ENTERRADOS ¿bajo la alfombra?
Por Gustavo Rivas"El conflicto por entre Argentina y Uruguay por Botnia UPM está enterrado", dijo el Ministro. Por si ello no resultara claro, agregó, como para cerrar toda discusión, que "la relación entre ambos países en el futuro será óptima y todos los problemas del pasado ya han sido resueltos con beneficio para ambos pueblos, ya que es la única manera de resolverlos y que la solución no genere resentimientos". Así de sencillo; andá a dicutirle...aquí no ha pasado nada, no existimos.Constituye un claro anticipo de que no habrá mayores reclamos al vecino país. Éstos podrían afectar el lecho de rosas por el cual transcurren ahora nuestras carnales relaciones -que, como vaticina- se extenderán en el tiempo, clausurando toda rispidez pasada.Tan crudas declaraciones, además de echar luz sobre el presente y futuro, transparentan el porqué de tanta complacencia en el pasado reciente, al consentir las amañadas reglas que enmarcan al monitoreo.Sin entrar en mayores detalles, nos hemos anoticiado de que los efluentes de la planta Orión, son diluidos con agua del propio río Uruguay antes de su volcado, en violación de reglas básicas internacionales. Nos enteramos de ello por casualidad, a raíz de algunas manifestaciones del Ing. Hernán Orduna, Presidente de la delegación argentina ante la CARU. No sabemos cuál ha sido el formal reclamo argentino- si lo hubo- frente a tan grave anomalía. Sí sabemos en cambio, que la DINAMA, con el argumento de no poder enfriar ya los vertidos con agua del río, dispuso sin más ni más, elevar a 37° el tope de temperatura de salida. De este lado, ni mu.Otra muestra de la poca seriedad del monitoreo, es que aparte de haber consentido Argentina la arbitraria limitación a 12 inspecciones a la planta por año, se las publicita con bastante antelación. Equivale a anticiparle a un cajero, p. ej., qué día le van hacer el arqueo.Pero hay otra innovación inexplicablemente consentida por nuestro país:la "dilución" del propio monitoreo. En efecto: el fallo de La Haya mandaba específicamente monitorear la planta de Botnia, su zona circundante y nada más. Para nuestra sorpresa, Argentina aparece luego aceptando 10 puntos adicionales de monitoreo en ambas márgenes a lo largo de todo el Uruguay. Es decir, se nos introdujo esa variante donde no la había, como condición para aceptar un control que estaba ordenado específicamente para Botnia. Pero hasta ahora el único punto de examen fuera de Botnia es -oh casualidad- la boca del Gualeguaychú. ¿Con qué finalidad? La vamos viendo: hace unos meses en un sitio montevideano se sostenía que nuestro parque industrial ¡producía más contaminación que Botnia! Ahora se hace trascender que en los laboratorios canadienses, se habrían detectado más impurezas en nuestro río que en la planta Orión, con lo cual se le va viendo la pata a la zota. Nos van "preparando" e imaginamos lo que vendrá.Entendámonos: no está mal controlar todo el curso del Uruguay, aunque debe hacerse por canales separados. Lo que está mal es prestarse a este tipo de maniobras diversivas destinadas a camuflar una contaminación real bien localizada.Pero aún en el caso de que los análisis demostraran en forma clara la contaminación; habida cuenta de que Botnia no piensa moverse ¿recurrirá nuestro país nuevamente a la Haya? Para evaluar el grado de esa posibilidad, volvamos un poco al pasado reciente.En 2006 Argentina resolvió -con tres años de retraso-recurrir al tribunal internacional, ante un clamor nuestro que ocupaba los primeros planos en medios del país y el mundo. Y aunque no se escribió, era evidente un previo compromiso implícito asumido ante el Presidente Kirchner: levantar el corte de la Ruta 136. Que se concretó en los días subsiguientes.Pero a los pocos meses y con un motivo ocasional, se restableció el corte, ahora por tiempo indeterminado. Fue un grave error estratégico: quemamos las naves.Porque hoy no sólo es impensable otro corte, sino que además, hemos desaparecido de las primeras planas, apenas nos escuchamos entre nosotros. Más claro aún: para el Palacio San Martín, seguramente hemos dejado de ser un incordio que empañaba las buenas relaciones con el compañero Pepe, que indudablemente le son prioritarias.Además, entre las circunstancias que han cambiado, no podemos dejar de computar el "efecto Cristinazo", que aparentemente ya incide para refirmar la política exterior consistente en ignorar los problemas y barrer debajo de la alfombra, en lugar de cuidarnos.Pero recordando a Almafuerte, no te sientas vencido ni aún vencido. Y habrá que hacer lo que no se hizo en su momento, eclipsados por la ilusión de un corte perpetuo, que en definitiva sirvió de poco.Buscar formas alternativas de hacernos oír y peticionar a las autoridades.En lo posible, más unidos.
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