Ese antiguo oficio
Fragmento de la poesía "la Calle Olvidada "de Enrique Ángel PiaggioVieja calle con duendesdonde flotan los versosde una edad florecidaen poemas y ensueñosVieja fotografíaDe días que murieron,la ciudad te conservacon ternura en su seno.-Si en algún lugar se encuentra el drama humano en sus múltiples facetas es en los Prostíbulos: El amor, la rufianería, la explotación, la pobreza, la enfermedad, la alegría, el miedo, la marginación, la mentira, la humillación, la soledad... y la lista sigue porque en "los quilombos" -sin maquillajes- transitó y transita la vida misma. Cabe también en esta lista la dignidad. Por Osvaldo DelmonteColaboraciónGualeguaychú tuvo infinidad de estos lugares con olor a Espadol y creolina en donde al decir de Sor Juana Inés de la Cruz están "las que pecan por la paga" y van los que "pagan por pecar". Pero los prostíbulos no fueron solo eso. Allí "los Doctores", en la espera, anudaron trenzas políticas embebidas en alcohol. Poetas soñadores alimentaron la filosofía del tango y algunos compadritos lucieron su hombría en el catre y con el facón. Imposible no hacer referencia que en estos "pirigundines" se fraguó la música que hoy es orgullo nacional. Hacia 1910 la Municipalidad de Gualeguaychú reglamenta detalladamente la actividad de las "casas de tolerancia" y organiza un registro de las mujeres que ejercen la prostitución. Este registro contaba con "retratos" de cada una de ellas y de la gerente, ubicación del prostíbulo y otros pormenores que dan cuenta de la importancia que esta "tolerada" actividad tenía en el pueblo. Las mujeres debían tener su propia libreta de sanidad -con foto igual a la que figuraba en el registro-, esta constancia debía ser exhibida si algún cliente lo requería. Los controles de salud los efectuaba el médico de la Municipalidad dos veces por semana. Estamos hablando de una época en la que aún no se había inventado la penicilina ni se había difundido el uso del látex, y la sífilis, la blenorragia y otras enfermedades de transmisión sexual hacían estragos en la población. En el museo "la Azotea de Lapalma" se conservan algunas fotos de estas pupilas. Es posible imaginar por la tristeza de sus miradas el férreo control social ejercido sobre sus vidas y la semiesclavitud a la que estaban sometidas. Prueba de esto es la comunicación cursada al: "Señor Secretario de la Municipalidad de Gualeguaychú" en el año 1935 que dice lo siguiente: "La encargada del prostíbulo el Farol se ha presentado a esta oficina dando cuenta que la mujer Maria E Perfecto se fugó de dicho prostíbulo la tarde del día de ayer. Saludo a Usted muy atte. A Boggiano". Esto es muy curioso, pero lo realmente sorprendente es la respuesta del Intendente Peyret:"Solicítase por nota la detención de la mujer Maria Perfecto. B L Peyret Es claro que el Estado no solamente toleraba el ejercicio de la prostitución sino que también utilizaba todo su poder de coerción para someter a estas mujeres a la servidumbre sexual. Es la misma época y sociedad que negaba todo derecho a los hijos extramatrimoniales, solo les reservaba el escarnio y la vergüenza. Hacia 1945 una nueva clase social se hace visible, comienzan en el país profundos cambios en el orden político, social y cultural y en calle Andrade al 1300 los parroquianos conversan sobre esta nueva realidad de la argentina. Es el patio de "El Brillante", una de las casas públicas más conocidas, al igual que su encargada: la Hilda. En este lugar Dora Thompson comparte su historia de vida con algún cliente, víctima -al igual que tantas- de una moral hipócrita: el embarazo temprano y no deseado, el abandono del novio y finalmente la expulsión de su casa siendo casi niña. La vida de Dora configura la historia clásica de las mujeres que terminaban explotadas en manos de algún "cafiyo". La Hilda, recordada -aun hoy- con respeto y cariño por muchos, es una referencia insoslayable de este Gualeguaychú oculto y comentado en sordina. Consejera de jóvenes que se acercaban por primera vez a este mundo misterioso. Sus últimos años en nuestra ciudad vivó en la zona de la costanera en un lugar conocido como el Conventillo de Mendaro y falleció en la ciudad de Campana extrañando a su pueblo.El caserón donde estuvo El Brillante quedó asociado a la poesía "La calle olvidada" de Enrique Ángel Piaggio pues la misma fue ilustrada con una foto en la que casualmente estaba esta vivienda. Para esta misma época (la del Brillante) y entrados los 50 descollaba "El Chantecler" ubicado en 25 de Mayo y María Luisa Guerra -casi costanera-, era el típico Cabaret de la época: mesitas con mantel, música en vivo y pista de baile. Era un lugar exclusivo ya que los precios no estaban al alcance popular. El Chantecler tenía además habitaciones para los que quisieran "ocuparse". Desde un palco especial un trío de tango animaba la noche. Algunos clientes hacían firuletes en la pista y otros se quedaban solo para escuchar a un joven cantor, un tenor, impecable y afinado, se llamaba Miguel Ángel Chacón."La Violeta" fue otro de los lugares emblemáticos, ubicado en calle Buenos Aires y Villaguay; inolvidable para muchos por el anís escarchado marca "El Mono", servido en las habitaciones. Un poco más reciente fue "Luces del Puerto", que como su nombre lo indica estaba en la zona de Prefectura; aquí también había música en vivo y los memoriosos recuerdan a Miguel Ángel con alguna de sus orquestas."El Gato Negro", un clásico del barrio norte, estaba ubicado en 9 de Julio y Jujuy, regenteado por Doña Alida, en el barrio también estaba "El Tropezón y la lista sigue; aunque más modestos: en Del Valle y la Vía "la Francesa", en Luis N. Palma (entonces Soberanía) y Estados Unidos "La Cordobesa", para el lado del cementerio y más reciente: "la Paraguaya". Sin dudas, la lista no se agota en esta breve reseña, ni es objeto de la misma el relevamiento de los lugares en donde se practicó el antiguo oficio. Lo que no se pude negar es que fueron muchos y que estuvieron siempre. Tampoco se puede ignorar su importancia cultural, social y psicológica. En estos últimos 100 años las casas de tolerancia estuvieron ocultas, pero siendo el centro de una sociedad negadora, machista y de doble estándar moral. Al inicio hacía referencia a la DIGNIDAD. Osvaldo Bayer rescata una historia que tiene que ver con esto y que vale la pena recordar. Fueron las prostitutas de San Julián, allá en el lejano sur argentino en el año 1922, las únicas que denunciaron -cuando todos callaron- la masacre de 1.500 trabajadores rurales y pagaron con cárcel y tortura la osadía de gritarles ¡ASESINOS¡ a los asesinos de sus hermanos: los pobres y olvidados. Se agradece la colaboración de:-Rubén Peralta -ex empleado del Correo--Raúl Ingold y empleados del Museo "Azotea de Lapalma"-Edgardo Rivas Periodista de Turf, Diario El Día- Enrique Ángel Piaggio.
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