Genio y figura hasta la sepultura
Ya nos habíamos topado, como muchos, con el mito Fogwill de "Los pichiciegos", la novela sobre Malvinas escrita durante la contienda y publicada antes de la rendición, anunciada en la obra por el escritor.Por Mirta Harispe Especial para El DíaEl mito incluía los famosos 30 gramos de "polvo blanco", cientos de cigarrillos, el cuarto de servicio del piso de su madre, la génesis de la obra, las secretarias corriendo con las copias mecanografiadas para las correcciones últimas.La novela, escrita entre el 11 y el 17 de junio de 1982, circuló en copias como un reguero de picaresca, supervivencia, crueldad, lucidez y piedad. Las condiciones de producción de la obra, anecdóticas, son menores en las teorías de la lectura que circulan hace 25 años, que ponen el acento en las condiciones o contextos de recepción.La novela supera a su micro-mito. Para algunos críticos como Luis Chitarroni, es la mejor novela de guerra de la época y para otros críticos una de las mejores de la lengua castellana en el tema.Rodolfo Enrique Fogwill, sociólogo, brillante y rico publicista, militante juvenil troskista, preso en la dictadura y llevado a la bancarrota, con prisión por deudas, ya poeta y cuentista, padre de muchos niños y hombre de muchos amores, el gran provocador, viajero o exiliado constante, políglota, exhaustivo lector de Borges, navegante experto, modelo de publicitario exitoso y creativo ("El sabor del encuentro" es una de él), genio mayor en el insulto y la trasgresión verbal, el editor-mecenas de los grandes poetas contemporáneos argentinos revulsivos y revolucionarios, como Perlongher o L. Lamborghini, en su sello "La tierra baldía", Quique" para los compañeros y amigos, deviene Fogwill, a secas, como una marca."Los pichiciegos" va a narrar el drama de la guerra desde el espacio de los "pichis", el grupo de soldados a los que un jefe inteligente manda construir un refugio subterráneo, pero no en la turba baja e inundada sino en un cerro alto, seco, donde sobreviven enajenados por la realidad, con víveres y estufa improvisada. Contará los hechos hiperreales que luego, después de la censura y la voz oficial triunfalista, contarán los jóvenes protagonistas en sus testimonios y crónicas, recogerá el cine y el informe Ratemback y que Fogwill había ficcionalizado en su delirio creativo con los datos de su inteligencia y saber agudos. Junto con "Las Islas" de Carlos Gamerro y el cuento de Rodrigo Fresán "La soberanía nacional" en "Historia Argentina" (Planeta) constituyen el corpus narrativo más significativo de la literatura de Malvinas.El estilo sobrio y áspero del relato, el lenguaje degradado y coloquial juvenil, el absurdo del día a día de una guerra sin frente de batalla, la mezquindad y el sin sentido político que la sustentaba trasmiten al lector toda la carga de la gran literatura, el drama interpela desde las vísceras. Andrés Neuman ha marcado un estilo despojado y duro, pero sin énfasis, que pone a la novela en la línea de "La ciudad y los perros", del primer Vargas Llosa. Dice "que las descripciones del frío, el dolor o el miedo, son de una compasión y una sobriedad apabullantes".En 1994, Beatriz Sarlo, en su ensayo sobre verdad e historia en el cine, anuncia su relectura de la novela, y en su análisis riguroso ayuda a su consagración definitiva.El "Mito Fogwill" y la lectura de "Los pichiciegos" nos llevan a las dos charlas que dará el autor en enero del 2007 en Miramar, en el nuevo Hostal del Bosque. Sobre "La poesía del mar y el bosque" y al otro día sobre "La Lit. Argentina actual".Es un gran lector público: El mar, que ama mucho como navegante y poeta. Desde Sinfonía en gris mayor, de Darío hasta Heine y los franceses malditos en su lengua original, también Pavese.Es un poseso leyendo y un maestro traduciendo. Pero las del bosque no llegan, pese a un señor mayor que insiste con la oferta publicada. Sólo veremos el bosque por los ventanales que en la tarde nos muestran el vivero y sus sendas serpenteantes con los improvisados jinetes del verano.En las pausas F. despotrica contra sus viejos clientes poderosos, las internacionales del tabaco. Fuma mucho y a su enfisema y a su cuerpo flaco no le alcanzan toda la brisa y el calor de la tarde. Firma ejemplares a los pocos audaces que se atrevieron al camino de sol. Reímos los pocos de sus dedicatorias, como "¿Yo escribí esta porquería? En la guarda de "Restos diurnos" o "Muchacha Punk".Sus niños pequeños en el atardecer entran mojados, ateridos desde la pileta solitaria, le muestran piedritas recogidas en el jardín, bichitos y allí F. se transforma en el hombre tierno que se ha puesto cinco corazas para afrontar el mundo con su lucidez y su mordacidad. No se le pasa que mi apellido es el de los personajes de Briante en el boliche de campo de la llanura bonaerense, sólo que con otra grafía y origen, no el de la corrección automática, del español. Al otro día ya ha defeccionado los escandalizados, quedamos pocos para escuchar su incorrección política, sus ironías sobre la literatura, los críticos, la academia. F. es un outsider de las letras, es un escritor sin pertenencia al mundillo de las letras, un líbero, un gran artista provocador de los que han quedado consagrados tantos en la historia del arte.Leeremos después sus cuentos en el taller, atentos a sus historias y a sus modos de usar los signos, de manejar la sintaxis, de sostener la elipsis que Borges observó, aunque también socarrón dijo entonces F.: "el que sabe tanto de autos y cigarrillos"...En los 30 años en que se dedicó con pasión al oficio de escribir, (desde los 38 años hasta su muerte reciente) Fogwill se destacó en la poesía: "Los trabajos del día", "El efecto de la realidad", "Las horas de citar", "Lo dado" (l999), "Canción de paz"(2002), "Últimos movimientos"(2004) tienen un gran vuelo y una fuerza tipográfica de publicista obsesivo.. Obtuvo la beca Guggenheim y en 2004 el Premio Nacional de Literatura. Tres colecciones de relatos: el primero, "Mis muertos punk", lo consagró con los escritores jóvenes, "Restos diurnos" y "Muchacha Punk" todos reunidos en 2009 en sus "Cuentos completos" que fueron traducidos a varias lenguas.Sus otras novelas: "Urbana", "En otro orden de cosas", "La experiencia sensible", "Vivir afuera", "Un guión para Artkino".Elegante, dandy provocador, cultísimo, "traficaba con muchos saberes, pero sobre todo discursos: náutica, yoga, droga, viajes, confort, sexo. La suya es una literatura aireada- engañosamente aireada- por escenarios y locaciones de una vida mejor que la que habitualmente transita en la literatura argentina. Creía que "El efecto de realidad" que vivimos se forjaba en otro lado, en esferas de poder y manipulación."Esferas que él siempre sugería desde sus cercanías". Cambió la forma de narrar como nadie en estos años. Eduardo Grüner lo ubica en la generación 60/70 en la línea Lamborghini, Puig, Briante, Saer, Piglia, Gusmán, Libertilla, Sánchez, Zelarayán, García, Peyceré. Muchos dicen que va tercero con Borges y Cortázar. Pero como no se trata de una carrera de Fórmula Uno, preferimos pensarlo como un gran innovador del lenguaje y de los modos de mirar la sociedad que se empeñaba en desentrañar.Como dice Juan Ignacio Boido, los libros de Fogwill, su literatura, no está hecha de injuria: está hecha de comprensión y desconcierto. Comprensión del complejo entramado que conforma lo que llamamos realidad. Desconcierto ante el absurdo daño que las sociedades se causan a sí mismas. Y entre ambas, como una membrana delgada que captura las vibraciones de la sociedad, el trazo cadencioso de las palabras".El personaje, el elegante provocador de Quilmes, que elegía estar en cueros en fotografías públicas, con sus huesos terribles, el actor de "El artista", que junto con sus amigos Horacio González, León Ferrari y Alberto Laiseca, en la película de Cohn y Duprat, integran el grupo de moradores del geriátrico donde el enfermero se apropia de las pinturas del artista y se convierte en un consagrado de la crítica y los galeristas, en alusión directa a la impostura de mundillo, en una crítica directa y feroz.Quizá como Oliverio Girondo o Dalí, las excentricidades de Fogwill fueron su mejor obra de publicidad para vender un producto que nos seguirá interpelando desde la grietas del sentido.
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