abrazos de oso entre dirigentes no son la excepción sino la norma; costumbres argentinas entre lo payasesco y lo trágico.
Nos hemos acostumbrado al escándalo por eso esta práctica no resulta escandalosas y ya no sorprende a nadie.
Me pregunto y pregunto ¿cuál es el límite? ¿Por qué llegar a una situación compleja e insostenible? ¿Por qué devaluar la confianza con trasnochados acuerdos? Porque una cuota de poder sin códigos y sin reglas claras es lo mas parecido a una anarquía colectiva basada en el temor y no en el respeto.
Juntos y revueltos
Históricamente y conforme a algunas doctrinas toda sociedad, asociación o acuerdo necesita irremediablemente del “afecto societatis” es decir de una voluntad manifiesta de cada una de las partes de estar juntos en función de un objetivo.
Las motivaciones pueden ser de distinta naturaleza, ideológicas, éticas, culturales, religiosas, filosóficas y hasta metodológicas, pero nunca el horror o el espanto resulta un buen maridaje para nada ni para nadie y mucho menos para crear un proyecto político.
La realidad política dice otra cosa, muestra otra cosa o forma parte de las excepciones a la regla.
La Biblia y el calefón conviven alegremente en este gran espacio que es la política y donde algunos políticos con tal de seguir estando no hacen otra cosa que bastardear y desvirtuar el real espíritu de la política pero con mayúscula, de la política como contrato moral, de la política como factor de cambio y de expectativas.
Volver a hacer posible aquel viejo dogma donde la política era el arte de lo posible donde los elegidos para hacer política resultaban ciudadanos privilegiados que podían acreditar sus dones y resistir un archivo, lejos de toda impunidad y sospecha.
El mundo está inmerso en una profunda crisis no solamente económica sino política y moral, donde los dirigentes sociales no están a la altura de las circunstancias y donde la inseguridad y la pobreza tienen nombre y apellido.
No hay pobres de izquierda o derecha, no hay victimas de izquierda o de derecha, simplemente hay pobres y hay victimas
Los chinos dicen que estar en crisis es un privilegio, en nuestra cultura política occidental estar en crisis es estar en problemas, no estaría mal mirar hacia Oriente.
La vieja política no resuelve los nuevos problemas de la sociedad, a veces porque no quiere y otras porque no puede o porque no sabe.
La política es demasiado importante para que esté en manos de políticos únicamente; todo proyecto posible necesita de una participación activa del ciudadano de a pie, del profesional, del empresario, para evitar una nueva frustración.
Entre todos debiéramos hacer que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena.
Porque sino aprendemos de la historia corremos el riesgo de repetirla, pero sino somos capaces de crear un futuro corremos el riesgo de padecerlo y esto es mucho peor.
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