CRÓNICAS DEL DELITO EN GUALEGUAYCHÚ
Fue amigo de Monzón, asesinó a golpes a Faué y escapó de la cárcel vestido de mujer
:format(webp):quality(40)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/03/faue.jpeg)
El homicidio de José Faué fue uno de los tantos crímenes imborrables de la memoria colectiva de la ciudad. Cayó engañado por una viuda negra y atacado dentro de su casa por un grupo de delincuentes que lo dejaron agonizando toda la noche. A todos los atraparon y fueron condenados, pero el cabecilla pudo escapar, aunque las historias difieren en la forma.
Para contar la historia de José Faué hay que ir al principio. Mucho antes del hecho que terminó con su vida y por el cual fueron condenados tres hombres y una mujer. Hay que comenzar por saber quién era este hombre que, al momento de su muerte, tenía 59 años y era propietario de uno de los comercios más populares de la ciudad.
A principios de la década del 80, todavía existían los negocios de ramos generales. Eran comercios donde había de todo y para todos los gustos. Juguetería, zapatería, indumentaria, bazar, mercería, librería, y todo tipo de artículos para el campo. El bazar respondía a las necesidades de aquellas personas que vivían en la zona rural y venían cada tanto a la ciudad para abastecerse.
Estaba ubicado en la esquina noroeste de la actual Sarmiento y Constitución, frente al Hipódromo de Gualeguaychú, cuando todavía por ese lugar pasaba el tren con destino a la estación por donde hoy desfilan las comparsas. Era un comercio próspero, lleno de mercadería, pero que llamó la atención de un delincuente en particular.
El antecedente que marcó el crimen
Dos años y medio antes de encontrarlo muerto dentro de la casa, Faué fue atacado el 5 de junio de 1982 por dos delincuentes que irrumpieron dentro del hogar mientras el hombre miraba televisión en la cocina. La casa estaba pegada al comercio y se conectaban por el interior, por lo cual el blanco era llevarse lo que encontraran de valor y, obviamente, la recaudación, pero se encontraron con la resistencia de este fornido hombre que impidió el robo.
Pero esa suerte terminó la noche del sábado 3 de noviembre de 1984. A la mañana siguiente, cuando un empleado pasó a buscarlo para ir al campo que Faué tenía en la zona de “La Lata”, en Pehuajó Sur, se encontró con un panorama terrible. La puerta del garaje sobre Sarmiento estaba abierta y en el medio del comedor yacía el cuerpo sin vida del comerciante de 59 años. Estaba boca abajo, en medio de un charco de sangre por la herida de 20 centímetros que tenía en la cabeza.
La Policía no tardó en llegar y a las pocas horas la noticia ya se conocía en toda la ciudad. Faué había sido golpeado reiteradamente en la cabeza con un fierro de alambrador. La lesión era gravísima, e incluso tuvo pérdida de masa encefálica. Agonizó en el piso de su casa hasta que finalmente murió durante la madrugada del domingo 4 de noviembre de 1984.
La Policía realizó el peritaje criminalístico y levantó rastros en ventanas, botellas, y todo vidrio que había por los distintos lugares del inmueble. Todo fue analizado y esta labor dio sus frutos cuando dos semanas después del crimen, apareció el nombre de José Francisco “Pepe” Gaboardi.
Los crímenes no son perfectos. Siempre hay alguien que aporta algún dato que se transforma en la punta del iceberg. Una joven de 25 años que pasó circunstancialmente por el frente de la casa de Faué, aportó que había visto una camioneta blanca con dos o tres personas que salía “apresuradamente”.
Esa camioneta pertenecía a Gaboardi y ya para el 18 de enero de 1985, los investigadores tenían pistas firmes sobre el principal implicado. Ya para mediados de febrero, la Policía tenía a todos los involucrados declarando en Gualeguaychú ante el juez de Instrucción, Celestino Toller. Ya se tenía claro el móvil del crimen y, sobre todo, cómo había ocurrido, cuál fue el papel de cada uno y quién había sido el autor intelectual y material del homicidio.
El amigo del campeón
Gaboardi era un santafesino que había nacido en la misma ciudad que el ex campeón mundial de boxeo e ídolo argentino, Carlos Monzón. Tenía 41 años, casi la misma edad del pugilista en ese momento, y cada vez que podía sacaba chapa de la relación que lo unía con el hombre que cuatro años más tarde pasaría a ser conocido como el femicida de Alicia Muñiz.
Ya tenía antecedentes, e incluso alternaba su vida delictiva entre Buenos Aires, Santa Fe y Corrientes. Este hombre ya había sido condenado a 17 años de prisión efectiva en 1963 cuando tenía 20 años. Y fue gracias a su pasado que rápidamente lo ubicaron en la escena del crimen por los rastros que dejó.
Había reunido a su equipo en San Nicolás, en la provincia de Buenos Aires, de donde eran todos oriundos, con el pretexto de que tenía que hacer un “laburito” en Gualeguaychú, con un “viejo” que le debía dinero. Sus cómplices fueron Miguel Ángel Boulán, de 28 años, Oscar Antonio Torres de 26 años, y su esposa Florentina Alfonso, de 24 años, que jugaría un rol clave en la planificación del crimen.
Torres y Alfonso vivían el día a día. Era un matrimonio joven, con tres hijos, desempleados ambos, por lo cual toda promesa de trabajo era bien recibida sin importar la naturaleza. En cambio, Boulán era un transportista que conocía a Gaboardi desde hacía un tiempo, y también banquineaba entre lo bueno y lo malo.
El 20 de febrero de 1985, Torres decidió abrir la boca y contarle todo al juez Toller. Le relató que Gaboardi le había dicho que iban a “apretar” a un viejo y que era necesario contar con una mujer para que la víctima les diera entrada. Sabían que Faué había enviudado hacía diez años y Florentina Alfonso, una morocha de 24 años, se iba a transformar en el caballo de Troya para lograr el atraco.
Torres fue claro en su declaración: Gaboardi nunca dijo que iba a matar a Faué y en esto coincidieron todos los imputados cuando declararon ante el Juez Toller y la fiscal Graciela Pross Laporte. Todos hablaron de que habían sido convocados para robar la casa y que la “apretada” era solo pegarle para reducirlo, pero no matarlo.
Pero Gaboardi tenía un motivo para acabar con la vida del comerciante. O por lo menos eso creía. Este delincuente había sido uno de los dos que participaron del intento de robo dos años antes, que el propio Faué logró resistir. Sabía que si lo dejaba vivo lo iba a reconocer y lo iba a vincular con el hecho anterior, y por ello no quería dejarlo con vida.
Todo fue premeditado
El plan fue el siguiente: llegaron a Gualeguaychú por la mañana del sábado 3 de noviembre luego de haber salido de San Nicolás durante la tarde del día anterior, pero una serie de problemas mecánicos en la camioneta Dodge los obligaron a pasar la noche en la ruta hasta que los solucionaron con la salida del sol.
Llegaron hasta un prostíbulo ubicado frente al Regimiento, sobre Urquiza al oeste, porque Gaboardi conocía a la regente y allí organizó a su tropa, con los roles que tendría cada uno. Esa misma mañana partieron rumbo al centro, dieron unas vueltas por la ciudad y luego de ello se dirigieron hacia el comercio de Faué que estaba abierto hasta el mediodía de ese sábado.
Estacionaron unas cuadras antes e hizo bajar de la camioneta a Florentina Alfonso. Gaboardi le dijo que fuera al negocio, que pidiera por ropa interior y le advirtió que el dueño mismo la iba a atender. No se equivocó. Faué la atendió y concertó para que la joven fuera a su casa a las 20.15, una vez que cerrara el negocio.
A la hora pactada, los cuatro regresaron por la noche. Torres y Boulán bajaron unas cuadras antes, mientras que Gaboardi y la mujer estacionaron más adelante. Fue sólo para no levantar sospechas porque al final se reunieron los cuatro a pocos metros del comercio. Ella era la primera en la fila, y detrás la siguieron Gaboardi, Boulán y Torres.
La puerta del garaje estaba entreabierta. La orden de Gaboardi para la mujer fue que abrazara a Faué cuando la atendiera, pero Florentina Alfonso tocó a la puerta y se metió a la casa; y cuando Faué fue a cerrar el garaje, Gaboardi apareció y lo empujó hacia adentro. Atrás se metieron los otros dos cómplices, que vieron cuando el cabecilla sacó de su pantalón el fierro tipo grifa de 12 mm de espesor y le asestó un primer golpe entre la base del cráneo y la parte alta de la espalda.
Faué quedó muy golpeado. Tropezó, pero no cayó. Se apoyó en el paragolpe del Ford Falcon estacionado en el garaje y siguió trastabillándose hacia el comedor, pero fue allí donde Gaboardi le aplicó un segundo golpe mortal en la cabeza, que fue determinante para que no volviera a levantarse. La víctima quedó tendida boca abajo, con los brazos extendidos, clamando por ayuda, pero sus ruegos se perdían en la música a todo volumen que salía del tocadiscos.
Mientras Gaboardi tenía su atención en Faué, el resto revisaba y cargaba todo lo que podía. Torres y su esposa sacaban la ropa que luego iban a vender en San Nicolás, tal como les había prometido el líder de la banda, y Boulán andaba por la planta alta buscando dinero y joyas en los cajones.
Estuvieron algo más de una hora dentro de la casa mientras la víctima agonizaba en el piso de mosaicos. Luego, Gaboardi y Boulán salieron a buscar la camioneta, en tanto Torres y su esposa esperaron en el domicilio a que pasaran a buscarlos para cargar las tres valijas repletas con mercadería.
Todos a bordo, rumbearon hacia la salida de Gualeguaychú. Juntos llegaron hasta la Ruta 14, donde el matrimonio bajó y se tomó un colectivo, mientras los otros dos los siguieron detrás, hasta la rotonda de Zárate. Allí volvieron a encontrarse y repartieron parte del botín que Boulán había encontrado y entregado a Gaboardi.
La palabra esperada
La declaración más importante que esperaba el juez Celestino Toller fue la de José Francisco Gaboardi. Esa indagatoria se produjo el 23 de febrero de 1985 y en ella negó totalmente los hechos que le fueron imputados. “Yo no he hecho nada, pero me buscan en todas partes a partir del hecho por el cual lo detienen a Monzón, por unas armas, y me echa el fardo a mí diciendo que esas armas eran mías, ya que yo vivía en el departamento de Monzón porque éramos amigos desde la infancia. Desde entonces cualquier hecho que sucede o mujer que desaparece me lo achacan a mí, por mis antecedentes”, dijo Gaboardi en su declaración.
Gaboardi fue detenido por el crimen de Faué cuando transitaba por una ruta correntina, en Curuzú Cuatiá, luego de estar evadiendo a la Policía por cada una de las ciudades que frecuentaba para sus negocios. “Yo me entregué y acepté venir porque sabía que tenía garantías con este juzgado, sino no hubiese venido”, le dijo a Toller creyendo que por esa adulación iba a ser condescendiente.
Para Toller no fue difícil procesar a todos los involucrados, ya que Torres, su esposa y Boulán confesaron ser parte del hecho, pero tomaron distancia del crimen. Los tres, en sus respectivas declaraciones, coincidieron en que desconocían las verdaderas intenciones de Gaboardi, e incluso uno de ellos lo confrontó en el momento en que lo golpeaba con la barra de hierro. “Hay que matarlo a este hijo de puta”, fue lo que le contó Boulán a Toller sobre la respuesta de Gaboardi en el momento del crimen.
El 13 de marzo de 1985, el magistrado resolvió el procesamiento y prisión preventiva de José Gaboardi por los delitos de homicidio calificado y robo calificado. Lo mismo se decidió para Torres y Boulán, pero fueron imputados como partícipes de robo calificado. En tanto, a Florentina Alfonso también se la procesó y se le dictó la prisión preventiva, pero se la imputó de robo simple.
La fuga y muerte de Gaboardi
Por esos años, los juicios por delitos graves se desarrollaban en la Cámara del Crimen de Gualeguay. Hasta ese lugar viajó la causa de José Faué, con los procesados cumpliendo prisión preventiva. En los primeros meses de 1986, poco antes de que Argentina saliera campeón del mundo en México, el Tribunal integrado por Carlos Pabón Ezpeleta, Eclio Dumón y Carlos Chiara Díaz, resolvió la condena para los cuatro implicados.
Gaboardi fue condenado a 24 años, mientras que los otros tres recibieron 12 años de prisión. Florentina Alfonso fue trasladada a la cárcel de mujeres de Paraná, en tanto los hombres quedaron en la Unidad Penal de Gualeguay. Pero fue durante esos primeros meses de su estadía que Gaboardi burló la seguridad penitenciaria y escapó. Los relatos sobre las formas en que sucedió difieren según quién lo cuente.
Hay una historia que afirma que salió caminando por la puerta principal del penal disfrazado de mujer, con la complicidad de algunos guardias, y existe otro relato, quizás menos cinematográfico, que certifica que se evadió saltando el tapial del contrafrente por Misiones; y que a raíz de ese hecho se colocaron los alambres de púas que permanecen hasta la actualidad.
La fuga generó una gran conmoción, no sólo en Gualeguay, sino en toda la provincia y principalmente en Gualeguaychú, porque no había pasado mucho tiempo desde que había sucedido el crimen y el principal condenado ya se había escapado. Tiempo después trascendió que Gaboardi estaba en Salta y desde allí contrabandeaba mercadería por el norte del país, pero realizando esa actividad había tenido un enfrentamiento armado con Gendarmería Nacional y ello le había costado la vida.

