Enrique Orschanski: “Veo chicos con padres, pero están huérfanos”
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Pediatra cordobés, autor de libros como "Pensar la infancia", académico y columnista de distintos medios, Enrique Orschanski dio charlas en colegios de la ciudad, oportunidad en la que habló con EL DIA. Marcelo Lorenzo - ¿Cómo describiría el vínculo entre el mundo adulto y el mundo de los niños/adolescentes?Orschnaski:- Ha cambiado profundamente por varios factores, según mi opinión. El primer factor es que en 50 años se cambió. Se penduló desde una relación donde los padres decían lo que había qué hacer y los chicos obedecían, hasta el otro extremo donde los chicos dicen lo que hay que hacer y los padres hacen lo que pueden. Los pequeños tiranos no nacen tiranos se transforman en tiranos y se propone una relación muy blanda, con una educación muy complaciente. - Si antes había una relación asimétrica, ahora ya no...- Exactamente ése es el término: se plantea una educación simétrica. Y la simetría enferma a la gente porque se diluyen los límites entre qué es un niño y qué es un adulto. Como los chicos no saben reconocer un adulto no se saben reconocer a sí mismos como niños. Faltan adultos. Hay autores que están hablando que nos encaminamos hacia un mundo sin adultos. Adultos peleados con la edad, peleados con el peso, con las canas, peleados con las arrugas, diciendo que envejecer es feo.- ¿La adultez es un disvalor, entonces?- Exactamente. Se les exige a los chicos que maduren, pero nadie quiere envejecer. Y por otro lado los niños han perdido actividades infantiles. Hay dos actividades que los define como chicos: solamente tienen que jugar y aprender. A eso se tienen que dedicar ellos. Y a mí me parece que hay cosas fuertes sociales y económicas que pesan sobre los menores, y que no tienen que ver con el devenir humano. Me refiero a la fuerte presión comercial para transformarlos en consumidores precoces. El fenómeno comercial es muy interesante. Hay adultos que ya han empezado a reconocer que los están usando comercialmente, y por eso están saliendo del mercado, es decir del consumo permanente. Aunque muchos se quedan porque disfrutan eso. Ante esta situación, los cañones publicitarios están apuntando a los más chicos. - Es una acción del mundo adulto.- Es una acción del mundo empresarial. Es la sociedad adulta, sí, pero que los mira no como una relación humana sino como un target comercial clarísimo. En este momento consumen más cigarrillos los chicos que los grandes. ¿Por qué? Porque la publicidad masiva está prohibida, excepto en los pequeños lugares donde los chicos van a comprar sus caramelos y sus golosinas. Ahí no está prohibido. En este momento consumen más alcohol, masivamente, los chicos que los adultos. En este momento consumen más tecnología los adolescentes que los adultos. En familias de clase media o clase media alta, y aún en las populares, los adolescentes tienen celulares más potentes y más caros que los adultos. - ¿Y cómo es la relación de la tecnología con los niños y adolescentes?- Eso da para una charla larga. Porque la tecnología, el celular en particular, les ofrece un mundo donde meter la cabeza, sacándolos de lo que está sucediendo alrededor. Porque, cuidado, los chicos están viendo cosas que no les gustan. Están viendo que los adultos dicen que no hay futuro, que no hay trabajo, que todo es problemático, que sube el gas, que la autoridades roban, y demás. Y dicen: no me gusta esto. Y entontes, se zambullen en las redes sociales. En una cultura que exalta lo visual, que exalta la imagen. Entonces hay que mostrar todo. ¿Y cuál es el mejor lugar para mostrar todo? Facebook, Twitter, Instagram. La novedad es Snapchat, donde uno manda imágenes con tiempo de exhibición, con caducidad. Uno envía un mensaje y en 10 minutos se borra. Es decir ni siquiera hay registro de lo que yo dije o de la foto que mandé. Hay muchos chicos que están usando estos dispositivos como refugio. Y otros están encontrando su lugar en el mundo. No se saben comunicar personalmente, pero por redes y por chat dicen cosas increíbles. Cosas que, por ahí, podemos usar positivamente. Hace poco a un paciente le pregunté por qué estaba triste, aunque yo sabía que eso se debía a que sus padres se estaban separando. Le dije: "¿Qué te pasa? Decímelo con palabras, que te va a hacer bien hablar". Me respondió: "¿No puedo chatear, ya que me sale mejor?" Y así lo hizo, después de lo cual le hice leer su propio chat y ahí se descargó un poco. Hijos tercerizados - ¿Qué tendencias está viendo en su consultorio, que usted juzga preocupantes?- Veo chicos con padres, pero están huérfanos. Huérfanos de padres vivos. Son todas buenas familias. Todo el mundo se quiere, pero están muy separados. Y la preocupación principal de los padres son los chicos. Sin embargo estos últimos nunca estuvieron tan solos. - Eso es bastante paradójico...- Absolutamente. Porque los padres están fuera de la casa, ocupados en otras cosas, pero por los chicos, ya que están trabajando por ellos. Se están deslomando para llegar a fin de mes, para pagar las cuentas, para pagar un buen colegio o algún otro estudio lateral que les dé posibilidad de trabajo. Nadie duda de que eso es por los chicos. Sin embargo éstos están tercerizados precozmente. Desde muy chicos pasan a manos de otros, en instituciones, en brazos o con lenguas que no son las de ellos. - Desde esta perspectiva ¿cuáles son los déficits de la infancia actual?- A los más chiquititos les falta lengua materna. Les falta lactancia materna, acotada cuando la madre vuelve a trabajar y se les acaba la leche. Les faltan modelos y ejemplos paternos de sentarse a comer en la mesa. Tal vez en Gualeguaychú no lo notan, pero sí en Córdoba, Mendoza, Tucumán y ni hablar en Capital Federal. Entonces los chicos conviven con los padres, pero no tienen los mismos ritmos, no comen a la misma hora. - ¿Eso qué significa?- Que no hay rituales. Estos tipos de conducta que ordenan la vida de un ser humano son simples. Mi propuesta profesional es, justamente, recuperarlos. Nada más que eso. Se trata de hacer cosas juntos, en común, pero siguiendo rituales clásicos como despertarse a la misma hora. Desayunar juntos, eso ya no existe. Desayunar es una palabra muy interesante. Significa salir del ayuno. Y los chicos desayunan en el recreo largo del cole, no con los padres. Algunos tienen la fortuna, como acá por ejemplo, de almorzar con sus padres y se juntan. Pero siempre hay un ringtone, una pantalla o algún comentario o alguna cosa que no une. Anoche (en la charla con el público) decía que la palabra comida tiene la misma raíz etimológica que comunidad. Comida es comunidad. Hacer comunidad. Pues bien, ya no comemos juntos. El que come solo, carga combustible. Entonces los chicos están parando en estaciones de servicio a cargar combustible a lo largo del día para rendir en una agenda apretada que los tiene agotados. No hay ritual de sentarse a la mesa con la familia. Y los fines de semana son caóticos, agotadores. Porque propiamente no es un 'fin de la semana', sino que ésta no finaliza nunca, sigue sábado y domingo, donde uno se cansa de manera distinta. Entonces, ¿cuándo descansan los chicos? Tenemos que recuperar el descanso. ¡Mire de lo que estoy hablando, de retomar rituales básicos de la biología humana! El humano está preparado genéticamente para dormir cuando baja el sol y despertarse cuando el sol aparece. Pero los chicos se duermen una hora después que apagaron el chat. Tienen el sueño muy alterado. - Volver al ritual es una especie de ajuste con la biología...- Exactamente. Hay que revisar para qué está preparado nuestro sistema genético. Por ejemplo está preparado para 8 horas de sueño, con la oscuridad, a salir del ayuno rápidamente, a hacer comunidad, a compartir alimento con otro. Y eso porque la mirada del otro marca tu existencia. La mirada de los padres es fundamental. No hace falta que renuncien al trabajo y estén todo el día con los chicos. No se trata de eso. Se trata de que cuando estén con sus hijos no se interponga Tinelli. Hay diálogos importantísimos entre adolescentes y padres que se interrumpen por un ringtone. Y después decimos que los chicos no quieren hablar. Malcriadores profesionales - ¿Cuál es el papel que, en esta nueva realidad, cumplen los abuelos?- Hace tres años escribí una columna que se llamaba "Malcriadores profesionales". A los abuelos los asiste el derecho a malcriar, tienen absoluta autoridad para eso, no tienen que rendirle cuentas a nadie. Decía que ellos son tercerizadores perfectos. Porque si bien los padres tercerizan en ellos, por lo menos es la lengua familiar. Es el apellido familiar. Es el afecto familiar. Es la incondicionalidad. Y ellos, los abuelos, tienen el tiempo que se les perdió a los padres. - ¿Pero esta tarea no tiene un costo en ellos?- Los abuelos disfrutan cada segundo. Disfrutan todo. Cuando pregunto a cualquier persona: ¿qué recuerdo tenés de tus abuelos?, a la mayoría se les llenan los ojos de lágrimas. Con un abuelo es una fiesta. Y es una fiesta para los dos. Porque mientras los abuelos ganan vida, los chicos ganan identidad y pertenencia. Dos cosas muy importantes. Identidad familiar. Alguien que cuente la historia familiar, por que los padres ya no hablan de eso. Alguien que hable de los antepasados, por ejemplo de los inmigrantes que llegaron de los barcos, de dónde partieron y porqué vinieron, en qué idioma hablaban, qué hicieron acá. Eso se está perdiendo. Las generaciones nuevas ya no hablan nada de historia familiar. Esto hace a la identidad, algo que achica la angustia de los chicos, que sufren por saberse solos. Entonces si yo pertenezco a un grupo familiar, tengo primos, tíos, abuelos, ya no estoy solo. - Algunos sociólogos sostienen que estamos pasando de una sociedad de familias a una sociedad de individuos. ¿Usted qué opina?-Yo no soy tan pesimista. No tengo ese concepto. Para nada estoy de acuerdo. La familia siempre va a existir, aunque se transforme en distintos modelos. Los chicos, de hecho, siempre van a demandar esa estructura. Veo en esa descripción una idea subyacente de atomización. Es una intención también comercial que prospera en Norteamérica, donde los chicos a los 16-17 años se van a vivir solos. Eso simplemente quiere decir una casa nueva, un lavarropas nuevo, una heladera nueva y así se va reproduciendo una unidad de consumo. Que no es un individuo es un consumidor. Yo no estoy de acuerdo con eso. En este momento lo que predominan son las familias ensambladas, le siguen luego las tradicionales y tercero las monoparentales. Ahora bien, en cualquier estructura los chicos reclaman que alguien cumpla la función de padre y que alguien cumpla la función de madre. No importa quién. En las monoparentales, por ejemplo, siempre hay un tío o un abuelo presente. - Por otra parte, la familia es el único lugar donde no funciona el principio de reciprocidad, donde se da sin esperar nada.- Así es, es la lógica del amor, que no tiene nada que ver con la transacción. A esto uno lo puede comprobar fácilmente cuando revisa un sentimiento que para mí es el más desinteresado de todos. Se trata del 'extrañar', que es la expresión más noble del afecto incondicional. Y si uno le pregunta a cualquier persona a quién extraña, casi invariablemente nombra a su familia o a alguno de sus miembros. - Podría decirse que la familia es una institución orgánica. La biología pide familia.- Siempre. No podemos vivir solos. Eso no existe. El hombre solo no es un hombre. El hombre es hombre con otro. Entonces a partir de ahí se entienden los síntomas predominantes en los chicos, como la percepción de soledad. A veces están muy acompañados físicamente, pero no se sienten mirados. El último libro que publiqué hace un mes se llama "Mírame Más". Los chicos existen si los miran los padres. El que mira claramente a la cara de su hijo, lo hace existir. Si no se lo mira, ese chico desaparece. Y al desaparecer empiezan las orfandades en vida.
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