En vigencia: Los desafíos se mantienen: somos una democracia joven que pelear por madurar
El país volvió a quedar en suspenso. La conferencia de prensa del Vocero Presidencial fue transmitida en directo. Sus palabras desnudaron la realidad: Cristina será operada de un cáncer el próximo 4 de enero. Jorge Barroetaveña La salud de los presidentes siempre es una cuestión de estado. Hace unos años, cuando Néstor Kirchner tuvo un episodio grave en Santa Cruz que lo tuvo a maltraer, el mar de rumores y versiones que se tejió en torno al tema acabó por perjudicar cualquier información."En una guerra la primera víctima siempre es la verdad", dice el dicho y, en el caso de la salud de los presidentes suele suceder algo similar. Pese a los pronósticos y al desdén oficial por la prensa, el vocero presidencial cumplió con su rol e informó como correspondía.Así acabó de cuajo con todos los rumores que podrían haber surgido si no se explicaba con claridad los alcances de la enfermedad de la Presidenta.La noticia es el corolario de un año intenso en el que el stress no ha estado al margen de la enfermedad de la mandataria. Es que el 2011 pasará a la historia como el año de las dos elecciones, matizadas por una seguidilla electoral que se convirtió casi en un truco en el que los jugadores iban orejeando las cartas.El primer comicio fue en marzo y desde ahí no se paró más. Lo que en un principio pareció un paseo oficial, se fue oscureciendo a medida que llegaba a los grandes centros urbanos. Las victorias oficiales fáciles de Catamarca, La Rioja y el susto en Chubut que le dieron a Das Neves dejaron un escenario yermo para los deseos oficiales.Pero los comicios de Capital Federal, Santa Fe y Córdoba demostraron que no sería tan fácil. La lectura original de lo que estaba en juego y las motivaciones en el voto popular fueron erróneas. Así como el gobierno creyó que las elecciones locales de los pequeños distritos sólo tenían motivaciones nacionales, la oposición también se comió el amague y pensó que el voto urbano-rural buscaría a nivel nacional una alternativa no oficial.A esta altura se podría pensar que la buscó y no la encontró, aunque no dejaría de ser una mera especulación. El voto a Del Sel en Santa Fe y a Macri en Capital encendió las luces amarillas en el oficialismo, pero los dos distritos tenían sus particularidades.El voto al ex Midachi fue un voto protesta que aprovechó las bondades del sistema de boleta única. Fue una demostración de hasta dónde el mal humor social puede encontrar, cuando quiere, canales para expresarse. El de Macri en Buenos Aires fue un voto a la continuidad más allá que, muchos de los que lo votaron, a nivel nacional optaron por el kirchnerismo. Ese enroque, difícil de entender para los analistas políticos, escondió el resultado del 14 de agosto primero y el del 23 de octubre después.La oposición nunca pudo hacer pie. El engendro del Peronismo Disidente terminó siendo eso, un engendro y la diáspora radical-socialista fue el envión que le faltaba al kirchnerismo. La Presidenta ganó por un campo de distancia, relegando a Hermes Binner al segundo lugar y a los radicales al tercero.La abultada victoria sirvió para disimular las falencias que arrastra el proyecto oficial y su deuda con las instituciones, aún así infinitamente menores que el camino que le falta recorrer a cualquier otra alternativa. Y esa es la principal asignatura de cara al futuro.El modelo que pergeñó y modeló Néstor Kirchner a partir del 2003 ya se conoce, no tiene secretos. También sus métodos y sus límites. Y el modelo de país que imaginan y llevan a la práctica, contra viento y marea. Y que tiene además la marca del peronismo en el orillo. Pero a ese proyecto le falta un contrapeso, como en cualquier democracia moderna. No opuesto pero sí distinto.Entre republicanos y demócratas, a la hora de gobernar Estados Unidos no existen grandes diferencias. Entre socialistas y populares en España tampoco. O entre laboristas y conservadores en Inglaterra. En todos esos ejemplos existe un modelo que tiene consenso y, con matices y tropiezos, se intenta llevar a la práctica. La sociedad avaló en 2011 el país que pensaron y modelaron los Kirchner. Es obligación de la oposición amoldarse a eso y presentar un proyecto superador.Para eso deberá encontrar a los intérpretes adecuados. Mauricio Macri quiere erigirse como uno de ellos y acaba de declarar que se siente 'obligado' a ofrecer una alternativa en el 2015. Podría haberlo hecho ahora pero optó por la comodidad de la elección porteña. Los grandes estadistas se ven en las horas más difíciles y huyendo de la batalla, a la postre, será imposible ganar la guerra. Macri debería saberlo.El radicalismo ha encarado un proceso de renovación que no se sabe adónde lo llevará pero si no lo hace se convertirá en un partido testimonial, aferrado a los caudillos locales. El socialismo tendrá que demostrarse a sí mismo que puede sobrevivir más allá de Santa Fe y que no es una copia desdibujada del kirchnerismo.Y el peronismo deberá mirarse al espejo y definir alguna vez qué es. Cristina, ¿es peronista? Moyano, ¿es peronista? ¿Por dónde pasa el verdadero peronismo? Sino que avisen y se lo declara oficialmente enterrado. Porque en su afán por retener el poder muestra todas las caras que puede y ocupa hasta el último rincón del escenario.Claro, también es responsabilidad del resto mostrarse a la altura de las circunstancias. Más allá de los vaivenes económicos que suelen condicionar a los gobiernos, sería bueno un sinceramiento ideológico para saber dónde está parado cada partido. Para evitar confusiones y por la salud de una democracia joven que pelea por madurar.
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