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En situación de calle: el drama de los "sin techo" en Gualeguaychú

Como ocurre en tantos otros lugares del país, y principalmente en las grandes urbes, en Gualeguaychú hay personas en situación de calle. Gente que por diferentes razones hoy duermen en espacios públicos, estaciones de servicio, corsódromo, en el parque o en donde los encuentre la noche.

Dormir en la calle a merced de las bajas temperaturas del invierno, prácticamente sin abrigo y muchas veces impotentes de no poder hacer nada para remediar la situación, de la que también son víctimas los menores de edad, es algo que ningún ser humano debería atravesar. Sin embargo, esto ocurre y se ha incrementado en los últimos años.

Celia es una vecina del barrio La Cuchilla y no fue ajena a esta realidad. El padecimiento de estas personas no le pasó por el costado y decidió hacer algo para darle una mano a esa gente, que en la mayoría de los casos son chicos de corta edad. Esta mujer sabe de qué habla porque uno de sus hijos vive en la vía pública por los “severos problemas de adicción a las drogas”.

En diálogo con ElDía contó que en sus recorridas de ayuda se ha encontrado con “personas relativamente jóvenes y chicos que viven dónde y cómo pueden”. Es así que junto a Viviana y Griselda, otras dos mujeres que se compadecieron de esta situación, aunaron esfuerzos y juntan ropa, frazadas, alimentos para aquellas personas que no tienen un techo donde vivir.

“Hace dos semanas iniciamos nuestra recorrida por distintos lugares de la ciudad”, comentó Celia. Empezaron con una camioneta, hasta que el motor dijo basta y ahora caminan los lugares donde se alojan los “sin techo”. Juntas recorren el corsódromo, el parque, los boulevares, plazas y zonas donde se concentra la mayor cantidad de gente.

“Nadie elige vivir de esa manera y todos merecemos una oportunidad”, comentó la mujer, que con cierta indignación opinó: “no es posible que mucha gente los mire con desprecio porque viven en la calle”.

Con pesar, reconoció que su hijo padece el flagelo de las drogas y hace poco tiempo “unas personas lo sacaron prácticamente en coma de un lugar por el consumo de estupefacientes”. Al borde de las lágrimas, contó que por vivir a la intemperie, su hijo sufrió una picadura mientras dormía en el parque Unzué, presuntamente de una serpiente, y debió ser trasladado al hospital con un principio de asfixia.

En la primera semana pudo armar, junto a sus compañeras de ruta, sandwichs de milanesa, jugo y alfajores; mientras que para el miércoles consiguieron dos termos de café y tortas fritas. “Todo lo que recibe se destina a la gente que lo necesita”, indicó Celia.

La droga y la calle

Mario tiene 33 años y desde hace tres vive en la calle y pasa la noche en distintos lugares. Lo único que pide es “un trabajo para salir de este infierno y no depender de cuidar un auto, cuando la Policía no te saca del lugar”.

Contó que hasta no hace demasiado tiempo tenía un trabajo, pero la situación económica fue empeorando hasta que finalmente fue despedido y “aquí estoy”. “Lo único que queremos es conseguir un trabajo y alquilar una pieza para vivir”, declaró a ElDía.

Reconoció que consume cocaína y que “un sobrecito que dura nada me cuesta cien mangos”. Es consciente de que está en esta situación debido al consumo, “pero llega la noche, la cabeza te empieza a dar vueltas y terminas con la ‘merca’ que te saca un rato de la locura que vivimos”. Habló de la “cascarilla”, una droga de similares características al “Paco”, bautizada como la droga de los pobres por su bajo costo y su destructivo efecto, y confirmó que “está presente en todos lados y que es una basura que provoca mucho daño”. Señaló que “muchos pibes están perdidos por ser adictos a esta droga tan dañina y muchos terminan robando”. Incluso mencionó que en la calle “son cada vez más los pibes de 14 años en adelante que no tienen una casa donde vivir”.

Mario está dispuesto a internarse dónde sea para terminar con su adicción porque sabe que es el único remedio para salir de la calle. “Los días más fríos, en julio, a veces dormía en una estación de servicio, en el corsódromo, debajo de un puente o en el parque, pero muchas veces nos han echado”, señaló el hombre que lo único que tiene como posesión es “un colchoncito, algunos cartones y mantas” que deja en algún lugar rogando que no le desaparezcan.

Cada vez más

Mario denunció que el número de personas en situación de calle “va en aumento”, y responsabilizó a esta realidad la falta de trabajo. “Muchos dicen que hay, pero uno va a pedir y te dicen no hay, o vení mañana, y no queda otra que cuidar autos, pedir y vivir, como se puede, el día a día”.

Indicó que “trabajando en forma informal, en un estacionamiento, podes juntar entre 200 y 300 pesos”, pero destacó que siempre encuentra gente solidaria cuando pide para comer, “como hay otra que te cierra la puerta en la cara como si fueras un paria”.

Luis tiene 43 años y lleva dos años y medio viviendo en situación de calle. Al igual que Mario, pernocta dónde puede. “No hay trabajo y lo que a veces conseguimos es una changa, por hora, y con un poco de fortuna, por día”, comentó a ElDía. También dijo que necesita “imperiosamente un trabajo para salir de una situación que no se la deseo a nadie”. En su momento consumió droga, pero aseguró que ahora no lo hace y que no es adicto a los estupefacientes.

Dijo que tiene familia, pero que el contacto es mínimo. Explicó que se encuentra en esta situación por “una cuestión familiar” y que no quiere que se le regale nada, sino “tener lo mínimo como para pagar una pieza y dormir en una cama y bajo un techo”.

Contó que ha dormido en varios lugares. Uno de ellos, en la zona de los sanitarios, en La Delfina, en el Parque Unzué. “La idea es tirarnos donde no llegue el rocío y taparnos con lo que tengamos y obviamente dormir vestido”, agregó.

“La gente, no toda, suele mirarnos como si fuéramos bichos raros porque dormimos donde podemos y con el cielo como techo, cuidamos autos, pedimos comida, pero tengo la conciencia tranquila porque trato de ganarme la vida como puedo. Duele que te miren como algo diferente, cuando todos somos iguales, amén de la condición económica en que nos encontremos”, manifestó.

Luis se higieniza como puede, en los baños del casino, en el corsódromo, o en alguna estación de servicio, “algo que en el verano se puede sobrellevar; mientras que en el invierno es muy difícil”.

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