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Falleció Raúl López, dirigente social y deportivo de Gualeguaychú

El dirigente social y deportivo Raúl López falleció en la tarde del sábado. Su deceso causó hondo pesar en la comunidad, especialmente en su querido barrio Molinari. Se fue una persona querible, afable, que trabajó para ayudar al prójimo, a los que más lo necesitaban, sobre todo los chicos.

Por Fabián Miró

La tarde del sábado comenzaba a despedirse cuando llegó con sorpresa la noticia de que Raúl López había fallecido. La información impactó a todos los que nos encontrábamos en la cancha de Unión para presenciar las finales del fútbol amateur, casualmente por el que tanto trabajó y luchó en silencio.

Fue tanto lo que trabajó por los demás que hasta fundó un club con el nombre de su barrio- Deportivo Molinari- que tiene su sede en un espacio de la casa del dirigente social. López resignó hacer mejoras en su vivienda y todos los recursos los volcó en un pequeño salón comunitario, donde funciona, desde hace varios años, un merendero al cual concurren tres veces a la semana los chicos del Molinari. En ese mismo lugar se combinaban no sólo las acciones comunitarias, sino también la utilería para los planteles de primera que juegan en el amateur, los equipos de vóley y el conjunto carnavalesco “Los Tropicales del Sur”. Duele la noticia, duele saber que un hombre de bien, siempre preocupado por el prójimo, para que a los chicos no les falte nada, que tengan un plato de comida caliente, ropa y útiles, para que todas las categorías del fútbol y del vóley cuenten con su indumentaria deportiva, nos haya dejado tan pronto. Su medio de transporte era una bicicleta, con la cual hacía varios kilómetros al día, gestionando alimentos, ropa, lo que fuese para mejorar el merendero del barrio. Su corazón dijo basta, pero queda su legado, su ejemplo de persona, el de un hombre simple que tuvo una infancia muy dura y que dedicó su paso por la vida a ayudar a los demás. Se fue un referente barrial descomunal, especial, siempre con una sonrisa a flor de labios y optimismo para encarar desafíos que parecían imposibles, que sin embargo se las ingeniaba para volverlos realidad. “Su memoria seguirá en cada uno de los chicos que fue tocado por su ayuda, su aliento y también sus retos”, reza un mensaje en las redes sociales.

La vida de Raúl no fue sencilla. Se crió y educó en escuelas y hogares de régimen cerrado y muy estricto como Juan XXII en la ciudad de Concordia, en los hogares de Gilbert, Caseros y finalmente en la Escuela de Horticultura en Urquiza al Oeste. Gracias a la educación recibida en esos lugares, donde conoció lo bueno y lo malo, gestó su personalidad de ayudar a los que más lo necesitan, particularmente los niños, siempre con la consigna de que “el deporte es una herramienta muy valiosa”. En una entrevista realizada con ElDía dos años atrás, Raúl señaló que “trabajaba para que a ningún chico le toque vivir su historia”. Fue ahí que reveló su dura infancia en el albergue de Concordia con 750 chicos, donde sufrió “castigos muy fuertes por supuesto mal comportamiento”, y recordó que “cuando tenía 13 años, un celador le aplicó un golpe en el rostro, sin mediar palabra alguna, que lo dejó “inconsciente y con un ojo cerrado”. Raúl no sólo pudo cambiar su historia, sino que ayudó a que muchos chicos pudieran cambiar la suya.

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