“Esta ciudad es un modelo de responsabilidad ciudadana”
María Teresa La Valle aborda el medio ambiente desde la filosofía y la ética. Catedrática de prestigio (es investigadora de la UBA), disertó días atrás en Gualeguaychú invitada por el municipio y la sede local de la UADER. Aquí el diálogo que mantuvo con EL DIA y Radio Cero.Por Marcelo Lorenzo - Ha venido a hablar sobre ecología a una ciudad que ha trascendido, justamente, por su reclamo ambiental contra la instalación de la industria pastera en la cuenca del río Uruguay. ¿Qué opinión tiene de esta movida local?María Teresa La Valle:- Bueno, en primer lugar me siento muy honrada y privilegiada de estar en Gualeguaychú. No conocía la ciudad pero sí su trayectoria. Y creo que es un modelo de responsabilidad ciudadana. Si podemos salir de la crisis ambiental creo que va a ser a través de la acción ciudadana. Que es lo que hizo y lo que está haciendo Gualeguaychú, que es lograr que los ciudadanos estén informados y se ocupen del tema. Es decir, fuera de hablarlo en una mesa de café, o de deprimirse por lo mal que está todo, ellos tomaron el desafío en sus manos y se hicieron cargo. Y se siguen haciendo cargo. Lo cual no es pavada. En el momento en que empezaron a movilizarse, pusieron la cuestión del medio ambiente en el tapete. - Se diría que hasta lo de Gualeguaychú, el tema ambiental se había reducido al Riachuelo.- Sí, pero ni siquiera. Porque todavía ni eso se ha solucionado. De todos modos, es de una pobreza total que el problema ambiental se haya reducido durante tanto tiempo a una sola cosa, más allá de que afecta a miles y miles de personas, pero involucra a una sola región del país. El problema ambiental concierne a todo el país y concierne a cada uno de los ciudadanos. - Usted rescata, por tanto, el valor cívico del reclamo de la ciudad. ¿Es así?- Sí, el hecho de tomar la causa en sus manos. El no esperar a que otro venga y lo solucione. Esto es importante, porque en realidad existían problemas en otras partes del país, y nadie se había ocupado. Y nos enteramos que existían y que eran un problema, que planteaba serios riesgos, cuando surgió esto. Es decir, siento que en un momento ustedes eran los que dictaban la política ambiental del país. Es como que "de golpe" nos planteamos que sería una buena idea hacer algo parecido a una política ambiental. Y sí, sería bastante buena idea, nos dijimos. Todo esto surge a partir de acá. No cualquier ciudad -de hecho creo que ninguna-, puede arrogarse hoy esta fuerza y esta constancia en el trabajo. Porque es muy fácil pelear por una cuestión puntual, y después la cosa se terminó. Ustedes no: siguen con esto. Estamos hablando del año 2005. Hace 6 años. Cuestión de responsabilidad - ¿Cómo pueden la ética, o la reflexión filosófica, iluminar la cuestión ambiental? ¿En dónde reside la pertinencia de uno y otro tema?- Hay una enorme pertinencia, pero hay que demostrarla. Desde la ética tengo que demostrar que efectivamente es una cuestión relevante. Veamos. Nosotros con nuestras actividades como seres humanos cada vez influimos más sobre la naturaleza. Y en muchos casos influimos de manera irreversible. Entonces la naturaleza es vulnerable a nuestras acciones. Vulnerable quiere decir que una persona o un objeto, puede verse damnificado por mis acciones. Esto me convierte a mí en responsable ante esa persona o esa cosa. O sea, si yo puedo afectar a otro soy responsable, por tratar de no perjudicarlo y tratar de hacer algo positivo a su favor. Cuando digo no perjudicarlo me refiero a la no acción. En muchos casos la no acción o la omisión, es peor que la acción. O sea, ver que suceden las cosas, pero no averiguar por qué suceden y qué efectos desencadenan, puede ser ya una falla seria. Y esto la ética lo marca muy bien. Si usted está capacitado para darse cuenta de lo que está pasando, tiene la obligación de averiguar qué pasa y qué efectos tiene. Y una vez que averigua eso, no se queda en su casa o escribe un artículo diciendo: ¡Uh, qué problema! En lugar de eso, tiene que hacer algo al respecto. Tiene que hacer algo desde su disciplina. Y creo que una de las cosas geniales de la cuestión ambiental es su carácter disciplinario. Ahí confluyen muchos saberes. Porque la cuestión ambiental afecta a todos los campos. Eso obliga a que nadie trabaje por su cuenta, sino que deben unirse. - En el pensamiento occidental parece haber un viraje en la concepción que se tiene de la naturaleza. Después de 200 años de industrialismo, nuestra imagen del entorno ha cambiado. ¿Es así?- Hemos tenido durante muchos siglos la idea que la naturaleza estaba a nuestro servicio. Es decir, la naturaleza servía o no servía para el ser humano. Un ejemplo claro de esto se ve en Aristóteles, que al hacer una lista de las plantas, las clasifica en función de si eran venenosas o no venenosas para el hombre. O sea, la naturaleza está concebida alrededor del ser humano. Lo que le viene bien a él, fenómeno. Y lo que no le viene bien, no sirve. Otro error garrafal era que los recursos son infinitos, que todos son sustituibles y que están ahí siempre. (...) Sin embargo mucha gente parece que sigue pensando que los bienes son infinitos. El agua es el caso más claro. 'No importa que contaminemos, total siempre va a haber agua', parecen decir. Y no es así. Además, algunos creen que se puede hacer lo que se quiere. Como construir en lugares en donde, por ejemplo, entra el mar. No importa. Después pasa lo del huracán Catrina. Que no hubiera sido un desastre si no hubieran construido donde lo hicieron. La naturaleza no genera desastres. Se convierte en desastre cuando el hombre construye al pie de un volcán o en una zona de humedal, que obviamente funciona como un freno ante el mar (...) Es importante saber que nosotros no somos nada más que un elemento en el ecosistema. No somos el centro del universo. Cosa que nos cuesta, porque a todos nos gusta pensar que somos el centro de todo. Yo soy porteña y puede decir que hay una tendencia a creer que lo único que importa es Buenos Aires. Usted habló que el único problema ambiental es el Riachuelo, que afecta a Buenos Aires. Está bien, son muchas las personas afectadas. Pero lo que tenemos que preguntarnos es por qué hay tanta gente allí. ¿Por qué Buenos Aires está lleno de gente? En un absurdo. Pero claro, mientras tengamos un país que lo único de federal que tiene es el jabón, esto seguirá. En el mundo pasa lo mismo. Ahora nos damos cuenta que somos un elemento en un ecosistema. Al que tenemos que cuidar, porque nuestra acción sobre él es enorme. Y los riesgos que estamos planteando son reales. - Hasta por una ética utilitaria deberíamos hacerlo, en el sentido de que si no hacemos algo ahora, lo que se viene será peor para nosotros...- Se podría pensar en estos términos. Aunque yo me cuido de eso, porque el utilitarismo sirve para muchas cosas. Está bien, si no nos cuidamos ahora, la cosa será peor. Pero el tema es que no tenemos que cuidarnos para satisfacernos nosotros. Porque, insisto, somos un pequeño átomo en un sistema mucho más grande. Nos guste o no nos guste, es así. Fíjese lo que está pasando con el volcán (Puyehue), con las cenizas que está desparramando. Uno ahí se da cuenta de lo que es el ser humano: un porotito. - ¿Qué lección dejó el desastre de Japón y la crisis nuclear de Fukushima?- Nos hizo darnos cuenta de muchas cosas. Una de ellas es que un problema ambiental nos afecta a todos. Toda acción que tome cualquiera, cualquier país por ejemplo, afecta al resto del mundo. Fíjese cuántos países se están replanteando que tipo de energía quieren usar y cuánto riesgo están dispuestos a correr (...) Lo otro que mostró el desastre de Japón es que se trata de una cuestión que tiene enorme importancia para la democracia. Tiene que haber participación. Toda la gente, que pone algo en juego en el caso del medio ambiente, tiene que poder participar. Saber de qué se trata, saber cuáles son los riesgos e influir sobre las decisiones. Y no es un lujo. Cuando uno habla de los ecologistas parece que fueran un grupo de hippies. Pero en realidad no es un lujo. Es esencial. ¡Pregúntele a los que ahora tienen radiaciones nucleares en Fukushima si es un lujo! ¿Qué desarrollo?
- Se ha acuñado también en Occidente el concepto de desarrollo sustentable ¿Qué opina de este concepto? ¿No es una contradicción en sus términos?- El concepto de desarrollo sustentable se inició con el Informe Brundtland, el cual ha sido cuestionado por una cantidad de cosas. Una de ellas, que no es menor, es que la pobreza no hace más que arruinar el ambiente. Y es muy fácil echarle la culpa al otro. El tema es, ¿por qué no empezamos a preguntarnos qué queremos decir con 'desarrollo'? O sea, ¿es necesario el crecimiento infinito, permanente? Y me parecería que es complicado. Porque no hay planeta que alcance. Es una frase trillada decir: "hay cierto tipo de estilo de vida que necesita cinco planetas". Pero resulta que tenemos uno solo. Además para que siga viviendo un sector de la sociedad mundial con ese estilo de vida. Porque si yo en vez de medir lo que gasta un estadounidense, mido lo que gasta un nigeriano, la historia es otra. ¿Quién quiere vivir como el nigeriano? ¿Es digno que viva así? - La crisis ecológica lo que está poniendo en cuestión es quizá nuestro estilo de vida. Pero a la vez es difícil renunciar a él. ¿Qué cree? - En algunos países europeos aflora esta cuestión. Les encanta, por ejemplo, tener muebles de madera, pero saben también que para eso están usando los bosques nativos. Le doy otro ejemplo: a todos nos encanta tener flores en nuestros floreros. Entonces en Kenia, por ejemplo, se siembran flores en grandes hectáreas para exportar a los mercados europeos. Convengamos que nadie come flores. Son elementos para la decoración. Ahora, el problema es la cantidad de agua que se usa en el proceso. Se les resta el agua a los pequeños agricultores que hacen economías de subsistencia o que hacen cultivos regionales. Entonces usted se pregunta: cuando yo pongo flores en un florero, ¿pienso en la cantidad de agua que se necesitó para cultivar estas flores?, ¿considero que pequeños agricultores la necesitan? Agua que tampoco es mía, que traigo de otro lado. Va de Kenia a Inglaterra o Francia. A esto hay que agregarle lo que cuesta ambientalmente el transporte (...) Entonces la pregunta es ¿tiene sentido seguir así? Ahora ¿cuánta gente lo sabe? - ¿En qué medida el cuadro se agrava ante el hecho de que el grueso de la población vive en las ciudades?- Bueno, eso es un problemón (...) El tema en Argentina hace al federalismo ausente. Por ejemplo, sembramos trigo en una provincia, pero en vez de procesarlo en el lugar, lo mandamos a Buenos Aires para agregarle valor. Gastamos dos veces el transporte, porque el producto después vuelve elaborado a la provincia para su consumo. De esta manera le quitamos dinamismo a la producción regional. Para conseguir trabajo hay que ir a Buenos Aires. El INTI tiene estudios excelentes sobre cómo habría que hacer para agregar valor a nivel regional. Esto agrava la situación de las rutas. La 16, por ejemplo, está llena de camiones que llevan la materia prima para un lado, y la devuelven elaborada hacia otro punto. ¿Por qué tengo que hacer todo en Buenos Aires? Se calcula que en 2020 la concentración urbana en el país llegará casi el cien por ciento. Imaginemos una economía basada en un 94% en las grandes ciudades. Por otra parte, cualquiera que viva en una gran ciudad hoy le dice que es invivible. De dónde viene la zanahoria
- Por otra parte, esto aumenta el extrañamiento respecto de la naturaleza.- Es así. Yo tengo una huerta. Vivo la mitad del tiempo fuera de Buenos Aires. Recuerdo que hace dos años una amiga de mi hija, de unos 25 años, cuando la llevaron a la huerta y vio unas hojitas preguntó: ¿Qué es esto, zanahoria? ¿Tiene hojas verdes la zanahoria? Entonces le di una herramienta para que la sacara. ¡No le puedo decir la cara de felicidad de esa chica cuando sacó la zanahoria! Nunca en su vida había visto algo parecido: una zanahoria con tierra. Claro, ella la ve limpia en el supermercado. - Vayamos a la situación ambiental de la Argentina. Por ejemplo, los glaciares, finalmente, ¿están a salvo?- ¡No, en absoluto! No se olvide que San Juan, en cuanto salió la ley, la cuestionó para seguir con la minería. Nadie habla del enorme consumo de agua de la minería. Y nadie habla de las enfermedades que está causando. No se habla de eso. Vuelvo a la ética utilitarista que usted mencionó antes. A ver, yo ahora beneficio a la gente porque le doy trabajo -en realidad a un grupo- pero no mido los daños que les causo a ellos y a otros, hoy y mañana. Medir las cosas por la cantidad de trabajo es falso. No se quiere ver el problema que es más amplio. Es como que usted fuera al médico y éste le dijera: 'usted tiene un problema en un pie; bueno fenómeno, yo le voy a sacar la mano, pero el pie se lo voy a curar'. Entonces usted reacciona: 'no, espere un poquito, quiero el pie con la mano también'. - Con respecto a los argumentos que se utilizan, a Gualeguaychú se le suele replicar que no tiene pruebas de que Botnia contamine. El problema es que habrá este tipo de pruebas concluyentes una vez que el desastre ambiental se consume.- Ése es un problema. Es lo que pasó -para no entrar en un ámbito tan duro- con los cables de alta tensión. Generan problemas graves. Hay gente que se pregunta, ¿cómo sé que eso aumenta la leucemia si hay chicos que no la sufren y viven en los mismos lugares? En Francia hubo un conflicto parecido con esto, y el problema es que el principio precautorio no estaba incluido dentro de la legislación. Sin embargo, usted tiene casos muy serios de enfermedades en lugares donde hay cables de alta tensión. En Formosa hay una ruta que tiene todo el tendido y sucede que los casos de leucemia infantil han aumentado a nivel exponencial. Pero, claro, los chicos vienen al Garrahan porque allá no los pueden tratar y el médico del Garrahan no sabe dónde están las rutas (...) - Más del 70% de las tierras cultivables en Entre Ríos se destinan a la soja. ¿Qué le sugiere este dato?-Bueno, éste es un problema serio que tenemos en Argentina. Y tiene que ver con la absoluta ausencia de una política agropecuaria que tenga en cuenta una evaluación multicriterial, que evalúe no sólo la producción. El productor, a la hora de sembrar, suele hacer una ecuación económica de corto plazo. Pero no tiene en cuenta otros costos en el largo plazo. - Por ejemplo, la degradación de la tierra...- Claro. A mucha gente le va a resultar difícil heredar a sus hijos la misma tierra que recibió. Sé que hay quienes dicen que no es así, pero no lo pueden demostrar en forma convincente. En la naturaleza no existe la sustitución exacta. Esto lo saben los biólogos. Desde el punto de vista de la ética, hacer una evaluación que tenga en cuenta un único parámetro (la rentabilidad de hoy), no es correcto (...)Los biocombustibles y el dilema ético que plantean - ¿Qué piensa de los biocombustibles, cuya demanda estaría provocando un alza en el precio de los alimentos? María Teresa La Valle:- Hay que vincularlo a los hábitos de consumo. ¿Por qué necesitamos tanta cantidad de biocombustibles? ¿Los explotamos para qué? ¿Para que los países centrales tengan más posibilidades de hacer autos? Por otra parte, no está claro que tengan las ventajas que se dice que tienen. Me remito a trabajos del INTI donde se dice que la ecuación de los biocombustibles no cierra. No es cierto, por otra parte, que sean ambientalmente neutros. Pero además, ¿qué tipo de sociedad queremos? Esto lo pregunto desde la ética. ¿Queremos una sociedad donde le demos primacía al auto o a los seres humanos? Si a usted le dan a elegir entre poder usar un auto o que la gente se quede sin comer, para mí no hay opción. El precio de los alimentos es una locura histórica, es un sacrilegio (...) El negocio de los commodities, como se dice, ¿a quién beneficia? Es igual que con Internet. Se dice que todo el mundo tiene ese servicio. Un momentito: es el 2% de la población. ¿Esto es todo el mundo? La pregunta es, ¿todo el mundo tiene autos? No. Por otra parte, ¿es necesario que todo el mundo lo tenga? Es una locura que todos estemos andando en auto. No tiene sentido. ¿Cuántos análisis estamos haciendo sobre los biocombustibles? Y fíjese que estoy hablando del INTI, que es un organismo que paga el Estado. O sea, al señor Martínez, que preside ese organismo, le paga el Estado para que investigue. Cuando el señor habla no se le presta atención. Entonces estamos dilapidando los fondos de la investigación que hace esta gente. Los tiro a la basura porque prefiero escuchar la otra campana (...) ¿Cómo vamos a juzgar a una generación que elige producir un elemento para llenar los tanques de los autos en lugar de generar alimentos para la gente? Para mí es la no opción. Y sin embargo, ¿se discute esto? El dato es que hay países que no pueden pagar el precio de los alimentos. - Usted en sus trabajos ha reflexionado sobre el tema de la responsabilidad generacional...- La pregunta que debemos hacernos es si nosotros tenemos derecho de arruinar todo y no dejar nada. ¡Ojo, hay estudios que dicen que vamos a una situación en la cual la gente en lugar de ir a un bosque lo va a ver en imágenes y va a estar de lo más contenta! Esto que parece una estupidez, está escrito en libros (...) No tenemos derecho a decidir por los que vienen. Estamos decretando cómo van a vivir ellos. ¿Quién nos da la autoridad?
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