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Fernández y Macri dejaron un buen ejemplo para la historia

Estuvieron a la altura de la circunstancia. El que se fue y el que llegó. Mauricio Macri y Alberto Fernández dejaron asentado en la historia que la Argentina puede tener una transición más o menos ordenada, cordial y respetuosa de la institucionalidad. No es gran cosa, pero con el antecedente del 2015, era imperioso. Ahora se vendrán otros desafíos para el nuevo gobierno y la construcción de un poder que todavía no existe.

Jorge Barroetaveña

La primera mano el flamante Presidente la puso en el discurso inaugural. Fue moderado, prudente para la circunstancia y se esmeró en no incendiar ninguna escalera de escape. Dejó todas las puertas abiertas. A su lado, la vicepresidenta Cristina habrá refunfuñado en silencio, pero es lo que ella eligió. Cristina deberá entender que su decisión de correrse a un costado para permitirle volver al peronismo al poder tiene consecuencias. Por supuesto que los límites se vuelven difusos. Cuando se decide que Zanini será el jefe de los abogados del Estado o cuando el gabinete de Kiciloff en la provincia está plagado de kirchneristas de paladar profundo. El Presidente le terminó dando poca bolilla a los gobernadores. Y lo sabe. Por eso no dudó en tomarse un avión y como un relámpago asistir a las juras de Perotti en Santa Fe y Bordet en Entre Ríos. Está claro que es un gesto, que con eso no alcanza para equilibrar el poder con los que lo apoyaron para llegar. Lo mismo ocurrirá con dos aliados claves, como Massa y Moyano. El tigrense se quedó con gusto a poco en la conformación del Gabinete y en otros puestos a los que aspiraba. A Moyano ni siquiera le dio el Ministerio de Transporte. El Presidente deberá desandar ese camino de desaires y cuidar una relación que ayuda a equilibrar el poder. Un poder que deberá construir a partir de los votos que Cristina le prestó transitoriamente. Los que lo conocen sostienen a rajatabla que Alberto tiene el peso propio suficiente para imponerse. Está por verse, claro.

La urgencia de la crisis hace que todo parezca complicado. El equilibrio final lo llevó al Presidente a colocar nombres no resistidos, pero de su confianza en dos puestos claves. Un joven Martín Guzmán es el Ministro de Economía y será el principal responsable, como él mismo dijo, de “tranquilizar los mercados”. Hasta que eso no ocurra habrá cepo, otras yerbas y todas las formas posibles de conseguir dólares. A Producción fue Kulfas, otro hombre de confianza del Presidente. En Interior, Wado de Pedro y en la Jefatura de Gabinete puso ojos y oídos en las manos de Santiago Cafiero. El resto del Gabinete es un juego de suma cero, tratando de resguardar los equilibrios internos.

Asomando la cabeza, aparece el ancho mundo de las provincias. Buenos Aires tendrá el sello K. En eso se esmeró Axel Kicillof, que también protagonizó una transición ordenada con Vidal. No hubo gritos ni platos por la cabeza. Bien por ambos.

El resto habrá que pelear para la erección de un poder propio que no deba rendirle cuentas a nadie. El martes hubo dos Albertos: el de la jura en el Congreso y el del acto en Plaza de Mayo. En los dos estuvo Cristina al lado. En la Plaza de Mayo repleta no le quedó más remedio que rendirse ante la liturgia kirchnerista y adscribir a la mayoría de sus postulados. Fue una declaración, por supuesto. Faltan los hechos que son los que cuentan.

En economía todos saben que la inflación será complicada, pero si antes no hay arreglo con el Fondo, todo será más oscuro. Guzmán habló de un ‘default virtual’, lo que augura una negociación complicada con los acreedores. Pero no tiene muchas alternativas. Ya se reunió con los técnicos y semblanteó a la nueva directora. La recepción no fue mala y se volvió conforme del viaje relámpago que hizo a Estados Unidos. Será difícil, complicado, pero hay fe.

Ese frente externo, sobre el interno, no garantiza demasiado. Si Macri pensó que llevándose bien con Estados Unidos estaba todo arreglado es obvio que le pifió. El mercado interno necesita reactivarse, y para eso llegó Kulfas. Un economista que apuesta al Estado y a las herramientas que tiene para meter mano. Desde hace semanas viene hablando con los supermercadistas. Quiere que bajen algunos precios antes de las fiestas. A los laboratorios no fue necesario pedirles nada: ya ofrecieron bajar alrededor del 9% el precio de medicamentos. Es que aumentaron un 80% el último año…

El Presidente anunció que quiere por ley los aumentos a jubilados y a la AUH, y quiere renegociar las tarifas con las empresas prestatarias de servicios. Sabe que es otro tema espinoso y que no espera. Con estos niveles de inflación no ignora que los costos para las empresas también aumentan y necesitan actualizar las tarifas. Pero, ¿cuál es el equilibrio? Kicillof dijo algo acertado: “si una tarifa no la puede pagar un jubilado no es tarifa, es estafa”. Tiene razón y algo de eso nunca supo entender Cambiemos y especialmente el macrismo.

Igual es debate viejo. Ahora le toca a Fernández y su contexto. Depende de él y de los que lo rodean. Y de una mujer que lo va a seguir de cerca.

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