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Exclusión, concentración y toma de tierras: El drama de ser pobre en un país cada vez más desigual

El intento de toma protagonizado por un grupo de vecinos de la zona sur de la ciudad volvió a poner en agenda una problemática tan vieja como compleja: la falta de acceso a la tierra. Las restricciones por la pandemia agudizaron realidades que ya eran insostenibles. La concentración en los (dos o tres) dueños de siempre. El rol del gobierno municipal y una demanda que, como la cantidad de pobres, crece día a día.

Por Luciano Peralta

Los argentinos compartimos esa nociva costumbre de pensar las cosas en términos absolutos. Y ahí vamos, discriminando entre patriotas y anti-patria; peronistas y anti; buenos y malos; planeros y trabajadores; negros de mierda y gente de bien. La lista de dicotomías criollas es interminable. Se trata, apenas, de resaltar las simplificaciones -algunas más dañinas que otras- que se escuchan en cualquier cola de banco, y en las que muchas veces caemos quienes tenemos la responsabilidad de ser comunicadores sociales.

Sobre el acceso a la tierra se pueden decir muchas cosas. Que es vergonzante que en un país con millones y millones de hectáreas ociosas cerca de 3,6 millones de familias no tengan ni tierra ni casa; que el sector inmobiliario se rige con lógicas propias del libre mercado y es el que define el valor de la tierra; que en Gualeguaychú las familias Baggio y Cappelletti -entre otras pocas firmas- son las más poderosas en ese mercado, y que cada vez compran más tierras; que es legítimo y legal que lo hagan, pero no deja de ser un problema de dimensiones morales, éticas y políticas cuando la mayoría apenas si tiene para pagar un alquiler; que la propiedad privada es un derecho consagrado en la Constitución Nacional; que los pobres-no-propietarios también tienen ese derecho, pero, a diferencia de las poderosas inmobiliarias, nunca van a acceder al mismo si no es a través de planes gubernamentales; que está mal usurpar un terreno; que la tierra, el techo y el trabajo son también derechos constitucionales.

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Cada una de estas afirmaciones es verdadera, pero también cada una está cruzada por muchos matices y particularidades propias de cada lugar, de cada realidad.

El planteado es un tema muy complejo que en su profundidad toca los resortes de una sociedad cada día más desigual, con mayores índices de pobreza y con cada vez más concentración, de tierras, de dólares, de todo, en pocas manos.

Esta complejidad nos obliga a salirnos de las falsas dicotomías argentinas, y a volver a discutir el tema seriamente. Las tomas de terreno están mal, pero también está mal no tener trabajo, no poder pagar un alquiler y vivir hacinado solamente por la mala suerte de haber nacido en una familia pobre.

La paradoja del terreno baldío

Hace dos viernes, un grupo de vecinos de la zona sur de la ciudad protagonizaron un intento de toma en uno de los terrenos que la familia Baggio tiene hace años y es lindero al polideportivo, en España y Guillermo Saraví.

Cuando caía la tarde, ingresaron y comenzaron a dividir los lotes y a construir casillas de madera. La Policía llegó más tarde y logró disuadirlos. El lunes, funcionarios municipales los recibieron y comenzaron a evaluar, familia por familia, la situación de cada uno de los vecinos.

Somos más de 70 familias, queremos tener nuestra tierra. Yo solamente quiero seguir progresando, tengo 27 años, quiero seguir adelante”, expresó a ElDía Ricardo, quien ha tomado el rol de vocero del grupo.

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“Nos empezamos a contactar entre los vecinos que realmente necesitan, y arrancamos a llamar la atención. Hablamos con los medios, fuimos al Municipio y empezamos a movernos para que vean que realmente necesitamos”, contó el joven que tiene dos hijos, subsiste gracias a changas y hace dos meses dejó de pagar el alquiler de 8 mil pesos. No llega a fin de mes.

Realidades como la de Ricardo se multiplican por miles a lo largo y a lo ancho de la ciudad (y del país, obviamente). Y las limitaciones propias de la pandemia empeoraron todo aun más. “La mayoría nos encontramos alquilando, pero ya no se puede sostener ni el alquiler por como está todo. Muchos viven de prestado, hacinados”, compartió Sol, quien creció y vive en el barrio Yapeyú.

No queremos que nos regalen nada, estamos dispuestos a pagar nuestra vivienda, así como pagamos un alquiler

“Entendemos que de un día para otro no se tiene una respuesta. Pero no queremos que nos regalen nada, estamos dispuestos a pagar nuestra vivienda, así como pagamos un alquiler. Y en el caso de que no se pueda hacer un barrio, que nos vendan un terreno y que cada familia vaya pagando su lote”, aportó la joven.

En todos los testimonios se repiten puntos comunes. En general, son familias de bajos ingresos, que alquilan o viven con padres o hermanos; todas son de la zona, del barrio San Cayetano, del Zabalet, La Tablada, el Yapeyú o el 20 Viviendas. Todos, también, crecieron en frente o cerca del terreno que ocuparon.

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“Este terreno siempre estuvo igual, nunca se hizo nada. Es más, hace tiempo atrás una parte era un basural. Está abandonado”, expuso Sol, quien justificó la toma del viernes porque se llevó a cabo “para llamar la atención, para que nos escuchen”.

Sin poner en discusión la ilegalidad que implica la usurpación, la gran paradoja de este tema queda a la vista ni bien uno llega al barrio: el terreno, de unas 9 hectáreas (se encuentra dividido en cuatro partes) está en las mismas condiciones -totalmente ocioso- hace muchos años, “desde siempre”, y cruzando la calle cientos de familias viven hacinadas en viviendas precarias. La zona crece y los servicios también, y las tierras se valorizan como las vacas que engordan en el campo. Pero las vaquitas y la tierra son ajenas. El hambre y las necesidades, no.

Cada vez más pobres

La Encuesta Permanente de Hogares (EPH) del Indec confirmó, días atrás, que la pobreza subió cinco puntos y medio en un año y ya afecta a 40,9 % de los argentinos. En el primer semestre de 2019 había alcanzado a un 35,4% de la ciudadanía. La indigencia, en tanto, saltó casi tres puntos y golpea a un 10,5% de la población. A nivel país, en Argentina hay 18,5 millones de pobres y 4,7 millones de indigentes.

Los números son tremendos, y todos los analistas coinciden en que van a ser peores. Cuatro de cada diez argentinos son pobres, no satisfacen sus necesidades básicas, y a fin de año, probablemente, sean cinco de cada diez.

40,9% de los argentinos son pobres y 10,5% indigentes

La clase media se destruye -como en cada una de las interminables crisis que ha atravesado el país- y tampoco tiene acceso a créditos hipotecarios, limitados a quienes pueden pagar tasas descabelladas del 50% anual.

Ante este triste cuadro de situación ¿Qué puede hacer un gobierno municipal? “Hasta los once años creí que había pobres como había pasto y que había ricos como había árboles. Un día oí por primera vez en los labios de un hombre de trabajo que había pobres porque los ricos eran demasiado ricos; y aquella revelación me produjo una impresión muy fuerte”. La frase es de Eva Duarte de Perón y está en el libro La razón de mi vida. La directora de Viviendas de la Municipalidad, María Sira Ghisi, la trajo al diálogo con ElDía para ilustrar su posición ante el conflicto por la tierra en la ciudad.

6.000: Es el número aproximado de personas inscriptas en el Registro Habitacional municipal

“Nosotros tenemos dos registros en la Secretaría de Hábitat. Uno que es el de tierras y el otro de viviendas. Este último me compete, y es de demanda habitacional y demanda de materiales. Y acá la gente debe actualizar sus datos cada año”, diferenció

Actualmente, en el registro de tierras hay 1300 inscriptos (la inscripción es on line, por única vez). Mientras que en el de viviendas los anotados llegan a los 6 mil aproximadamente. Ambos registros son municipales e independientes del Instituto Autárquico de Planeamiento y Vivienda (IAPV), que tiene su propio registro.

En este gobierno municipal se implementaron políticas de tierra y se avanza con el programa Tu Primer Terreno para que cada gualeguaychuense pueda acceder a su porción de tierra a precios razonables. Si no, cualquier ciudadano de clase media queda atado a un negocio inmobiliario que imposibilita ese acceso”, expresó la funcionaria.

1300: Son los inscriptos en el programa municipal Tu primer terreno

Hasta el momento, 94 familias han podido empezar a pagar sus tierras a través del programa que tiene un año y medio. En promedio, se trata de lotes de 300 metros cuadrados con todos los servicios, por el cual se paga 600 mil pesos en cuotas que responden a las necesidades de cada familia. Facilidades que no existen, ni por asomo, en el mercado inmobiliario, donde un terreno de similares características llega a venderse tres, cuatro o cinco veces más caro, y al contado.

Quien toma tierras está atravesando una necesidad extrema, a eso lo entendemos, pero también tenemos que entender que hay mucha gente inscripta en los registros que está esperando hace muchos años y también está en una situación económica difícil”, diferenció Ghisi, al tiempo que destacó el programa municipal de autoconstrucción Hago mi casa. “Pero nunca alcanza para todos, muchos se quedan esperando”, reconoció.

90: Son las hectáreas que tiene el banco de tierras municipal, aunque no todas son aptas para viviendas

“La realidad es que nosotros no tenemos las herramientas para darle solución a este tema. Sí debe generarse una concordancia entre los gobiernos municipal, provincial y nacional, para que se creen políticas de tierra y de viviendas. Que es lo que está pasando. De hecho, tenemos presentados un montón de proyectos en el Ministerio de Hábitat, pero tienen demora. También pasa que a más respuestas de parte del Estado más demanda se genera”, agregó.

En diálogo con ElDía, los vecinos que reclaman una solución por parte del Estado aseguraron que todos están inscriptos en los registros. “Probablemente estén inscriptos en el IAPV, pero según lo que pudimos comprobar, la mayoría no está inscripta en la Dirección de Viviendas. Por eso, un primer paso es generar esa inscripción y conocer la realidad de cada una de esas familias”, sintetizó la funcionaria.

“No venden, especulan”

El problema de la tierra no sólo radica en la concentración de la misma en pocas manos, “el problema es que no venden, especulan con los valores del mercado”, confió a ElDía un funcionario de primera línea, muy cercano al intendente Martín Piaggio.

“En varias oportunidades hemos querido hacer convenios público-privado con los dueños de la tierra, pero no venden. Ese es un gran problema. Por eso, a través del programa Tu primer terreno buscamos hacer un poquito de fuerza en el mercado inmobiliario y que las familias puedan acceder a su tierra”, manifestó.

“También nos ha pasado que tenemos avanzadas las negociaciones para acceder a una tierra en venta y al otro día viene el privado y le paga el doble. Es muy difícil así”, lamentó.

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