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Encadenada y "esclava sexual": la joven abusada por el exitoso agente inmobiliario que era un asesino serial

Kala Brown tenía 30 años cuando vio como asesinaban a su novio a sangre fría y quedó secuestrada en un container en el medio de un bosque. Todd Kohlhepp, los había contratado para un trabajo que se convirtió en su calvario y pesadilla. Ella después supo que él había cometido al menos siete crímenes. La estremecedora historia del joven con alto coeficiente intelectual, varios títulos universitarios y una personalidad violenta que lo convirtió en un monstruo

Era rarísimo, su hijo Charlie jamás dejaba pasar un día sin llamarla. Joanne no entendía qué podía estar ocurriendo. Charles “Charlie” David Carver (32) y su novia Kala Brown (30) no respondían sus teléfonos celulares. La madre de Kala, Bobbie, también se preocupó y, como vivía más cerca, fue hasta la casa de la pareja. Encontró que el perro, al que su hija cuidaba como a un bebé, estaba abandonado, sin agua ni comida. Le resultó alarmante, sabía que su hija jamás haría algo así. Observó que faltaba el auto de Charlie, así que dejó una nota sobre el coche de Kala por si volvían. Pero no volvieron.

Todos, amigos y familiares, coincidieron que nada era normal. ¿Dónde estaban? Decidieron hacer la denuncia, la pareja estaba desaparecida. Lo cierto es que, a primera vista, no había muchos hilos de los que tirar.

Tuvieron que pasar dos meses para que los cruces de las antenas de sus teléfonos móviles dieran fruto. La triangulación de los peritos logró delimitar una zona específica: una propiedad de 40 hectáreas, ubicada a unos pocos kilómetros de la ciudad de Woodruff, en Carolina del Sur, Estados Unidos.

El dueño era un hombre de 45 años, Todd Kohlhepp, un exitoso agente inmobiliario que, curiosamente, figuraba en el registro de agresores sexuales. Las autoridades pidieron de inmediato una orden de cateo.

Cuando llegaron al campo señalado, la sorpresa no demoró en producirse. Mientras inspeccionaban un área boscosa observaron un enorme contenedor metálico verde de cuatro metros y medio por nueve. Circularon alrededor de él y de pronto escucharon unos débiles golpes desde su interior. La adrenalina los invadió. Con la ayuda de un soplete rompieron el candado y, luego, hicieron palanca. Lograron abrirlo y entraron. Al fondo del contenedor, en la total oscuridad y sobre un colchón sucio, había una escuálida sombra de mirada perdida. Estaba encadenada por el cuello y con las manos y los pies esposados. Dijo llamarse Kala. Se veía deshidratada y desorientada. La sombra tenía anteojos, un pantalón claro, un suéter negro y ojotas en sus pies.

Los policías sabían que era una de las dos personas que buscaban. Al lado de Kala, había desperdigadas unas novelas sobre casos criminales, varias galletas y un reproductor de MP3. Le preguntaron por su novio, Charlie Carver. Con una voz demasiado controlada para lo dramático de la situación, esa sombra llamada Kala, respondió:

-Todd le disparó a Charlie Carver tres veces en el pecho. Lo envolvió en una lona azul. Lo puso en la parte de atrás de un tractor y me encerró aquí. Nunca lo volví a ver. Él decía que estaba muerto y enterrado. Dijo que había varios cuerpos enterrados afuera...

Los agentes le quitaron sus cadenas.

Era el 3 de noviembre de 2016.

Cuando las autoridades liberaron las imágenes del rescate de Kala Brown, la sociedad pudo ser testigo de la peor película: la realidad.

Chuck Wright, jefe de policía del condado de Spartanburg, Carolina del Sur, en la conferencia de prensa aseguró: “Estaba encadenada como un perro”.

El triste final de Charles y el calvario de Kala

Kala Brown convivía desde hacía algunos meses con su novio Charlie Carver. Para ganarse la vida se dedicaban a limpiar todo tipo de propiedades. Hacía unos cinco años que, a través de un amigo, Kala había conocido a un próspero empresario, dedicado al negocio de bienes raíces, que le solía encargar trabajos de limpieza. Ese hombre se llamaba Todd Kohlhepp.

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El miércoles 31 de agosto de 2016, Kohlhepp los contrató para realizar tareas en un campo. Les venía muy bien el dinero así que acordaron encontrarse con él para ir en dos autos. Kohlhepp fue adelante en su camioneta, ellos lo siguieron. Llegaron al lugar y traspasaron un enorme portón. Bajaron de sus respectivos vehículos. Ellos esperaron fuera mientras Kohlhepp ingresó a buscar algo a la casa. Luego, les indicó donde estaban las herramientas para los trabajos que debían hacer y les dio una botella de agua a cada uno. Entraron a un galpón y fue entonces que súbitamente Kohlhepp sacó un arma de su cintura. Sin mediar palabra, le disparó a Charlie tres veces al medio del pecho. Cayó al suelo. Kala quedó petrificada, Charlie se retorcía sobre el piso y escupía sangre. En pocos minutos todo terminó. Dejó de respirar.

Kohlhepp llevó a la traumatizada joven hasta un contenedor en medio del bosque. La empujó dentro y la ató con cadenas y grilletes. Una la sujetaba por el cuello; otras dos, con esposas, le impedían mover los pies y las manos. Luego, cerró la tapa del contenedor también con cadena y candado. Recién entonces, procedió a enterrar el cuerpo de Charlie, en una fosa superficial cercana. Más tarde, pintó con un aerosol el auto blanco de la pareja. Eligió un tono marrón para que quedara camuflado entre el follaje y tapó el capot con ramas.

Los próximos 65 días se dedicó a violar sistemáticamente a Kala. Todos los días, entre la una y las tres de la tarde, Kohlhepp aparecía. Le quitaba la cadena del cuello y los grilletes de los pies (las manos se las dejaba atadas) y la conducía hasta su casa donde procedía a exigirle que satisficiera sus deseos sexuales. La apuntaba con un arma y le recordaba que solo estaba viva para otorgarle placer. Kala se había convertido en una esclava sexual. Luego, le daba algo de comer, la dejaba ir al baño y la volvía a encerrar en el container. Así, día tras día.

Confusos mensajes en las redes

Mientras el horror progresaba para la joven cautiva, las familias de las víctimas estaban cada vez más desesperadas. Se supo que la pareja había sido vista en la localidad de Anderson, pero luego nadie había vuelto a saber de ellos. La policía cibernética se coló en las redes y detectó que la cuenta de Facebook de Charlie se mantenía extrañamente activa. Enviaba mensajes anómalos a algunos amigos pidiendo dinero para comprar drogas. Era rarísimo, Charlie no consumía drogas. Los investigadores estaban convencidos de que alguien le estaba usurpando la identidad. La verdad es que, a esta altura, los detectives ya temían por sus vidas.

Cuando, finalmente, las autoridades consiguieron los permisos legales para entrar a las cuentas de sus respectivas redes sociales, encontraron mensajes entre Charlie y Kala hablando del trabajo que harían el 31 de agosto en lo de Todd Kohlhepp. Y, como ya contamos, fue gracias a las antenas que registraron los movimientos de los teléfonos de la pareja que llegaron al sitio donde estaba secuestrada Kala.

Todd Kohlhepp fue detenido ese mismo día. En el interrogatorio dijo que confesaría, pero que antes quería ver a su madre. Luego de hablar con ella, el siniestro asesino, admitió ser el autor de esos crímenes y ¡de muchos otros! El horror se multiplicaba.

Durante el registro de las propiedades que pertenecían a Kohlhepp, los agentes incautaron armas de fuego, algunas con silenciador, y una gran cantidad de municiones. También hallaron en aquel campo el auto de Charles en medio de los árboles. Además, detectaron que un usuario de internet identificado como “Me” (yo, en inglés) había escrito reseñas muy raras, en Amazon, sobre algunos elementos sospechosos de haber sido usados en los crímenes que Kohlhepp había confesado.

“Me” había escrito en la ficha de una pala con mango plegable: “Guárdela en el coche para cuando tenga que esconder los cuerpos y deje la pala de tamaño grande en casa”. Sobre unos candados, su comentario decía: “Sólidos candados, tengo 5 en un contenedor de navegación… no los detendrá, pero con seguridad los retrasará hasta que sean demasiado viejos para que les importe”. Y acerca de un cuchillo expresó: “No he acuchillado a nadie todavía… , pero mantengo vivo el sueño y cuando lo haga, será con una herramienta de calidad como esta”.

Lo escrito les erizó la piel.

Un chico de carácter volátil

Todd Christopher Kohlhepp nació el 7 de marzo de 1971, en el estado de Florida, Estados Unidos. De pequeño, con sus padres Regina y William Sampsell, se trasladó a Carolina del Sur. Poco después ellos se divorciaron y su madre volvió a formar pareja. Desde el primer día, Todd Kohlhepp se llevó muy mal con el nuevo marido. Aun así, en 1976, él lo adoptó. Los golpes del padrastro para reformarlo terminaron llevando a Regina al divorcio. Pero eso no mejoró la conducta de Todd quien continuó siendo un chico problemático que vivía enojado.

En el jardín de infantes fue el terror de los demás chicos. En su casa, manifestaba sus ataques de rabia destrozando su cuarto con un martillo. A los 9 años las autoridades del colegio se mostraron alarmadas por su agresivo temperamento. Su personalidad volátil hacía que Todd Kohlhepp descargara su crueldad con los animales. Un día le disparó a un perro con el rifle de aire comprimido de su padrastro; otro, mató con sus manos a un pececito dorado. El maltrato animal es un síntoma preocupante, por lo que su madre terminó consultando a un psiquiatra infantil.

El resultado de la evaluación fue que el pequeño tenía un carácter tremendamente “explosivo” y una conducta orientada hacia el “contenido sexual”. El profesional estableció algo más: Todd Kohlhepp podía expresar una única emoción, la ira. El informe culminó con una internación del menor en un psiquiátrico durante tres meses. Cuando le dieron el alta, volvió a su casa. Dos años después, con casi 12 años, fue a vivir por un tiempo con su padre biológico, William, a Arizona. Con él aprendió mucho sobre armas.

William era un hombre que saltaba de novia en novia y no ejercía una paternidad responsable y Todd era un preadolescente demasiado difícil. La convivencia no funcionó. Todd Kohlhepp, ya fuera de control en cuanto a su conducta, quiso volver a casa de mamá. Paradójicamente, con el estudio no tenía problemas y en el colegio demostró tener un alto coeficiente intelectual.

Primer delito, cárcel y rehabilitación

El 25 de noviembre de 1986, su rebeldía y su violencia se convirtieron en flagrante delito. Tenía 15 años. Amenazó de muerte a una adolescente de 14 con un revólver calibre 22 y la llevó a su casa donde la maniató con una soga y le tapó la boca con cinta adhesiva. La violó y luego la acompañó hasta su domicilio donde volvió a amenazarla con una muerte espantosa.

La chica prometió aterrada que no le contaría a nadie lo sucedido, pero lo hizo. Todd Kohlhepp fue denunciado y arrestado. Se declaró culpable y el tribunal lo sentenció a quince años de prisión. Además, fue registrado como delincuente sexual. El juez quiso dejar constancia de que Kohlhepp era un joven inteligente, pero muy peligroso. En un párrafo premonitorio anticipó que “ni teniendo la intervención profesional más intensa y costosa, esta brindaría protección al público ni rehabilitación de este menor”.

Lo escrito se archivó y Kohlhepp pasó los siguientes años encarcelado estudiando. En 1987, un examen psiquiátrico reveló su capacidad intelectual, pero también su personalidad antisocial. Era una verdadera amenaza. Se licenció en ciencias informáticas y, a pesar de su carácter belicoso, no se metió en problemas. Sabía a la perfección cómo debía comportarse en prisión. Su paciencia tuvo éxito y, en 2001, con 30 años, fue puesto en libertad.

Se mudó a Spartanburg, Carolina del Sur, muy cerca de donde vivía su madre y se matriculó en un colegio técnico en Greenville. Consiguió trabajo como diseñador gráfico, pero quería más. En 2006, obtuvo su licencia como agente inmobiliario. Abrió su propia empresa y enseguida se compró una casa cerca de Moore, en el mismo estado. Arremetedor y trabajador, le empezó a ir muy bien. Tomó varios empleados a su cargo.

Parecía rehabilitado y un ejemplo de que de la cárcel no siempre se sale peor. En 2008 obtuvo una licenciatura en Administración de empresas y marketing en la Universidad de Carolina del Sur. Mientras, comenzó a dedicarle tiempo a otra pasión: la aviación. Tenía dinero de sobra así que tomó las horas de vuelo necesarias y sacó la matrícula de piloto privado. Al mismo tiempo, compró varias propiedades.

Todd Kohlhepp se había convertido en un hombre de mediana edad exitoso, atractivo, trabajador, audaz y con recursos para pasarla bien. La etapa mala de su vida había quedado atrás, sepultada. Nadie sospechaba sobre el lado B de su existencia.

En 2014 compró unas 40 hectáreas cerca de la ciudad de Woodruff. La rodeó con un cerco perimetral y le puso un gran portón. No quería visitas sorpresa. Estaba preparando el cementerio para sus crímenes por venir.

Los que lo conocían sabían también que al extravertido y entretenido Todd, le gustaban las armas de fuego y usar un lenguaje procaz con las mujeres. Por eso, las mozas de los bares a los que concurría intentaban evitarlo. Así estaban las cosas cuando Kala fue hallada, en una de sus propiedades, en el año 2016.

Confesar más de lo esperado

Con su confesión se pudo armar el rompecabezas de algunos de los otros crímenes que dijo haber cometido. Sus primeros asesinatos habían ocurrido el 6 de noviembre de 2003, cuando él tenía 32 años. Ese día, ingresó furioso en la tienda de motos Superbike Motorsports de la ciudad de Chesnee, Carolina del Sur. Mató a tiros al propietario, Scott Ponder (30); al gerente, Brian Lucas (30); al mecánico, Chris Sherbert (26) y, a la madre del dueño, Beverly Guy (52). Un desastre.

Cuatro muertos en pocos minutos porque Kohlhepp se había sentido maltratado por la gente del local cuando no quisieron reembolsarle el dinero por una moto que pretendía devolver. Se sintió humillado cuando los empleados se rieron de él porque no sabía cómo manejarla. Volvió a balazo limpio, pero tuvo suerte y el crimen quedó impune. No había testigos, todos estaban muertos. La policía creyó que era un ajuste de cuentas de una pandilla violenta de la zona. No sería la primera ni la última vez, dijeron.

La violencia de Todd Kohlhepp volvió a aflorar el 22 de diciembre de 2015. Ese día, justo antes de las fiestas navideñas, Kohlhepp contrató para un trabajo ocasional -en la misma propiedad donde sería encontrada Kala- a Johnny Joe Coxie (29) y a Meagan Leigh McCraw-Coxie (26). Meagan conocía a Todd del restaurante Waffle House de la ciudad de Roebuck, donde ella trabajaba como moza. Todd solía dejarle suculentas propinas. A Meagan este hombre le resultaba desagradable y se había quejado con su jefe. Pero, finalmente, ella y Johnny aceptaron trabajar una jornada para él. Tenían un pequeño hijo, necesitaban el dinero e irían los dos juntos. Nada que temer.

Fueron el día señalado. Apenas llegaron, Todd Kohlhepp los secuestró a punta de pistola. Rápidamente se deshizo de Johnny disparándole al pecho y atrapó a Meagan. La mantuvo prisionera durante una semana para convertirla en su muñeca sexual. Pero un día, según dijo, Meagan intentó incendiar el contenedor y la mató con un tiro en la cabeza. La experiencia había terminado mal, Kohlhepp quería repetirla mejor. Así fue que, ocho meses después, llegaron Kala y Charlie a su cruel destino en el mismo campo.

Luego del hallazgo de Kala y la confesión del detenido, los peritos revisaron el sitio metro a metro. Encontraron enterrados los cadáveres de Johnny Joe Coxie, Meagan Leigh McCraw y Charlie Carver.

Kala reconoció, en el programa televisivo Dr. Phil, que el asesino le había explicado que “era más fácil controlar a alguien si matabas a quien amaba”. Además, le había dejado muy claro que la opción era encierro y sometimiento o acompañar en la tumba a su novio Charlie. En la misma entrevista, señaló que Todd Kohlhepp le pronosticaba que ella desarrollaría el Síndrome de Estocolmo (un trastorno psicológico que se da cuando la persona secuestrada desarrolla un vínculo positivo con su captor o, incluso, dice sentir cariño o amor) y que así serían “felices juntos”. Para eso construiría una casa de dos pisos con un cuarto absolutamente insonorizado donde Kala, a quien llamaba “mi buen gatito”, viviría guardada por siempre. Sin embargo, los investigadores creen que Kohlhepp no pensaba mantener con vida a Kala. La prueba, dijeron, era que habían encontrado, muy cerca de la tumba de Charlie, un pozo de tierra húmeda a medio cavar.

Los detalles que brotaron de la boca del propio asesino al vomitar su confesión, dejaron helada a otra mujer: Holly Eudy. Ella salía con el asesino desde hacía diez años. En sus primeras declaraciones dijo: “Yo me daba cuenta de que algo no estaba bien en él, pero no podía poner mis manos en el fuego que así fuera”. Admitió sentirse asqueada y dijo no poder compatibilizar ese personaje con el que la hacía sentir bien y la quería. Declaró saber que Todd Kohlhepp había comprado un contenedor que había colocado en el bosque, pero aseguró que él le había dicho que ahí solo guardaba víveres y bidones de agua. Nada había despertado en ella sospechas. Y, en sus declaraciones, agregó temerosa que ella también podría haberse convertido en víctima.

Siete cadenas perpetuas

En mayo de 2017, Todd Kohlhepp fue acusado de siete cargos por asesinato en primer grado, dos por secuestro, uno por agresión sexual y tres por posesión de armas. Gracias a su declaración de culpabilidad, se salvó de la pena de muerte.

La condena fue siete cadenas perpetuas consecutivas sin posibilidad de libertad condicional más 60 años adicionales por el resto de los cargos.

Uno de sus mejores amigos por esos años, Cherry Laurens, dijo que Todd Kohlhepp parecía una persona decente y que no podía creer los crímenes por los que había sido condenado. Claramente, nadie vio la foto completa del nefasto personaje.

En julio de 2018, Kala Brown acordó en el juicio contra Todd Kohlhepp y el estado, un monto de 6.300.000 millones de dólares como resarcimiento por su sufrimiento, daño psicológico y angustia. Sigue en tratamiento psiquiátrico hasta el día de hoy.

Ese mismo mes tuvo que presentarse en la Corte donde enfrentó con entereza a su captor. Un mes después, el rapero Eminem, en su álbum Kamikaze, la mencionó en una canción. Kala optó por no quejarse. Después de todo, su fortaleza era lo que le había permitido sobrevivir, esto era algo menor.

En 2019 Kala protagonizó un nuevo incidente. Esta vez la acusada fue ella: le pegó en la cara a su novio con el puño cerrado. Fue arrestada y liberada el mismo día luego de reconocer el hecho y pagar una multa.

Podríamos asegurar, sin miedo a equivocarnos, que para ella la vida nunca será la misma. Ella tampoco es la misma persona que supo ser antes del secuestro. La violencia nunca es justificable, pero podría ser en este caso, al menos, entendible. Kala ya no es aquella Kala.

El siniestro Todd Kohlhepp alardeó con haber asesinado a muchas más personas: “Traté de advertir a los investigadores, y le dije al FBI, pero no me hicieron caso. No se trata de sumar, sino de multiplicar. Sale del estado y sale del país, gracias a mi licencia de piloto…”.

Quiso decir que habría víctimas por todos lados.

Kala, que hoy tiene 35 años, confirmó que su secuestrador le había asegurado que la cantidad de homicidios que había cometido estaba cerca de los tres dígitos. Pero Todd no ayuda, esgrime no tener motivación para dar más datos ni ubicaciones. Total, seguirá en la cárcel.

Con esto confirma que el monstruo es monstruo y que, como tal, no piensa cambiar. (Infobae)

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