Me-Gusta-960x120-CARO

Estuvimos de fiesta

Y vos dirás, ¿quién cumplió años? No se trata de una fiesta de ese estilo. Sino de la beatificación de un gran argentino, catamarqueño, que amó mucho a Dios y mucho a su Patria argentina: fray Mamerto de la Ascensión Esquiú.

Por Monseñor Jorge Eduardo Lozano*

Seguramente el sábado 4 pudiste participar de la ceremonia por las redes sociales y los medios de comunicación. Pero, ¿sabés quién fue este fraile franciscano?

Mamerto nació un 11 de mayo de 1826 en el seno de una familia humilde: papá labrador y mamá tejedora. De chiquito se enfermó gravemente, su mamá hizo una promesa: si su hijo se curaba lo iba a vestir siempre en el poco tiempo que le quedara de vida con el hábito marrón que usan los franciscanos. Y así sucedió… nada más que Mamerto vivió hasta el 10 de enero de 1883.

Ingresó al convento de San Francisco en el año 1836 y se ordenó sacerdote en 1848. Fue muy reconocido por su sermón del 9 de julio de 1853 con motivo de la promulgación de la Constitución Argentina. En ese discurso enalteció el valor de la ley y los valores republicanos de la patria argentina que estaba buscando pacificación después de tantos años de guerras internas. Como subraya sobre dicho sermón el diario El Esquiú: “Es todo un trabajo de sociología cristiana y hasta de historia política”.

Fue consagrado obispo de Córdoba en diciembre de 1880 pero, ¿sabías que en 1867 le propusieron ser obispo de San Juan y en 1872 le ofrecieron ser obispo de Buenos Aires y las dos veces rechazó por no sentirse digno para el cargo?

Mamerto también está unido a San Juan por la paternal y providencial presencia en su vida de fray Wenceslao Achával y Medina, Provincial de los Franciscanos y futuro obispo de San Juan de Cuyo. Fue fray Achával quien pidió ayuda a algunos amigos para que intercedieran ante Mons. José Manuel Eufrasio de Quiroga Sarmiento y lograran que Mamerto se ordenara sacerdote aunque no tuviera la edad estipulada, lo que sucedió en 1848.

Fue un buen y santo obispo en Córdoba, recorrió toda la diócesis a lomo de mula y a caballo, brillaba por su gran inteligencia y su humildad sin límites. Relata Francisco Castellanos en su libro “Fray Mamerto Esquiú. Bosquejo biográfico” una anécdota acontecida mientras Mamerto esperaba la mensajería en la estación San Pedro, Córdoba: “El nuevo obispo está vestido solamente con su hábito franciscano, se acerca un cura, un sacerdote de la campaña, de la parroquia de Chitón, llamado Juan Correa, y le pide que le cuide la mula alazana con abultadas alforjas hasta que él realice una diligencia en las oficinas de la estación. Mamerto acepta y pasó largo rato cuidando al animal; en eso alguien le dice al sacerdote que el ‘cura’ que estaba con la mula era el obispo Esquiú. Con gran vergüenza el sorprendido sacerdote se acerca, le pide disculpas y le da las gracias, a lo que Fray Mamerto responde: ‘No hay perdón alguno donde no hay ofensa y soy yo el que debe agradecerle por permitirme ser útil a los demás’ ”.

Te comparto una oración para unirnos espiritualmente:

“Padre bueno, de cuyo amor procede toda gracia, que diste a nuestro hermano franciscano Mamerto Esquiú, tantos dones especiales y lo hiciste pastor de tu pueblo; por su vida de entrega en la predicación, doctrina, ejemplo y servicio a los más necesitados, te suplicamos que completes su obra, glorificándolo con la corona de los santos.

Por Jesucristo nuestro Señor. Amén.”

*Arzobispo de San Juan de Cuyo y miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social

Dejá tu comentario