Gervasio “Crazy” Hernández: “cuando tenía doce años era el ‘Jorge Rial’ de mi barrio”
Padre de cinco hijos, adicto a la radio y apasionado por la naturaleza. Una locura amigable y un sueño: ser intendente. Trabajó toda su vida; se considera "chusma, mal enseñado con la comida" y por sobre todas las cosas, dice no tener "pelos en la lengua".Por Mónica Farabello GALERÍA FOTOGRÁFICAEl candidato a la intendencia por "Todos por Gualeguaychú" (TPG), empieza su día muy temprano. "A las cinco de la mañana camino, recorro los barrios y después me vengo a la radio", nos cuenta cuando nos recibe en su casa, bunker político y lugar de trabajo.Con mate, galletas y cigarrillo, Gervasio se muestra alegre, siempre con ganas de reír y contar anécdotas. Acompañado por su hija, María del Rosario de 18 años, quien está en su lista de concejales, Crazy comienza a mostrar fotos de su madre, sus hermanos y sus hijos, de quienes dice sentirse orgulloso."Mi mañana comienza linda todos los días, yo me levanto, me miro al espejo y me veo tan lindo", bromea Gervasio y su hija menor, le festeja todos los chistes. "Siempre me levanto de buen humor porque soy un privilegiado. Antes era muy pobre y ahora no tiro manteca al techo, pero hago lo que quiero".Se define como un soñador, cantante, enamorado de la vida, hombre de trabajo y de familia. Además, afirma ser empresario: "tengo campo y soy dueño de una radio". Recuerda con alegría el pasado y mira con ansiedad el futuro. Al final, lo primero es la familia"Gervita" para sus hermanos y "Chiquito" para sus amigos, relata que nació el 17 de mayo, "día internacional de las comunicaciones". Tiene 59 años. Cinco hijos: Mauricio, baterista y cantante de "La imaginaria" (33); Pablo Agustín, guitarrista melódico (26), Alberto (hijo del corazón junto a Ana María, su actual mujer), estudiante de ciencias políticas (19) y los mellizos María del Rosario "La Chía" y Luis Miguel "El Mono" de 18 años.Es el cuarto de siete hermanos. "Soy el que divide, el hijo del medio. Dicen que los del medio somos los más lindos", bromea. Uno de ellos es adoptado. Gervasio cuenta la historia de su familia con mucha pasión, y se considera un mal enseñado de su mamá. "Siempre fui un mal enseñado con la comida. Me encantaba la que me cocinaba mamá"."Éramos seis hermanos y mis padres adoptaron a un chico que tiene síndrome de down: Patricio Hernández. Ese chico estuvo mucho tiempo en el Hospital Centenario, y no lo quería nadie porque podía ser sordo o mudo", cuenta esta vez, con un gesto serio."Somos una sociedad de hijos de mil... porque si queremos un perro, queremos un caniche toy, entonces lo pagamos y lo tenemos, pero no pasa lo mismo con un ser humano que tiene corazón", reflexiona Gervasio.El orgullo por sus raíces, pareciera ser uno de los pilares fundamentales de su personalidad: "uno tiene que estar orgulloso de lo que es, hay que andar con la cabeza en alto y decir con honor que no ha robado nada"."Somos una familia muy unida. Mis hermanos me acompañan mucho en la política", cuenta Crazy cuando se pone serio. Quedó viudo hace cinco años y a pesar de haber estado separado de su primera mujer, mantiene el contacto y la buena relación con su familia política.
Actualmente está en pareja con Ana María. "Es un amor la gorda", así la define a su actual mujer. De todos modos, entre risas dice que planea "cambiar a su mujer por una mejor cuando asuma como intendente"."Trabajé como un perro"Desde los 12 años de edad, Gervasio "Crazy" Hernández dedicó su vida al trabajo. "Mi primer trabajo fue de vendedor ambulante. A los 12 años vendía jabones y peines para una supuesta institución de niñas huérfanas, que no existía. Con ese verso hacía plata".De adolescente, cuenta que tuvo varios empleos. "Tuve un trabajo, me peleé, me fui a una joyería que era de Jorge Yabrán, y después me fui al auxilio de "Guecho" Farabello.Gervasio recuerda su época en el auxilio mecánico como una de las más apasionantes. "Le compré un motor a Farabello y cuando me lo armó, no tenía plata para pagarlo. Al principio se enojó, pero me dejó que se lo pague con trabajo", recuerda."Pasó el tiempo y un día en el medio de la ruta, Guecho me dijo: 'bueno, andate caminando, porque el motor ya me lo pagaste, así que si querés seguir trabajando, decime cuánto querés cobrar'", cuenta entra risas y dice que "Guecho siempre fue medio loco y yo tampoco me quedaba atrás".También trabajó en los almacenes Maipú, propiedad de su padre y como viajante para un mayorista. "Después me fui a Buenos Aires, estuve un tiempo y cuando volví puse una pañalera con mi señora", relata entre mate y mate."En el año 88 empecé con la comisión del parque Unzué con un amigo, Omar Peretti. Formé 'Amigos del Parque Unzué'. Peretti puso su caballo y escribimos un reglamento".El amor por la naturaleza, se traduce en sus grandes esfuerzos realizados en el Parque Unzué. "Trabajamos como perros: llevamos el agua al parque con el doctor Romani y con Dri; hicimos el desmonte y pusimos el primer guardamonte. Cuando murió Peretti, otras gestiones siguieron avanzando en lo que nosotros habíamos hecho, pero deberían ponerle el nombre de él a una de las calles", cuenta con la mirada fija, con gesto melancólico.Desde hace 20 años, Gervasio trabaja en la Cooperativa Eléctrica, y según él, "tienen la suerte de tener el mejor empleado"."Yo ya gané las elecciones"El proyecto político TPG no era de Gervasio, era de Crazy, quien entre risas y llamados telefónicos, prometía "cambiar la historia" a todos sus oyentes. "Empezamos con bromas en la radio y la gente nos pedía que formemos un partido político". Finalmente, las propagandas políticas hechas en broma, se convirtieron en el sostén de la campaña de Gervasio."Hace como tres años empezó esta broma, y hacíamos versos de campaña como hacen todos, hicimos publicidades de campaña en broma y ahora las usamos en serio", confiesa mientras recibe a dos vecinas que se van a afiliar a su partido.Crazy recorre la ciudad en el "crazy móvil" -un Ford Falcon ploteado- y estaciona en la puerta de la Casa de la Cultura. Levanta sus brazos al cielo y grita: "vamos a cambiar la historia""Mi municipalidad va a funcionar en la Casa de la Cultura, porque es un lindo lugar para que esté tan vacío. El edificio es mucho más lindo", planea mientras recorre las instalaciones de calle 25 de mayo."Yo ya gané las elecciones porque me di el lujo de competir, de ingresar en la política y ver lo que en realidad se hace. Aprendí de leyes y me sirvió mucho", dice Gervasio, convencido de su victoria."Soy adicto a la radio"
Los días de Gervasio se dividen entre la actividad política, los hijos y la radio. "Es un vicio estar frente al micrófono"."¡Hola! Habla el intendente Hernández". Así se anuncia Gervasio cuando toma su celular y comienza a hacer llamadas.Luego sigue: "cuando me falte el micrófono... cuando tenés el vicio de la radio, yo soy adicto a la radio, porque además de gustarme, mi radio hace acción social, mi radio es para el pueblo".La pasión por la radio comenzó desde muy chico. Gervasio era un niño muy humilde y sus gustos ya estaban bien definidos. "Yo grababa todos los chusmeríos de las vecinas y después ponía unos parlantes en mi casa. Ya era medio loco de chiquito, cuando tenía 12 años era el Jorge Rial de mi barrio", dice mientras mueve su cabeza de lado a lado.Recuerda entre risas que "le hacía notas a las vecinas, y se armaban chusmeríos. Le hacia nota a una y le tiraba la lengua a la otra. Después pasaba las notas grabadas, hasta que empecé con los informativos".Las charlas con Crazy son desordenadas. Pasan de una broma a la seriedad, del pasado al presente, y de un tema a otro en apenas un segundo. Habla, ríe, y grita a los vecinos por la ventanilla del auto. Todos lo saludan, lo alientan, lo reconocen y él, devuelve con sonrisas y piropos a las mujeres."Adiós hermosa... qué gorda horrible" y larga una carcajada. "Hay que levantarle el ánimo a las mujeres. Cuando llegue a la casa le va a decir al marido: ´sabés que hoy me piropeó el intendente Hernández".Participó de la obra de teatro "El conventillo de la paloma". De su experiencia guarda un gran recuerdo en el pasillo de ingreso a su radio: una gran foto con todos sus compañeros a quien recuerda con alegría. Hizo televisión y en radio transmitió carreras de autos. Gervasio Hernández, un loco divertido, un soñador a lo grande, un niño que trabajó y un adulto que no quiere dejar de jugar.
Gervasio no está "Crazy"Me da bronca: Cuando veo que hablan muy lindo y después hacen otra cosa.Me hace feliz: Cuando digo las verdadesComida favorita: Papa rellena con pan, perejil y ajo. Esa comida me la hacía mi mamá.Película: "La maestrita de los obreros" con Luis Sandrini. Cuando éramos pobres mirábamos películas en el club Pueblo Nuevo. Éramos chicos y no había televisión, yo tenía diez años.Libro: "El angurriento" de Marcos Denevi porque marca la realidad de la vida. Empezás a luchar por algo y cuando lo lograste, querés más u otra cosa.Música: Sandro o Los Iracundos.Cuadro de fútbol: Vélez. Mi papá era de Boca y mi mamá no tenía cuadro. Tenía dos hermanos de Boca y tres de River, entonces para quedar imparcial, me hice de Vélez. Además, cuando hacía el programa de Crazy en televisión, los chicos me preguntaban de qué cuadro era y para no quedar mal con nadie me hice de Vélez.
Actualmente está en pareja con Ana María. "Es un amor la gorda", así la define a su actual mujer. De todos modos, entre risas dice que planea "cambiar a su mujer por una mejor cuando asuma como intendente"."Trabajé como un perro"Desde los 12 años de edad, Gervasio "Crazy" Hernández dedicó su vida al trabajo. "Mi primer trabajo fue de vendedor ambulante. A los 12 años vendía jabones y peines para una supuesta institución de niñas huérfanas, que no existía. Con ese verso hacía plata".De adolescente, cuenta que tuvo varios empleos. "Tuve un trabajo, me peleé, me fui a una joyería que era de Jorge Yabrán, y después me fui al auxilio de "Guecho" Farabello.Gervasio recuerda su época en el auxilio mecánico como una de las más apasionantes. "Le compré un motor a Farabello y cuando me lo armó, no tenía plata para pagarlo. Al principio se enojó, pero me dejó que se lo pague con trabajo", recuerda."Pasó el tiempo y un día en el medio de la ruta, Guecho me dijo: 'bueno, andate caminando, porque el motor ya me lo pagaste, así que si querés seguir trabajando, decime cuánto querés cobrar'", cuenta entra risas y dice que "Guecho siempre fue medio loco y yo tampoco me quedaba atrás".También trabajó en los almacenes Maipú, propiedad de su padre y como viajante para un mayorista. "Después me fui a Buenos Aires, estuve un tiempo y cuando volví puse una pañalera con mi señora", relata entre mate y mate."En el año 88 empecé con la comisión del parque Unzué con un amigo, Omar Peretti. Formé 'Amigos del Parque Unzué'. Peretti puso su caballo y escribimos un reglamento".El amor por la naturaleza, se traduce en sus grandes esfuerzos realizados en el Parque Unzué. "Trabajamos como perros: llevamos el agua al parque con el doctor Romani y con Dri; hicimos el desmonte y pusimos el primer guardamonte. Cuando murió Peretti, otras gestiones siguieron avanzando en lo que nosotros habíamos hecho, pero deberían ponerle el nombre de él a una de las calles", cuenta con la mirada fija, con gesto melancólico.Desde hace 20 años, Gervasio trabaja en la Cooperativa Eléctrica, y según él, "tienen la suerte de tener el mejor empleado"."Yo ya gané las elecciones"El proyecto político TPG no era de Gervasio, era de Crazy, quien entre risas y llamados telefónicos, prometía "cambiar la historia" a todos sus oyentes. "Empezamos con bromas en la radio y la gente nos pedía que formemos un partido político". Finalmente, las propagandas políticas hechas en broma, se convirtieron en el sostén de la campaña de Gervasio."Hace como tres años empezó esta broma, y hacíamos versos de campaña como hacen todos, hicimos publicidades de campaña en broma y ahora las usamos en serio", confiesa mientras recibe a dos vecinas que se van a afiliar a su partido.Crazy recorre la ciudad en el "crazy móvil" -un Ford Falcon ploteado- y estaciona en la puerta de la Casa de la Cultura. Levanta sus brazos al cielo y grita: "vamos a cambiar la historia""Mi municipalidad va a funcionar en la Casa de la Cultura, porque es un lindo lugar para que esté tan vacío. El edificio es mucho más lindo", planea mientras recorre las instalaciones de calle 25 de mayo."Yo ya gané las elecciones porque me di el lujo de competir, de ingresar en la política y ver lo que en realidad se hace. Aprendí de leyes y me sirvió mucho", dice Gervasio, convencido de su victoria."Soy adicto a la radio"
Los días de Gervasio se dividen entre la actividad política, los hijos y la radio. "Es un vicio estar frente al micrófono"."¡Hola! Habla el intendente Hernández". Así se anuncia Gervasio cuando toma su celular y comienza a hacer llamadas.Luego sigue: "cuando me falte el micrófono... cuando tenés el vicio de la radio, yo soy adicto a la radio, porque además de gustarme, mi radio hace acción social, mi radio es para el pueblo".La pasión por la radio comenzó desde muy chico. Gervasio era un niño muy humilde y sus gustos ya estaban bien definidos. "Yo grababa todos los chusmeríos de las vecinas y después ponía unos parlantes en mi casa. Ya era medio loco de chiquito, cuando tenía 12 años era el Jorge Rial de mi barrio", dice mientras mueve su cabeza de lado a lado.Recuerda entre risas que "le hacía notas a las vecinas, y se armaban chusmeríos. Le hacia nota a una y le tiraba la lengua a la otra. Después pasaba las notas grabadas, hasta que empecé con los informativos".Las charlas con Crazy son desordenadas. Pasan de una broma a la seriedad, del pasado al presente, y de un tema a otro en apenas un segundo. Habla, ríe, y grita a los vecinos por la ventanilla del auto. Todos lo saludan, lo alientan, lo reconocen y él, devuelve con sonrisas y piropos a las mujeres."Adiós hermosa... qué gorda horrible" y larga una carcajada. "Hay que levantarle el ánimo a las mujeres. Cuando llegue a la casa le va a decir al marido: ´sabés que hoy me piropeó el intendente Hernández".Participó de la obra de teatro "El conventillo de la paloma". De su experiencia guarda un gran recuerdo en el pasillo de ingreso a su radio: una gran foto con todos sus compañeros a quien recuerda con alegría. Hizo televisión y en radio transmitió carreras de autos. Gervasio Hernández, un loco divertido, un soñador a lo grande, un niño que trabajó y un adulto que no quiere dejar de jugar.
Gervasio no está "Crazy"Me da bronca: Cuando veo que hablan muy lindo y después hacen otra cosa.Me hace feliz: Cuando digo las verdadesComida favorita: Papa rellena con pan, perejil y ajo. Esa comida me la hacía mi mamá.Película: "La maestrita de los obreros" con Luis Sandrini. Cuando éramos pobres mirábamos películas en el club Pueblo Nuevo. Éramos chicos y no había televisión, yo tenía diez años.Libro: "El angurriento" de Marcos Denevi porque marca la realidad de la vida. Empezás a luchar por algo y cuando lo lograste, querés más u otra cosa.Música: Sandro o Los Iracundos.Cuadro de fútbol: Vélez. Mi papá era de Boca y mi mamá no tenía cuadro. Tenía dos hermanos de Boca y tres de River, entonces para quedar imparcial, me hice de Vélez. Además, cuando hacía el programa de Crazy en televisión, los chicos me preguntaban de qué cuadro era y para no quedar mal con nadie me hice de Vélez.
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